|
En algún momento de la vida me decía que la historia de la humanidad es como una repetición de hechos y de similares parecidos, en cuanto a los rasgos humanos. Inclusive, entre los más notorios está el que tenemos con los animales que tienen algo en común con nosotros, como el carácter, la rebeldía, la docilidad, el temperamento, la altivez, la hiperactividad, el desorden y, de ahí, la razón, para que escojamos los que más se identifican con nosotros al momento de comprar mascotas.
Fíjense, por ejemplo, que hay perros que se parecen a los dueños. Por lo regular un gordo busca un bóxer, uno de pocas pulgas, un rottweiler, un consentido o consentida un french poodle. El Presidente de Venezuela, por ejemplo, me supongo que no necesita de mascotas, y más con la cantidad de espejos, dicen, que hay a su alrededor. Lo único admirable es que es un imitador profundo del Libertador Simón Bolívar. Pero en nada se parece. Bolívar era flaco y este es gordo. El uno es un pensador y Chávez un charlatán. Simón libertó América, Chávez desea esclavizarla. Ese es su gusto, y, desde luego, como todo en la vida, hay quienes para una noche de gala, se visten de carnaval, pero ya eso es culpa del mal gusto o la equivocada elección. Yo sostengo, que su parecido no es con Simón, sino con Nerón. Y su temperamento no es similar al de una paloma, sino al de un dragón, con las excusas anticipadas para los chinos, por el insulto. Volviendo a Nerón, este emperador de Roma, reinó y ofreció tranquilidad durante los primeros cinco años de su gobierno. El mismo periodo color de rosa que se vivió en Venezuela. Durante ese tiempo, a Nerón, se le recordó con admiración. Dicen que fue uno de los periodos de la Historia Romana en los que se estableció el protectorado sobre Armenia. Pero su ambición expansiva tenía otros alcances para seguir gobernando en otras latitudes diferentes a la de Roma. Eso es lo que trata de hacer hoy día Chávez. También la historia nos cuenta que pasados esos cinco años, el comandante Nerón empezó a convertirse en tirano (ya se comienza a acentuar la similitud). El Emperador incursionó en la adulación, como poeta, bailarín, deportista, músico, cantante, declamador, cuentista y hasta se dedicó a las francachelas y cuchipandas, que terminaban en celebraciones sociales silenciosamente pecaminosas. Esto último sería apresurado traerlo como parecido, mas sin embargo sus críticos le han deformado su perfil de hombre, para ridiculizar sus posturas, antes las payasadas y actuaciones de burdo dramaturgo con que suele salir intempestivamente en sus alocuciones de ‘Aló Presidente’. En su programa, como todos los que existen en Venezuela, porque ya le pertenecen al emperador, hace alarde a sus posturas, populistas. Y la verdad es que la tecnología de punta ha servido para sacarle también punta a las falencias del comandante Nerón, perdón Chávez, en que utilizando su rostro de bonachón, con un acento bien golpeado, agradable, ameno conversador y mete monos, el ingenio cibernauta le encarama unas faldas de color bolivariano con una que otra flor, con presunto olor a pachulí, y con un movimiento de caderas sugestivo, con aire de bailarina de prostíbulo, le baila la cumbia colombiana al mundo, como bailan sin sostén, sus movimientos ideológicos. Si a la era Nerón, cercana a la Apocalipsis, se dijo: quatour pour la fin du, o cuarteto para el fin de los tiempos, tendremos que decirle a Chávez, y hablando de animal: a cada puerco le llega su San Martín. Ya no vale la pena seguir argumentado, ni defendiéndonos de la ruptura de relaciones, cuando el propio Nerón, que transitó iguales caminos, en su locura encendió a Roma, solo falta que este, que parece una versión que en lugar de túnica, lleva un verde oliva, con pecho rojo, lo haga con Venezuela y a lo mejor, algunos de sus secuaces, opten por acostarse con el caballo, como lo hizo Calígula. Lo que sí sé es que no hay mal que dure cien años, ni Venezuela que lo resista.
|