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Muy grave que la solución para obtener la prestación eficiente de un servicio, se tenga que lograr por la vida de la represión, bien sea mediante el mecanismo de un paro o de una huelga. En la salud, para que entreguen las medicinas, o para lograr una intervención quirúrgica, que no esté en el pos, hay que recurrir a la tutela, y lo particular es que las gerencias de los servicios médicos, según dicen, hasta lo aconsejan.
Estamos pues en presencia de un modelo de país, muy particular, hasta diríamos que macondiano, de leyes de amplio espectro, que, como las medias única talla, sirven para todos los pies, acá sería para todos los casos, cosa peligrosa porque cualquier día de estos, nos tratarán de poner como camisa, la media con ese pretexto. El departamento de La Guajira está fastidiado de los cortes de luz, hasta dicen, que cuando alguien estornuda, el fluido se va. Y cuando no es por el mantenimiento, es por la lluvia o el rayo, o porque un gallinazo se posó sobre el cableado, o porque los vientos alisios soplan demasiado fuerte, o porque va a llover. En fin, hay una gran cantidad de razones, ninguna válida, para quitarle el fluido eléctrico al Departamento. Si a esto le sumamos, la tecnología sin punta que tienen, tenemos que llegar a la conclusión, que poco ha servido la privatización de la empresa de energía, para el servicio eficiente y beneficio de los ciudadanos, y mucho tal vez sí, para los intereses de los socios. Si cada vez que tengan que hacer mantenimiento hay que poner a oscuras la ciudad, es un síntoma: primero, de desconsideración, segundo de atropello contra los intereses del comercio y, tercero, se podría estimar en la mente sutil y ágil, que adorna nuestra malicia indígena, que un día sin luz, es como plata en banco mientras hace el canje. Se ganan intereses que en proporciones grandes es bastante dinero. En otros países los mantenimientos los hacen en caliente, y eso es así porque la tecnología que tienen es moderna, y el concepto de la equidad y el respeto al conglomerado está bien definido. ¿Por qué entonces obstaculizan las vías, si los medios de transportes no tienen la culpa? Sencillamente, porque es la única manera de hacerse sentir, y como la energía lo mueve todo, hay que poner el dedo donde más duele. Nos preguntamos: ¿qué pasa con el usuario que no paga a tiempo? A ese, antes que cante el gallo, le tiene al operador con tijera en mano, para cortar el servicio, y luego en el volante de cobro, aparece un costo por reconexión. Es decir, la empresa nunca pierde, el usuario siempre es el castigado. Y, cuando ahorra luz, se viene el inspector para ver si el ahorro es fraude. En otras palabras, “la santidad de Electricaribe” lo ubica por encima del bien y el mal, mientras que nosotros el pueblo, el usuario, hacemos parte del rebaño grande de ovejas negras. Llegará el día en que se dará el grito del no pago, y será otro capítulo desagradable que se registrará como consecuencia del Bicentenario de la Independencia. Lo más sano es evitar que el cansancio y el desgaste generados por el abuso en la prestación del servicio continúe. Si el servicio se paga, se debe tener. Solo en casos fortuitos, es aceptable la carencia del mismo.
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