El deschavetamiento de Chávez PDF Imprimir E-mail
Lunes, 26 de Julio de 2010 05:00

Colombia ha demostrado hasta la saciedad, que en el territorio venezolano se refugian  todos los terroristas de las  Farc, y los del ELN que le huyen a la persecución que hacen las fuerzas armadas y de Policía, a lo que queda de esas reducidas corrientes armadas.

¿Qué otra cosa se puede pensar de una manifiesta aceptación y complicidad con la que Chávez ha aceptado la permanencia en todos los órdenes, de estos terroristas? ¿Cómo pretenden los amigables componedores de oficio, del conflicto Venezuela y Colombia, a quienes le admiramos la papal prudencia de aconsejar para seguir insistiendo en busca de un diálogo, cuando Chávez no tiene ni la menor idea de lo que es el lenguaje de la diplomacia? El doctor Augusto Ramírez Ocampo, ex canciller de Colombia, mientras de una  parte dice que “no se puede judicializar la diplomacia” de otra, parece judicializar sí al presidente Uribe. Sugerir “que lo mejor que puede ocurrir en este momento es que este gobierno no haga más nada y espere la llegada del próximo presidente, ya que ha señalado unos propósitos muy firmes”, es culpar de la crisis a Uribe, y lo peor es que lo descalifica. Pero más penoso aun es que se dé por vencido... ¿Es que no ha sido firme la defensa de los argumentos de Uribe, dignas de un gobierno que no se ha dejado echar vainas del terrorismo, ni de sus simpatizantes, ni de la oposición suelta e interesada en pescar en río revuelto?  ¿Qué tal si Chávez nos sorprende con una de esas dudosas posturas, que asume con frecuencia, e inspiradas en barbaridades, en las que haya necesidad de tomar decisiones. ¿Hay que asumir una posición evasiva? Decir: yo no respondo, que lo haga el otro gobierno, eso es inaceptable... Uribe está ahí, hasta el siete de agosto y hasta ese día nos debe responder y hasta ese día tiene autoridad, mando, jerarquía y jurisdicción para intervenir en cualquier lugar y situación donde lo requiera  Colombia. Si se equivoca, la historia se lo recordará. Una de las cosas que ha debilitado las bases de nuestros principios, es precisamente la gran tendencia a la claudicación. Siempre la palabra cálculo juega el gran papel de interés previo y posterior. Que el gobierno de Venezuela nos eche agua sucia, no importa, hay que decir en honor a la sumisión: recuerda que si nos enfrentamos, no vendemos, no exportamos. Con ese argumento, tan generoso  para  defender “nuestros intereses económicos”, pero mezquino para el fortalecimiento y crecimiento moral, ¿pretendemos conquistar unas relaciones que necesariamente tienen que estar maltrechas, porque al otro lado del patio trasero de nuestra vecindad, se cocina la preparatoria del gran asalto a la democracia? Estas posturas son de gallina, ante un Chávez que no tiene nada de gallo. ¿Esa es la mayor preocupación, recobrar la relación comercial, que es el mayor interés? Si las relaciones comerciales estuvieran en su mejor clima, independiente de las de los dos gobiernos en crisis, casi que aseguraríamos que poco interés hubiera revestido el asunto. Se estaría diciendo, ese problema no es nuestro. No se crea que claudicar es solo un mal de Colombia, no, eso ha hecho carrera en el mundo de la globalización. Las crisis traen  cosas mejores, como por ejemplo buscar otros mercados, otros socios y tocar otras puertas. En relación con la propuesta del Dr. Augusto Ramírez Ocampo, de esperar la llegada de Santos para que se arregle la situación, bien podría decir Santos si  fracasa, que esperemos la salida de Chávez, para que se restablezca. Se crea una nueva modalidad política entonces: El facilismo espantoso.

 

 

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