Editor Diario del Norte

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Vencido el periodo de inscripción de las diferentes listas de aspirante al Congreso de la República, podemos decir que “la suerte está echada” para elegir a los congresistas el próximo 11 de marzo de 2018 e inicien un nuevo periodo constitucional. Una vez conocido quienes integran las listas a Cámara de Representantes por La Guajira, comienza a generar malestar entre los militantes de los partidos Liberal y Conservador, querella que políticamente podría significar como el preludio de una desbanda de militantes que buscan refugio en otras toldas. Dicho de otra forma, quienes hoy dicen no estar de acuerdo con los candidatos de su partido, también buscan un boleto para quedar libre y poder apoyar otras candidaturas.
Era de esperarse. Cíclicamente cada 4 años para esta temporada de inscripción quienes argumentan no estar representado en un candidato que integra la lista a la Cámara de Representante, generan este tipo de situaciones, mientras que quienes no hacemos parte de las esferas políticas, tenemos calificativos deshonrosos contra quienes abandonan el barco antes del encallamiento.
Algunos liberales de La Guajira han mostrado su inconformismo por la escogencia de los tres nombres que integran la terna a la Cámara de Representantes, descalificando desde ya a José Durán, Ovidio Mejía y ‘Chacho’ Brito y adicionalmente a ellos con pertinentes o impertinentes comentarios que sostienen que el Partido Liberal está bajo el mando de una familia en La Guajira. Se refieren a Antenor Durán Carrillo, representado en el directorio departamental por la diputada Astrid Ariza, su esposa, mientras que la tridente lista a la Cámara por la misma colectividad la conforman dos familiares de Antenor.
En las toldas conservadoras, los vientos de inconformidad soplan fuerte desde Manaure. El ingreso de ‘Tina’ Soto y Heriberto Ibarra alteró la tranquilidad de los conservadores en donde muchos aseguran que ellos no han militado en la tolda azul. Los ‘godos’ llevan dos candidatos al senado de la cual muchos dudas de sus militancia conservadoras, mas no de sus orígenes porque tratándose de Jaime Luis Lacouture al senado y Hugues Lacouture a la Cámara, sus familias como tal han militado en el partido en años, en la cual han salido gobernadores, ministros, viceministro así como otros cargos a esferas nacional.
Este es un galimatías político, pero al final en el camino se enderezan las cargas y si en verdad cada uno de estos partidos cuenta con verdaderos líderes, deberán alinear a quienes quieren engrosar las filas de los desertores. Amalaya no están vivos Eduardo Abuchaibe Ochoa y Nelson Amaya Arregoces, líderes innatos de la política de nuestro Departamento.

Los carnavales de Riohacha, son de esas tradiciones que se siguen conservando y que muestran parte de la cultura de la capital de La Guajira, en medio de serias dificultades económicas, de organización y de inseguridad.
Los carnavales de este año mostraron una gran debilidad económica, que no se sintió por la alegría desbordante que mostró su reina central, acompañada de la infantil, quienes lograron cumplir con todas las actividades definidas en la programación.
Al asumir la nueva alcaldesa en calidad de encargada, Isseth Tatiana Barros Brito, encontró una alta deuda económica con varias organizaciones que trabajan alrededor del carnaval, que aún no ha sido saldada en su totalidad, y que pone en aprietos las actividades del 2018.
Algunos conocedores de la materia plantean que se suspendan los carnavales para el próximo año, para que el Distrito busque la mejor salida a la crisis que se vive actualmente y que se traduce en falta de recursos económicos, organizaciones que no se ponen de acuerdo para trabajar unidas, la falta de apoyo de la empresa privada, las comparsas que cada año son menos, los grupos folclóricos que no se muestran, la actitud amenazante de un grupo de desadaptados que atentan contra los desfiles, la poca llegada a los barrios populares, amén de otras dificultades que ponen en riesgo la fiesta del dios momo.
Es hora de hacer un alto en el camino, y dejar a un lado las altas pasiones de quienes con justa razón trabajan para que los carnavales se sigan desarrollando, a quienes no se les debe olvidar que es una fiesta que deben disfrutar todos los habitantes de la ciudad, y que urgentemente necesita una reingeniería para poder mostrar un espectáculo diferente digno de una capital como Riohacha.
La administración Distrital no puede hacerse el indiferente frente a lo que está pasando con esta actividad cultural de la ciudad, es grave por donde se le mire, y por tanto necesita de soluciones de fondo sin desconocer el trabajo de todas esas organizaciones que la mantienen empeñando lo que no tienen para financiar las actividades, eso no puede seguir sucediendo, porque son malas prácticas que ponen en riesgo la tradición.
La alcaldesa encargada tiene la palabra, porque tiene pleno conocimiento de lo que sucede alrededor de los carnavales, por tanto la decisión que tome debe ser respetada porque para ello ejerce autoridad, no es sano hacer lo de siempre ordenar la fiesta sin que se entreguen los recursos necesarios a tiempo a las diferentes organizaciones, porque de lo contrario es repetir la historia, prestar plata al interés para pagar después, no es bueno seguir con esas malas prácticas, es indispensable poner orden a esta actividad cultural que se sigue manteniendo en el tiempo.

Haciendo un parangón entre la historicidad de la matanza de los inocentes protagonizada por el Rey Herodes ‘El Grande’, narrada en el evangelio de Mateo y los corruptores de menores que llegan a las puertas de los colegios a envenenar a los inocentes, obligándolos a consumir narcóticos para convertirlos en drogadictos y luego en expendedores, pareciera que estuviéramos en las postrimerías de la hecatombe de una sociedad que cada día que pasa se corrompe más y busca su propia destrucción.
No nos podemos refugiar en que esto es cíclico, o que la historia se repite en manifestaciones modernas, pero si podemos decir que quienes integramos y queremos a una sociedad libre de contaminación y autodestrucción, debemos rechazar a los corruptores de menores y jóvenes, así como el apaciguamiento de las autoridades en torno a un tema que no le están prestando atención y se refiere a los comercializadores de narcóticos que se están tomando las puertas de los colegios y sitios de diversión de los jóvenes para inducirlos en la adición del consumo de galletas y dulces, hechos a base de narcóticos.
Teníamos la equivocada creencia que lo último a lo que acudirían los comercializadores de drogas era al candor de la ingenuidad de un niño en edad de crecimiento o de un joven, ya que la drogadicción era un tema de adultos o de quienes habían pasado la barrera de los 18 años, pero no. Los delincuentes quieren llevar a nuestros niños y jóvenes a la euforia forzada con alteraciones perceptivas, colocando a nuestros menores en los potenciales consumidores de sustancias citotóxicas que envenenan a nuestra sociedad.
Nuestros niños y jóvenes están en alto riesgo ante el inminente peligro que existe en las puertas de los colegios y sitios de distracción, sin distingo de clase social, antes por el contrario, entre más ‘clasudo’ sea la víctima, el riesgo es mayoritario por la facilidad de un menor en llevar cualquier clase de dinero que los padres entregan ante la falta de afecto o amparado en la crianza moderna disipada del manual de Carreño, la misma que le enseñaban en los colegios y ponían en práctica en la casa con lecciones y consejos de cómo deberían comportarse las personas en lugares públicos y privados tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo.
Señores, hay droga en cada esquina de las ciudades, en la puerta de los colegios y lugares en donde un padre de familia no se alcanza a imaginar. Mientras los padres de familias nos entretenemos en circunstancias ajenas al criado de nuestros hijos, la tecnología nos sumerge en la adicción del modernismo, los delincuentes buscan el asecho de nuestros hijos, nietos y familiares menores de edad y jóvenes para convertirlos a toda costa en grandes consumidores de alucinógenos.