Entró con las botas puestas

Editorial
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Literalmente a la nueva gobernadora encargada de La Guajira, Tania Buitrago González, le tocó cambiar los tacones de la posesión para ponerse las botas dieléctricas, con el fin de poder aislar los corrientazos que dejó la administración de Weildler Guerra Curvelo en torno a la parálisis que adelantaron los propietarios y trabajadores de las estaciones de servicio, quienes protagonizaron un bloqueo en contra de los vendedores ilegales de gasolina que no cancelan impuestos, no pagan trabajadores y mucho menos cuentan con logística.
Además de ellos, la parálisis del Hospital Nuestra Señora de los Remedios de Riohacha, liderada por los trabajadores de nómina así como los que cumplen su labor con órdenes de servicio, quienes reclamaron el pago oportuno de sus salarios.
Lo dijo Ariel López, líder de la protesta, “no había una autoridad civil que nos escuchara nuestra queja”. Es allí donde nos preguntamos: ¿Qué hizo el secretario de Gobierno de La Guajira con los organizadores del bloqueo en la frontera, previo a la posesión de la nueva encargada? Eso lo debe responder el gobernador encargado saliente.
La competencia desleal y el precio del combustible en La Guajira, que constantemente fluctúa, versus el que viene legalmente de Venezuela para ser distribuido en el Departamento, deja de ser rentable para quienes tienen la infraestructura de una estación de servicios, cuyos precios se encuentran muy similar a otras regiones del país diferentes a esta zona.
Mientras tanto, los ‘pimpineros’ no pagan empleados, no se someten a la ley y no cancelan impuestos, venden la gasolina mucho más barata, tipificado para los dueños de ‘bombas’ como una competencia desleal.
La salud en Riohacha, Tania la encontró paralizada debido al justo reclamo de los trabajadores de esta rama, quienes pedían el pago de sus salarios, en donde en vez de existir un entendimiento con los séquitos de Guerra Curvelo, lo que hubo fue un distanciamiento entre quienes reclaman y lo que deben solucionar la queja. Paradójico, quienes reclamaban el pago de sus salarios, le dieron el certificado de honor al gobernador saliente.
Tania tuvo que ponerse el delantal para freír bien los chicharrones que dejó la administración Guerra Curvelo en donde, a propósito, muchos de sus funcionarios aprovechándose de la generosidad de Weildler lo que hicieron fue engordar la nómina con resultados negativos en donde hubo más protocolo que hechos fehacientes y funcionarios que cuando estaban sin el cargo hacían alarde de sus antecedentes revolucionarios criticando a lo que no hacían nada, pero que ellos tampoco nada hicieron en el cuarto de hora que les dieron.
El bacalao se echó al hombro el gobernador saliente, mientras que sus colaboradores más cercanos pasaron con más penas que gloria.