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¿Seremos capaces los colombianos de pasar la página de la administración pasada, sin que haya por ahí uno que otro pendenciero, que se dedique a buscar como tema de inspiración y para lo que falta del año, todas las falencias y hasta los pormenores de la intimidad de Uribe y familia, para saciarse como la gula ciega de perro hambriento, de todo lo que le digan, oiga o se le ocurra imaginar? Ya por ahí, están diciendo que al ex Presidente debe seguir llamándosele
Presidente, con lo cual, indirectamente, se le echa vainas al actual. Y dentro de la misma dosis crítica, se dice que más que por méritos es por caridad, para encrespar los ánimos de Uribe. Ahí está el principio generador de violencia, echarle leña al fuego. El país lo que necesita es que la gente ayude a salir adelante, y no que se vuelva una mazamorra de críticas que pueden desconcertar la opinión pública, y quién quita, hasta esfumar las esperanzas, que es el mejor horizonte referencial para continuar. El presidente Santos, como así lo han hecho muchos presidentes entrantes, siempre hasta por elemental cortesía, comentará algunas determinaciones de gobierno, para oír el criterio de quien experimentó, acertó o se equivocó en algunas determinaciones, y consultarlas, es una forma inteligente y prudente para no caer en el mismo error, o para no perder el acierto. Eso no significa que sea un gobierno dirigido detrás de bastidores, no, eso es precaución, prudencia, tino y hasta una buena estrategia podría ser. El país debe madurar buscando los puntos de equilibrio emocional, que tanto daño le han hecho a todas las administraciones públicas nacionales y regionales. Recordamos haber escuchado la frase popular que dice: “Déjalo, que a todo puerco le llega su San Martín”, refiriéndose a la pérdida de una curul. O, “cuando yo llegue, no quedará títere con cabeza”. Con lo cual se anuncia la ley del desquite. Estas posiciones son producto de la inmadurez y de la falta de responsabilidad. Es que lo que está entre las manos no son los intereses particulares de cada quien, es el destino de la Nación, del Departamento, del Municipio o de los distritos. El grado de irresponsabilidad es tal, que se utilizan los cargos públicos o los escenarios del poder en cualquiera de las ramas, como trinchera para disparar o para refugiarse. Esas posiciones irresponsables es lo que nos distrae de los compromisos serios que deben cumplir todos los funcionarios públicos. Ayudemos a Santos, con lealtad, con sentido patriótico, naturalmente, que la ayuda no traduce connivencia con el error, con la inmoralidad o con la corrupción. Hagamos oposición reflexiva y no compulsiva, que es la que se genera como una consecuencia de un estado de ánimo, el que no siempre está en su mejor punto para determinar. Ahora que Santos se reúne con Chávez, dejemos que directamente sea nuestro mandatario el que lime las asperezas. Si no hubo entendimiento o química con Uribe, pues ya pasó, y eso es otra parte de la historia. Ahora es la nueva que comienza a escribirse, y en esta como en la anterior, estará de alguna u otra forma parte de nuestra intervención, o bien con la aquiescencia o con el rechazo. Considerando que Santos es más flemático que sanguíneo, es posible que esta virtud le sirva de paraguas para evitar la lluvia de impertinencias con las que suelen disparar los pendencieros de Colombia. Ahora lo que necesitamos es continuar hacia el éxito, de la mano de los principios y del temor a Dios.
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