Vida y obra de un trovador villanuevero PDF Imprimir E-mail
Jueves, 12 de Agosto de 2010 05:00

En un lugar bendecido por el respeto y las buenas costumbres heredadas de sus progenitores, nació Jesualdo Fernández Valverde, consagrado cantautor polifacético. Afrodescendiente de una de las más representativas  familias de músicos de nuestra Región Caribe. Apreciado por sus conciudadanos por su don de gente. Afirmativamente solidario. Felizmente casado con la distinguida dama Sara Rodríguez.

Se inició como intérprete y compositor al lado del acordeonero Antonio ‘Chongo’ Rivera cuando conformaron la agrupación musical ‘Los caratesas del vallenato’, quienes en su poética trashumancia amenizaban bailes y parrandas en nuestros mitológicos y tradicionales pueblos circunvecinos. Estudioso y respetuoso de nuestras apergaminadas tradiciones. Durante sus años de estudiante en el colegio nacional Roque de Alba, era consuetudinaria su presentación en los centros literarios, puesto que ya afloraba la vena estrictamente musical cuando interpretaba las canciones de autores ya reconocidos en el universo de la vallenatologia. Experiencia que más tarde daría sus consabidos frutos. Lo único altaneramente ejemplarizante que subsiste inquebrantablemente… superando la llama sulfúrica del tedio y de los odios luzbélicos de la incomprensión humana. Buen hijo y potencialmente enamorado de su pueblo. En Jesualdo viven tres pasiones que fundamentan la trinidad de su razón de vivir. El amor hacia el prójimo sin distingo alguno; la parranda y el trabajo reverencialmente honesto. En sus buenos tiempos también se destacó como una promisoria figura del fútbol, integrando un equipo llamado ‘Botafogo’, allí jugaba de puntero izquierdo, llamado a integrar la Selección Guajira, ilusión que no pudo cristalizar por inconvenientes de salud. Compositor de sobrados méritos de su copiosa producción, se destacan ‘Jilgueros de mi pueblo’, llevada a la discografía nacional por Freddy Peralta y Emilio Oviedo; ‘Mi buen corazón’, ejecutada magistralmente por Pacho Rivera y Alfredo Celedón; ‘Morena encantadora’, ejecutada por William Díaz y José ‘El rey’ Bolaños (Q.E.P.D); ‘Amañadora y el chusaleco’, éxitos respectivos en la altisonante voz de Freddy Andrade y Elberto Lopez (Q.E.P.D); ‘La ausente’, canción ranchera, grabada por el rey del sentimiento Darío Gómez. Elegido miembro de jurado en las distintas interdisciplinares durante la realización del Festival Cuna de Acordeones; presidente honorario de la Fundación Amigos del Recuerdo, entidad filantrópica que cada año otorga un pergamino de honor al personaje que ha prestado meritorios servicios a nuestra folclórica y hospitalaria Villanueva; abogado egresado de la Universidad Antonio Nariño; especializado en derecho administrativo de la Universidad Externado de Colombia, extensión Valledupar. En la actualidad se desempeña como notario constituyéndose en el más joven que ocupa esta benemérita posición en nuestro país. Recientemente fue galardonado por su meritocracia como uno de los ocho notarios condecorados con la cruz orden al mérito, concedida por la unión colegiada del notariado colombiano; programación académica que se realizó en el centro de convenciones del Hotel Almirante Real de Cartagena, capacitación notarial que contó con la asistencia de todos los notarios de la geografía nacional y representante de otras naciones de América. Cuando la nostalgia lo aprisiona, empecinadamente saca fuerzas y desempolva como de un viejo baúl los recuerdos para manifestar entre nostálgico y soñador “nuestras costumbres tienden a desaparecer”. Sería bueno que se rescatara la colita y la cumbiamba. Para mí los mejores intérpretes del vallenato son Luis Enrique Martínez, Los Hermanos Zuleta y Alfredo Gutiérrez. En su apreciación personal siente profunda admiración por compositores de la categoría de Rosendo Romero, Leandro Diaz y Gustavo Gutiérrez. Con el dedo sentenciador, altaneramente sostiene que los compositores se han comercializado. Se han vuelto vacíos, ya no hay sentimiento…falta mucho amor a las cosas bellas y pueblerinas. Hay que dignificar a la mujer, ya que ellas son la flor de nuestra inspiración. Para mí no hay como una buena parranda, acompañada de un suculento sancocho, puesto sobre “un fogón tacanero”, al amparo de una hermosa luna llena, allí se vive y se recuerda con más intensidad al amigo, pero también se recuerda y se añora la partida temprana de algún juglar muerto trágicamente y es allí donde se aprende a querer más la vida a través de la parranda por encima de cualquier otro sentimiento…

 

 

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