Reina, rumbo al cielo PDF Imprimir E-mail
Viernes, 13 de Agosto de 2010 05:00

Se nos fue Ilva, una bella joven de apenas trece años, que prestó su nombre y figura, para representar a nuestro departamento  de  La Guajira en el reinado infantil: Miss Niña Colombia. Independientemente, de cuáles  hayan sido las causas de su muerte, es para nosotros un fuerte golpe al sentimiento, porque ya ni los niños tienen derecho a ser felices.

Morir y nacer son dos términos o palabras de fácil pronunciación, que están codificados en la existencia de nuestra mente, y que deben estimarse, como el más precioso don que Dios nos legó, para coadyuvar al proceso de crecimiento y equilibrio de la multiplicación de la especie. Pero son dos pasos que nos deben generar alegría y tristeza, si están precedidos por sus causas naturales. Nacer es sinónimo de felicidad. Es nada menos y nada más, que el producto del encuentro de dos sueños envueltos en miles de esperanzas y proyectos de futuro, que se van despejando con el trascurrir de los días. Y morir es el resultado de una vida, con sus penas y sus glorias, con la que también se gana la vida eterna,  como la recompensa al  sano recorrido. No sabemos  por qué se nos fue Ilva, solo en la conciencia del artífice de su partida, está la respuesta fidedigna. Tampoco sabemos quien haya tomado la determinación de apartarla del mundo terrenal, pero el que lo hizo, ahora debe tener en su interior un infierno de remordimientos, que  jamás  lo dejarán vivir en paz,  bien sea causante directo o indirecto de su muerte. La más digna actitud sería entregarse para que la justicia lo juzgue. Del mismo modo como el dardo penetró su bello corazón para segarle su vida y frustrarle sus anhelos de reina, que ya lo era sin necesidad de oficializar ese título, porque cada mujer nace con ese bello trono y corona, por el solo hecho de ser mujer, ese dardo se convertirá en una espina que trajinará la conciencia de quien o quienes hayan sido causantes de su temprana partida. Decíamos en otro momento, no muy distante del editorial de hoy, que da tristeza que los padres sean quienes tengan que conducir el féretro de sus hijos hasta el cementerio, cuando lo correcto es que sea lo contrario. No vamos a pedirles a las autoridades su diligencia para esclarecer este, como los otros hechos similares al que hoy nos ocupa, porque además de ser ese el deber que les asiste, ya  nos hemos cansado de hablar de la seguridad, como también de la ola de sicariato, y hasta pedimos la intervención de Uribe en su momento y no hace menos de dos días  lo hicimos con el nuevo presidente, Dr. Juan Manuel Santos, sin que hasta el momento, se haya sentido respuesta alguna, o control  vehemente de la autoridad para llevar a la cárcel a los generadores de angustia, terror y crimen. A los padres de la joven reina, expresamos nuestras sentidas condolencias, y que el dolor que sienten y que sentimos, nos identifique para honrar la memoria de Ilva, que en más de una vez, seguramente, también pensó ser madre y deseó ser feliz como deben serlo todos los niños que llegan al mundo. A los padres, incluyéndonos nosotros, recomendamos practicar la  comunicación, tolerancia, respeto al interior  y fuera del hogar, para que la pedagogía de casa esté basada en altos principios de las buenas costumbres y especialmente en el temor a Dios, como principio de sabiduría. Solo bendiciones y resignación en estos momentos  de tristeza, les desea el Diario del Norte, sus directivos en La Guajira y  Barranquilla, donde queda la sede principal.

 

 

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