Un mal síntoma PDF Imprimir E-mail
Martes, 17 de Agosto de 2010 05:00
Ladra, luego está vivo. Pero ya no muerde, ¡solo, son dientes! Pero tiene boca. Pensamiento de un optimismo moderado. Gove.

La bomba puesta por los terroristas en las instalaciones del edificio donde está ubicado Caracol Radio confirma, una vez más, que ese grupo no desea la paz. Nunca la ha deseado, ellos solo anhelan el poder por cualquier medio, menos por el cauce de la paz democrática. Así las cosas, estamos obligados a continuar las tesis del ex presidente Uribe, comenzando por aquella parte vital de la culebra, como es la cabeza, porque si esta no se machaca, hace más daño que de cuerpo entero. En otra ciudad del interior, también estalló otra de menor poder, con lo cual se está tratando de sembrar el pánico entre la comunidad, seguramente, para prender las alarmas del terror, lo que hace que se concentre la atención en los puntos vitales del siniestro y así aprovechar para desplazarse a otros espacios porque se sienten reducidos y casi que liquidados.
O para mostrar vigencia. Decimos que es un mal síntoma, porque pese a que los terroristas conocen el pensamiento de Santos en estos menesteres, por lo menos por cálculo, bien hubieran podido esperar un poco, para ver con exactitud, cómo se desarrolla el gobierno en este aspecto. Pero lo ocurrido con la bomba es un mal presagio, funesto anuncio intimidante y una estrategia usual del terrorismo, al mismo tiempo. El nuevo Ministro de Defensa ha invitado a la ciudadanía a que denuncie y se vuelvan observadores. Eso es cierto y esa es la táctica empleada por Uribe, que debemos seguir, para evitar llevar al traste ocho años de confrontaciones, de arrestos y bajas con éxito, cosa que nos ha permitido mermar la fuerza del terrorismo y haber recobrado la soberanía nacional en manos de estos delincuentes que estaban abriendo gobierno y leyes a su acomodo. Colombia confía en el presidente Santos, y estamos seguros que este atrevimiento bélico contra la población civil, les va a costar mucho más caro, porque esto generará la aceleración de la ofensiva oficial, que desde ya debe implementarse, para seguirlos mermando. Una de las preocupaciones que hemos venido planteando, a través de este espacio editorial, es que se urbanice el conflicto armado, debido a las penurias que hoy pasan los subversivos, y que de no encontrar refugio en los países vecinos, como así esperamos después de los acontecimientos de Santa Marta, estarían obligados a camuflarse en las ciudades, cosa que haría el daño más grande porque ahí sí se acaba la confianza inversionista, se acaba el comercio, se acaba todo, y nada extraño sería que entre las tácticas, esté el sicariato, y los hechos aislados sean el comienzo de un fermento, que se está preparando para dar una sorpresa, que no puede ser pequeña, debe ser muy grande para que el caos surta efecto. La ciudadanía tiene en sus manos, buena parte de la solución para reducir el accionar de estos delincuentes. 30 millones de ojos tienen que hacer un efecto más positivo que negativo, y si es lo contrario, entonces salgamos de nuestras casas y negocios y vayámonos para donde el vecino, o amarrémonos una soga al cuello y nos lanzamos al mar. Pero no compartimos el que no se paguen recompensas. Todavía hace falta mucho, para que el valor civil sea superior a las recompensas. Pero allá llegaremos. Acompañamos al colega y amigo Darío Arismendi en este lamentable mal rato, al igual que a todo su equipo de trabajo.
 

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