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El Congreso de la República en su habitual ceremonia de instalación del nuevo periodo, y en la fecha acostumbrada y gloriosa del 20 de julio, eligió como presidente del Senado al barranquillero perteneciente a la ‘U’, Dr. Armando Benedetti, y como presidente de la Cámara de Representantes, al Dr. Carlos Alberto Zuluaga, conservador antioqueño.
Se producen ambas elecciones en forma unánime, lo que refleja un buen síntoma de armonía inicial, que ojalá, para los efectos de trabajar por la Patria y sus clases más necesitadas, sirva de efectivo combustible para alcanzar propósitos sanos. Han sido cuatro años en que el Congreso de Colombia había estado en entredicho debido a los vínculos que algunos congresistas tuvieron con grupos paramilitares, y se dice, que los hay también como defensores de la guerrilla. Todas estas insólitas actuaciones, que genera la ambición política desmedida, han traído consecuencias funestas, que le restan entidad a la corporación legislativa de la Nación, con inmensos costos morales, difícilmente de recuperar por la simple vía de la cárcel como condena. De tal manera, que si no se le agregan otros ingredientes superiores al pago del ilícito, que enaltezcan la dignidad de la Patria, como por ejemplo abanderar una gran campaña de restauración moral a todo costo y en todos los niveles, cueste lo que cueste, será poca la incidencia que tengan los nuevos elegidos en la recuperación de su prestigio. Es cierto que hay congresistas que merecen que se les llame como tal, y la irresponsabilidad de unos pocos no debiera manchar los restantes, pero infortunadamente el juzgamiento que del comportamiento humano hace el común denominador, que es pueblo, no establece selección de juicios, y en cambio, sí sindica al Congreso en general y lo condena a pagar con el señalamiento de la mala fama. Con el término: todos son corruptos, se cierra el telón del comentario, fama que vuela de boca en boca, haciendo el mismo efecto dañino del humo de un cigarrillo en un recinto cerrado, en que el que no fuma, se traga el humo ajeno. Armando Benedetti, a quien conocemos perfectamente, y de quien podemos afirmar aprendió de su padre la capacidad de análisis y su proyección creativa, heredó de ese excelente escritor y periodista, que durante muchos años nos deleitó con sus artículos publicados en El Tiempo, la gran habilidad que genera una rápida inteligencia para obtener resultados y lograr espacios. Esa razón nos regala el optimismo para pensar que la Región Caribe tendrá un efectivo exponente que luchará por sacar avante todos los proyectos que puedan serle útil a toda la Costa. Su llegada a la presidencia no puede estar en la sombra, debe resplandecer de tal manera que la luz y la alegría del costeño sean sinónimo de inteligencia, acompañada de una sumatoria de valores que nos deben hacer diferentes. Armando Junior tiene un recorrido en la vida, que, al parecer, ha sabido capitalizar, y esperamos siga capitalizando, mediante propuestas de proyectos que no contraríen el orden natural de la vida, antes sí, buscando el equilibrio para que no existan diferencias, pero entre la opulencia y la miseria. Estamos seguros de que va a lograr una buena gestión. De otra parte, al Dr. Carlos Alberto Zuluaga, presidente de la Cámara de Representantes, conservador, le abonamos y le admiramos su ecuanimidad, y sus análisis serios alrededor de los diferentes temas de la política nacional. Siempre se ha destacado por el carácter recio y firme de sus compromisos sin claudicar a ellos por conveniencias políticas. No dudamos que como buen antioqueño, su labor será de panorámica apreciación para la gestión nacional, pero estará marcada por su preferencia por la tierra que lo vio nacer, y eso debe ser así, por ello, esperamos que el Dr. Benedetti antioqueñice su balanza, y haga lo mismo con Atlántico, La Guajira, Cesar, Bolívar, es decir, la Costa. Dios permita que este nuevo cuatrienio que comienza el Congreso esté exento de polillas.
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