El arte de la paz

El dictador e ilegítimo presidente de la nación hermana de Venezuela está cada día dando de qué hablar en relación a un ataque al pueblo colombiano y segundo por la compra una serie de armas peligrosas de alto alcance e impacto destructor. Lo primero, cuando afirmó que a Colombia solo bastaba destruir los puentes viales sobre el río Magdalena y quedaba inservible y dividida en dos. Y, lo segundo, por un informe de la Revista Semana donde por una investigación periodística nos damos cuenta y por enterados que estamos al borde de una guerra provocada por este líder del caos.

Así las cosas, quiero referirme a un excelente libro que alguna vez me obsequió mi amigo Yamil Alberto Mosquera Córdoba, magister en administración de Empresas y docente universitario que va por la vida colocando a leer a sus alumnos para luego exigirles un ensayo para debatirlo a saciedad: El Arte de la Guerra, el mejor libro de estrategia de todos los tiempos pues se afirma que inspiró a grandes personajes que dedicaron su vida a vivir en constante conflicto bélico: Napoleón, Simón Bolívar, Maquiavelo.

Se escribió hace más de 25 siglos y afirmó su autor que el que esté a cargo del Ejército, lo está de la vida de los habitantes del país y de la seguridad de la nación. El verdadero artista de la guerra vence a otros sin batalla, conquista sin asediar, destruye a otros ejércitos en poco tiempo. Un verdadero estratega, le corta suministros, le desase alianzas y les daña los planes a los enemigos sin necesidad de luchar logrando una victoria completa: Esta es la ley del asedio estratégico.  Quiso decir que los generales del ejército están por el pueblo y para el pueblo. Por ellos el pueblo es débil o fuerte.

El general Tzu hace referencia a que los que cultivan las armas respetando las leyes pueden gobernar prevaleciendo sobre los corruptos, se pueden servir de la armonía para enaltecer a la oposición, no atacan a un pueblo pacífico, no toman prisioneros, no talan los arboles o contaminan los pozos y no repiten los errores de una pasada y prolongada guerra fracasada.

De hecho, nada está fijado en el desarrollo de la guerra, esta se desarrolla sobre la base del ímpetu. Los buenos generales buscan la efectividad en la batalla a partir de la fuerza del ímpetu y no dependen solo de la fuerza bruta de sus soldados. Escogen a la mejor gente, los capacitan adecuadamente para lograr sus objetivos con entusiasmo, convicción, orden, organización, recursos, compromiso. De esto obtiene habilidades, capacidades y entrega de sus soldados. Así puede obtener gente valiente que pueden luchar, cuidadosos que pueden ser centinelas e inteligentes que pueden estudiar, analizar y llevar estadísticas: cada cual es útil y es el líder el que los detecta y los coloca en su adecuado sitio.