Regreso a la presencialidad y el riesgo a la supremacía del derecho a la vida

El mundo entero continúa en ‘Estado de Emergencia Sanitaria’. El escepticismo de no vacunarse contra el Covid-19 pone en riesgo letal al resto de la población que está vacunada.

Sin herir susceptibilidad constitucional y personal, pensemos un momento en cuántos seres humanos han estado inmersos en un leve riesgo de contagio, por decir: resfriado, malestar muscular, dolor de cabeza, síntomas básicos y nos lleva a pensar ¿me contagié?, pero la imaginación vuela ¿cierto?

Por supuesto, cada quien decide su mejor vivir ante esta trágica pandemia y muchos se siguen preguntando si vacunarse o no vacunarse ante la población que está vacunada con dosis completa inclusive con refuerzo y han sufrido recaídas leves y hasta decesos, resiliencia.

Recuerdo a un amigo médico diciendo muchas veces, “el que no quiera vacunarse, mejor permita a otro que lo decida y desee vivir más”. Inclusive, cientos de colegas no han acudido a la prevención y fueron despedidos en días pasados en los EE. UU. y Europa.

De manera que la mayoría de la población que no somos profesionales en salud podemos concluir, es una vacuna y extremadamente curioso no sabemos que nos inyectan, pero las estadísticas demuestran resultados de protección.

Así las cosas, en las últimas semanas se han registrado líneas de contagios y muertes, aquellos insensatos que ante el afán de sus necesidades diarias tal vez olvidan que el virus está vivo, y como consecuencias le suman a variantes y gripe que nos tiene reducidos.

Indiscutible, la verdadera reactivación es posible con la inmunidad a la población en igualdad de condiciones tanto para la población educativa y económica que mueven un país, con cifras y estadísticas en tiempo real, según lo manifestó la Organización Mundial de la Salud –OMS–.

Por su parte, el presidente de la República amparado en sus competencias expide decretos reglamentarios y acompañado de su equipo ministerial expiden actos administrativos de regreso a la presencialidad, pero no es suficiente, la realidad es otra.

Cabe advertir, no todas las veces que se legisle el resultado produce eficacia en el país saciado de normas y letra muerta. En el país se sigue estigmatizando mitos contra la aplicación de las vacunas, urgen medidas extraordinarias. Es costumbre observar y escuchar en noticias que mueren más personas, pero el riesgo integral del derecho a la vida por el piso, inclusive el riesgo de perder un empleo.

El punto susceptible de toda familia. cumplimiento a protocolos y prevención por el virus letal. De manera, la supremacía del derecho constitucional a la vida es conexo a la libertad de conciencia, la dignidad de las personas, el autocuidado permanente que prevalece por tratarse de la salud pública.

Ahora bien, el Dane registra “3 de cada 10 personas sin ningún nivel de educación no se vacunarán”. Inaudito.

El autocuidado tiene que persistir a pesar de la aplicación de la vacuna, según insisten la OMS, los científicos de los biológicos para reducir la curva de contagios. Por consiguiente, deberá ser requisito socioeconómico protegiendo integralmente los derechos colectivos y amparar efectos mentales y físicos ocasionados por la metamorfosis de esta pandemia letal.

Hoy por hoy, varios países amenazados por el aumento de contagios de la variante Ómicron decretaron obligatorio vacunarse, inclusive para el retorno a la presencialidad laboral.

El control con eficacia a las personas vacunadas y no vacunadas sin trasgredir sus derechos se convertirá en requisito socioeconómico y educativo para avanzar, aplicativo tecnológico –Tics– por el Ministerio de Salud contrarrestando el fraude al plan nacional de vacunación y la falsedad del carnet físico. Amanecerá y veremos.

Corolario, la norma vigente en Colombia no goza de carácter obligatorio para exigir y obligar a las personas sujetos de derechos que decidan sobre su cuerpo. No obstante, en una eventual, es la Corte Constitucional como órgano jurisdiccional le impera pronunciarse ejerciendo el control de constitucionalidad y legalidad.