Sidney Poitier y su carisma arrollador

Supe del actor Sidney Poitier por primera vez en 1959. Lo vi en la película Fuga en cadenas’ (1958), en la que actuó con Tony Curtis. Más que por ver a Poitier –un auténtico desconocido para el público juvenil– la chiquillada acudía al cine atraída por Tony Curtis, el galán del momento; de él querían emular su corte de cabello, con un copete como adorno sobre la frente. “Hazme el corte de Tony Curtis”, decían al peluquero del barrio.

Las muchachas y no pocas veteranas se ‘derretían’ ante la imagen del actor y lo reclamaban como su amor platónico. El pobre Sidney, por el contrario, no contaba con el fanatismo de los cinéfilos. Sin embargo, en esa película lo salvaba su actitud arrogante y de igualdad ante su compañero de fuga. “¡No te dejes, negro!” –era el mensaje que mentalmente le enviábamos–.

Sidney Poitier tenía su carisma. Además, su calidad como actor lo llevaría a conquistar el mundo del celuloide, al extremo de convertirse en el primer actor afroamericano en obtener un Premio Óscar (1963) por su papel estelar en ‘Los lirios del valle’. En esta película encarna a un joven trabajador que, en el desierto de Arizona conoce a cinco monjas que viven en condiciones precarias. Después de repararles las goteras de su granero, termina construyéndoles gratis una capilla. El argumento se basa en las relaciones de convivencia entre Homer Smith (Sidney Poitier) y las religiosas.

Sidney Poitier nació en Miami el 20 de febrero de 1927. Se crio en las islas Bahamas, de donde eran originarios sus progenitores. El futuro actor adquirió ambas ciudadanías. Llegó a Nueva York cuando era adolescente y trabajó lavando platos.

Aunque le costó trabajo sobresalir en el cine, se convirtió en un hito en la cultura popular de los Estados Unidos. En los años cincuenta y sesenta los negros luchaban por la igualdad legal en muchos estados de esa nación.

La figura de Poitier supuso un motivo de esperanza para su raza, aunque se dice que Hollyvood usó su imagen como pretexto para maquillar una industria que seguía siendo racista. A lo largo de su carrera Sidney Poitier rompió barreras y tabúes. En la película ‘¿Sabes quién viene a cenar?’ (1967) se convirtió en el primer actor negro en besar a una mujer blanca. Esto ocurrió ante los ojos atónitos de Spencer Tracy y Katharine Hepburn, potenciales suegros de Poitier en ese filme.

Sobre ‘¿Sabes quién viene a cenar?’, dijo el diario The New York Times, en 1986: “Es una hábil comedia y, sobre todo, un himno al poder del amor”. La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos seleccionó la película para su preservación en el National Film Registry por ser “cultural, histórica o estéticamente significativa”. Esta cinta fue nominada para diez distinciones en el Premio Óscar de 1967. Ganó dos.

En muchas de sus películas Poitier encarna al arquetipo del hombre honrado y digno. Es muy recordada su actuación en “Al maestro, con cariño” (1967), en la que con paciencia, comprensión y gran dosis de sicología, gana el aprecio de sus rebeldes alumnos.

Pese a su éxito, el actor fue criticado supuestamente por representar los intereses de los blancos y no los de su propia raza. Sin embargo, los personajes que encarnó Poitier no se mostraron serviles u obedientes a mandatos de los blancos. Decía Poitier, en 1967: “El tipo de negro que aparecía en las pantallas siempre era negativo: bufones, payasos, mayordomos, verdaderos marginados. Ese era el contexto cuando yo llegué hace 20 años y elegí no formar parte de los estereotipos… Quiero que cuando la gente salga del cine sienta que las vidas de los seres humanos son importantes. Esta es mi única filosofía sobre las películas que hago”.

 Otras películas de Sidney Poitier son: ‘Un rayo de luz’ (1950), ‘Semilla de maldad’ (1955), ‘La esclava libre’ (1957), ‘Un retazo de azul’ (1965), ‘En el calor de la noche’ (1967), ‘Los fisgones’ (1992), ‘Chacal’ (1997), ‘Dispara a matar’ (1988).

El actor fue embajador de las Bahamas en Japón. Falleció el 6 de enero del 2022 en Los Ángeles, California, Estados Unidos.