La burla

Es tan sutil esa línea divisoria que separa la mamadera de gallo del matoneo, que cualquiera puede confundirse y restarle importancia a esta crueldad que nos demuestra que no solo con golpes se lastima.

Sucedía inmancablemente en la última hora de clases, cuando los chicos del otro colegio nos anticipaban y se parqueaban a esperarnos en la salida y cuando aún estábamos dictando la clase final, me gritaban por las ventanas apodos de burla que mis compañeras, los profesores y yo fingíamos no escuchar. Lo ignorábamos en el intento fallido de restarle importancia para que se aburrieran y cesara la burlita

Esos minutos se me hacían eternos y tenía que raspar en el fondo de mi alma, la fuerza y el orgullo que poco a poco se iba agotando y salía de clases avergonzada, como si el problema fuera yo y no ellos.

Y no me vengan con el cuentito barato de que “tú todo te lo tomas a pecho”, bien que recuerdo lo frágil y triste que me sentí todo este tiempo que fue, para mí, los peores días de mi vida.

Por fortuna, el vínculo materno indisoluble, el saber que existe alguien que te acude y vela por ti, me dio la fuerza para hablar con ella y contarle a “mi ancla” de la burlita que sufría cada día, causa de un gran dolor

La leona enfurecida fue a la casa de los autores de la nada graciosa chercha y sé que a toiticos estos pendejos los estacaron y santo remedio, san se acabó, me dejaron en paz y poco a poco reparé mis alas rotas y volé, feliz y contenta como siempre lo habîa sido

Lo que no te mata, te hace más fuerte pero ¿qué necesidad hay de infligir daño gratuito a una persona? Los chachos de la película en todas las épocas han existido y no son más que personas cobardes que van corregidos a tiempo, antes de que sus gracias “nada graciosas” causen daños irremediables.

Bueno y aquí estoy, con medio siglo encima, vivita y coleando, sanando heridas con el amor que nunca me faltó y que, gracias a ello, aprendí también a brindar. No hay rencores y aunque si nadie me pidió disculpas, los perdono a toiticos y con ello me regalé la posibilidad de crecer y avanzar

Amo recordar mi época de colegio, llena de risas, de enseñanzas y de fe y realmente creo que los pen- dejitos de estos tiempos ni recordaran lo que hicieron y tal vez al leer estas líneas se dirán como Judas Iscariote ¿seré yo maestro?

Cuando algo malo nos pasa podemos dejar que nos marque y nos destruya o permitir que nos fortalezca, pero no todos tienen la capacidad de elegir la segunda opción y una sonrisa, que nada vale, un gesto de amor a quienes nos rodean puede ser como una cocadita caliente en papelito, no le hace mal a nadie y puede hasta salvar una vida.

El matoneo mata, ya lo hemos visto hasta la saciedad. Por eso, antes de burlarte de los demás, gran pendejo, ve a ver si la puerca puso…. se tenía que decir y se dijo.