¡Debí llegar más temprano a la política!

Como en el fútbol, el buen político comienza joven. Un buen futbolista deberá iniciar su proceso en etapas infantiles y entrar al profesionalismo entre 17, 18, máximo 19 años si quiere llegar a ser una gran estrella. Ejemplos por montones en Colombia y el mundo del deporte podríamos citar, igual pasa en la política, muy jovencitos se han encaminado los que hoy en día ostentan los mejores cargos en el país.

A nivel regional, e incluso local, se magnífica esa premisa por algo en términos afines a esto, se usa mucho: hijo de tigre, “tigrito”, o lo que es lo mismo: hijo de tigre “sale pintao”. Muy raro es encontrarse con jovencitos que inicien su trasegar político sin ser miembros de alguna familia con esa tradición, lo que hoy se conoce como clanes, casas, etc, etc. Igual, muy difícil suele ser que los cargos públicos en nuestro país sean alcanzados por personas ajenas a estas dinastías.

Pero habrá siempre excepciones, pues todo no puede ser en una misma línea cuando se trata de democracia y participación popular y por igual, con derecho a elegir y a ser elegido y es el momento cuando nos encontramos un “llanero solitario” o mejor dicho un “duque” de Hazard, sin tanto espectro político, pero dicho sea de paso y no menos importante, con un mentor o supermentor con gran tradición como presidente y rey en las toldas colombianas y antioqueñas por más de veinte años. Es decir, que aquí tampoco la regla de oro se cumpliría en su totalidad, pues de no provenir de una casa como tal, su llegada  a Palacio si depende totalmente de una.

En términos de quién puede llegar solo y ocupar cargos importantes nacionalmente o por región, se torna muy difícil, pero no imposible, y hay quienes han llegado, aunque ya en la arena su faena se hace bastante complicada, es que torear a los dueños de la capa y espada es un tema muy, muy complejo, y no solo la de color rojo que atrae al ‘animal’ feroz, sino también a la azul o a la de cualquier mezcolanza de colores que dependan de ahí.

Un gran político en nuestro país habrá iniciado en su juventud, incluso adolescencia, amor a la cosa pública heredado de sus padres o familiares. Esta es casi siempre la regla de oro, pero nos encontraremos casos donde un gran líder político de renombre y sin tradición a sus cuarenta o cincuenta años lo ostente, allí sÍ sería como lo excepcional y diferente, es entonces cuando escuchamos decir: “llegué tarde a la política” o “debí llegar antes a la política”, si es tan bonita y da plata y seguidores. ¿Por qué hasta ahora llego?. No señor, pues déjeme decirle que nunca es tarde y a diferencia del fútbol, en donde los años te pasan factura y te la cobran sin contemplación alguna, en la cosa pública sí lo podemos lograr, claro que la experiencia siempre será un factor determinante, pero más allá de esto, los buenos gobernantes lo serán con o sin tradición política, pues lo bueno o malo se lleva en la sangre y no en un “clan” o partido.

A los veinte años puedes comenzar y llegar a ser el peor y más malo de los gobernantes, así también a los 40 o 50 y sin ningún antecedente, podrías ser el mejor de los líderes para tu pueblo, tu región o tu país.