La Guajira, tierra del olvido, la otra Colombia

Como todo guajiro que se respete y que tenga sentido de pertenencia por su tierra y el más caro orgullo por sus ancestros, desearía escribir una carta abierta a la opinión nacional que llegara a los actuales aspirantes a la presidencia de la república de este país. Porque igual que Martín Luther King, yo también tengo un sueño. Sueño con que esta tierra olvidada y a la que muchos consideran la otra Colombia de la nación, sea incluida en los nuevos modelos de desarrollo nacional como un propósito de país.

La Guajira, la península más septentrional de Suramérica, esa que se mete al mar, así como engreída y altanera, como en busca de una pelea por su reivindicación de parte del Estado colombiano. Este territorio semidesértico que encabeza la nación con su población milenaria wayuú y el mayor litoral de la costa Caribe. La tierra donde el brillo del sol es más fuerte y soplan los vientos del nordeste con la fuerza de la expresión de una población que reclama inclusión en los propósitos nacionales.

Aquí está La Guajira, con sus particularidades poblacionales y territoriales esperando que su nombre se incluya con letras doradas en el nuevo plan de desarrollo nacional con políticas públicas de garantía de derechos, solución de problemas y necesidades estructurales e históricas con enfoque territorial y diferencial. Es La Guajira el único departamento de Colombia, de los 32 que conforman el territorio nacional, donde la honorable Corte Constitucional declaró el Estado de Cosas Inconstitucionales mediante la Sentencia T-302 de 2017, es decir, la Corte dijo que aquí no hay garantías de derechos, ni al mínimo vital de agua, ni alimentos. Razón más que suficiente para declarar el estado de emergencia social y económica del país para atender a una población que va en vía de extinción en manos de la desnutrición y sus patologías asociadas, la falta de abastecimiento de agua y seguridad alimentaria y nutricional.

Pero lo paradójico, es que La Guajira fue premiada con muchos recursos naturales renovables y no renovables, con los cuales le hace una gran contribución al PIB y a la economía nacional. Sin embargo, eso no se traduce en una tasa de retorno que mejore la calidad de vida, incremente el desarrollo humano y reduzca las necesidades básicas insatisfechas del departamento. Más bien, La Guajira se debate en trampas de pobreza y en indicadores de pobreza multidimensional, entre los más altos del país y por encima de la media nacional, solo comparable con Chocó, como si se disputaran el campeonato de la pobreza nacional, para alzarse con ese trofeo vitalicio. La Guajira requiere mayor atención.

La Guajira requiere una mejor interlocución con el estado central y ese es el gran desafío de los cinco congresistas guajiros, levantar la voz y hacerse escuchar. Cambiar este estado de cosas inconstitucionales que declaró la corte, por el de un estado social de derechos que reivindique a La Guajira y a su gente, para que al fin podamos vivir con dignidad e integrados al país y que podamos sentir orgullo al presentar nuestra cedula como colombianos, y que muchos de nuestras compatriotas, no tengan que estar circulando entre la Guajira colombiana y venezolana, con doble nacionalidad, buscando un mejor bienestar en la hermana república bolivariana de Venezuela cuando las circunstancias así se lo permitan.

Mientras esto ocurre, los guajiros de fe, como yo, seguimos creyendo, que todo es posible y en el mediano plazo, viviremos en un departamento líder en producción de alimentos orgánicos, competitivo y con su economía encaminada a la oferta de turismo rural, étnico, cultural, de aventuras y de postconflicto, con impulso agroindustrial, minero energético sostenible, y con un desarrollo portuario consolidado e integrado con el Caribe insular, gracias a un nuevo modelo de desarrollo nacional incluyente.

Soñamos con ser un Departamento con una infraestructura más adecuada para el bienestar de la población, con seguridad hídrica, agraria y alimentaria y garantista de los derechos inalienables del ser humano.  Soñamos con ser un departamento modelo de unidad, paz, entendimiento y concordia, trabajando por el mismo propósito y el interés superior de lograr cambiar nuestra imagen en el colectivo nacional, hasta decirle al país, que somos diferentes, pero que somos una región prospera, emprendedora y pujante que requiere la mano de un estado garantista de sus derechos fundamentales para vivir con dignidad y decencia. La Guajira, no puede seguir siendo la tierra olvidada ni la otra Colombia de este país, quien debe incluirla en su mapa económico y social.