Álvaro Mutis, cosechador de premios literarios

“Como yo no tengo diploma de bachiller, / en el Valle dicen que no puedo enamorar, /  miren cómo aprecian las mujeres el papel, / algo tan ‘valioso’ que se ve en el basural”. Rafael Escalona

Álvaro Mutis, el escritor, ensayista y poeta colombiano, falleció en 2013. Sin embargo, se afirma que los poetas no mueren. A propósito de sus ensayos hemos releído un artículo suyo sobre la novela ‘Luz de agosto’ del novelista norteamericano William Faulkner; Mutis ya opinaba con propiedad y suficiente conocimiento alrededor de la obra del Nobel de literatura de 1949.

El motivo que nuestro escritor encontró para comentar la obra de Faulkner fue la afirmación categórica que había lanzado José Ortega y Gasset (1883-1955): “El tema de la novela está totalmente agotado”. Al respecto expresa Mutis: “La novela no fue, antes de Proust, sino una fábula cuya moraleja variaba según el espíritu del autor: Rousseau, Goethe, Lamartine y aun, por extraño que parezca, el mismo Balzac, nos dan buena cuenta de ello. Con la lección de Proust y James Joyce vino al mundo una nueva dimensión de este género literario”.

Si tenemos en cuenta que estos conceptos de Álvaro Mutis fueron expresados en 1943, cuando el poeta y escritor colombiano solo tenía 20 años, comprenderemos la vastedad de su cultura y la tenacidad de sus propósitos. Por otra parte, su formación académica no parecía ser sólida, pues él mismo nos cuenta: “Nací en Bogotá en 1923. Hice mis primeros estudios en Bruselas. Regresé a Bogotá y traté infructuosamente de terminar el bachillerato en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. El billar y la poesía pudieron más y jamás alcancé el ansiado cartón de bachiller”.

Como dato curioso cabe anotar que al realizar un balance de las mejores novelas del siglo XX, según el veredicto autorizado de críticos literarios universales, las dos que encabezan esa selección son ‘Ulises’, del irlandés James Joyce y ‘En busca del tiempo perdido’, del francés Marcel Proust. Desde 1943 lo había expresado así el frustrado bachiller bogotano.

Hasta 1991 solo se conocían de Mutis su primer libro de poemas, ‘La balanza’ (1947) y ‘Los elementos del desastre’ (1953). Además, en prosa, ‘Diario de Lecumberri’ (1960), escrito en la cárcel mexicana del mismo nombre, ‘La mansión de Araucaíma’ (1973). También se admiraba su obra poética desarrollada entre los años 1948 y 1970, que aparece con el título ‘Summa de Maqroll, el gaviero’. En 1983 Mutis recibió el Premio Nacional de Literatura  y su nombre se arraigó aún más en las letras colombianas. Otras obras de Álvaro Mutis son ‘La nieve del almirante’ (1986), distinguida en Francia como la mejor novela extranjera; ‘Ilona llega con la lluvia’ (1988) y ‘Un bel morir’ (1989). Posteriormente el poeta, narrador y ensayista escribió ‘La última escala del Trump Steamer’ (1990), ‘Amírbar’ (1990)  y  ‘Abdul Bashur, soñador de navío’ (1991).

No todo es olvido en torno a la obra literaria de Mutis y del innegable valor de la misma. No en vano le otorgaron el Premio Nacional de Literatura Colombiana, Premio Príncipe de Asturias, Premio Médici y Premio Cervantes (considerado el “Premio Nobel de las letras hispánicas”).

En su plan de joven ensayista Álvaro Mutis abordó otra obra de Faulkner: ‘Mientras agonizo’. Se advierte la preferencia y admiración del colombiano por la producción integral del autor de ‘El sonido y la furia’, entre otras novelas psicológicas y simbólicas de la nueva literatura norteamericana. Preferencia que no es gratuita, puesto que Faulkner, Hemingway y John Dos Passos fueron quienes marcaron la ruta a los narradores hispanoamericanos de la actualidad. Los colombianos estamos en deuda con Mutis porque no alcanzamos a valorar su importancia y prestigio por fuera de nuestra patria. Una prueba: la biblioteca del Instituto Cervantes de Estambul se llama Álvaro Mutis. Dos pruebas más: Francia le otorgó el Premio Medici Étranger en 1989 e Italia el Premio Nonino en 1990. Cuando pensamos que este escritor nuestro ni siquiera fue bachiller, entendemos su inmensa capacidad para concebir ideas y manejar con genialidad el don de la palabra. Además, a su palmarés agregamos el altísimo honor de fungir como primer lector y corrector de las obras de García Márquez.