El ingeniero Rodolfo Hernández, personaje pintoresco que viene creciendo y podría colarse en segunda vuelta

Ingeniero y Rodolfo Hernández son dos conceptos ya inseparables en el panorama político colombiano, especialmente en una carrera en la que este magnate ha abanderado su condición de «outsider» para tratar de ganar la Presidencia y gobernar a golpe de polémicas.

El «Trump tropical colombiano», como algunos se refieren a él, no tenía muchas posibilidades reales, según las primeras proyecciones, de conseguir una victoria en las urnas; era un desconocido para la mayoría de los colombianos, con excepción del departamento de Santander, donde creció e hizo fortuna.

Pero Hernández, candidato del movimiento Liga de Gobernantes Anticorrupción, creado por él y que no se define políticamente aunque sus propuestas tienden más al populismo, se ha convertido en la sorpresa de la campaña: las encuestas lo acercan cada vez más a un segundo lugar que le daría un boleto a la segunda vuelta donde se enfrentaría en las urnas con el izquierdista Gustavo Petro.

El exitoso y millonario empresario, alejado de la política tradicional y de las castas colombianas, arrancó su carrera en Bucaramanga, capital del departamento de Santander, en el noreste del país.

Ya en esa campaña que lo catapultó a la política hizo del vocablo «ingeniero» un inseparable de su nombre, precisamente tratando de dar la imagen de que como ya era rico, no necesitaba robar de las arcas públicas para engrosar sus bolsillos. Algo que le funcionó y le ha acompañado en su carrera a la Presidencia.

Pero sin duda, lo que más ha marcado su presencia en el panorama político ha sido su carácter, con tendencia a lo pintoresco y chabacano, y sin ningún miedo a la confrontación, en la que ha trabajado su cualidad de salir siempre indemne.

El ingeniero llegó a la carrera por la Presidencia con algunas polémicas a la espalda, como una entrevista donde aseguró que admiraba a Adolfo Hitler o cuando golpeó a un concejal opositor de la Alcaldía de Bucaramanga, algo que le supuso la suspensión de su cargo.

Su campaña, como ya lo fuera la que lo llevó a la Alcaldía, se ha basado en un discurso desde el que hace una crítica voraz contra las prácticas corruptas, ampliamente extendidas en Colombia, así como contra los políticos tradicionales, a quienes acusa de todos los males que padece el país.

A pesar de este discurso que ha convertido en bandera, Hernández está envuelto en un caso de corrupción que se remonta a su época como alcalde. La Fiscalía lo acusa de celebrar un contrato de consultoría para la gestión de las basuras de Bucaramanga con presuntas irregularidades, del que no se sabrá si es responsable hasta que se celebre el juicio, programado para después de las elecciones.

A diferencia del resto de candidatos, Hernández no ha girado por el país en mítines en plazas públicas sino en reuniones pequeñas con simpatizantes.

Su personalidad «explosiva y rebelde», a la par que un tanto «autoritaria e intolerante», es lo que «le gusta a la gente», considera Viveros.

Pero Hernández ha demostrado ser «un poco ingenuo sobre cómo funcionan las instituciones democráticas y esto puede jugar en su contra», ya que «cree que el presidente tiene una capacidad» de tomar decisiones que en realidad no tiene.

Si llega a la Presidencia, Hernández no contará con un partido en el Congreso, algo que le podría conllevar dificultades a la hora de gobernar.

A pesar de todos los obstáculos que se le presentan, el ingeniero «va con todo» y sigue con una campaña presidencial con fuerte presencia en las redes sociales.

Y este 29 de mayo se juega en las urnas su mayor aspiración hasta el momento, liderar a Colombia.