En estas elecciones ¡hay que votar a conciencia!

Lo único cierto de las votaciones del 19 de este mes es que elegiremos a un presidente totalmente alejado de las ideas políticas que se nos han impuesto durante muchas décadas. Parece que la corrupción sufrirá un duro revés, aunque sus agentes se darán mañas para asomar la cabeza y poco a poco rescatar sus paraísos perdidos. Todo depende del voto a conciencia.

En estos momentos, a pocos días de saber quién ocupará el palacio presidencial, la opinión pública –los electores– estamos perplejos ante la disyuntiva de escoger entre dos opciones que lo único que tienen en común es la intención de cambiar la forma de gobernar. Sin embargo, hay diferencias insalvables que caracterizan a los aspirantes al solio de Bolívar.

Uno de los candidatos, sustentado por ideas y teorías económicas que ha estudiado desde hace muchos años, intenta acceder a la Presidencia con proyectos progresistas que se ejecutarían a mediano y largo plazo. Sus detractores interpretan esas propuestas como una intención de perpetuarse en el poder. Se entiende, sin mucho esfuerzo, que “mediano y largo plazo” no quiere decir que el Presidente que inicie esos procesos se mantenga en el poder hasta terminarlos.

Sin el ánimo de inclinar la balanza de preferencia de los electores, hay que señalar que el candidato Gustavo Petro es un economista actualizado. El hecho de que el exministro de Hacienda Rudolf Hommes le haya dado su respaldo dice mucho de sus conocimientos en esta disciplina. Por eso algunas de las propuestas de este candidato apuntan a un futuro que él avizora. El petróleo y el carbón, por ejemplo, no serán fuentes eternas de energía; algunos países de los llamados ‘desarrollados’ han comenzado a reemplazarlos.

Muchos jóvenes colombianos nunca han oído hablar de Abdalá Bucaram, un exótico personaje que se convirtió en presidente de Ecuador. Es abogado, político y comediante. Llegó a la primera magistratura de su país porque logró canalizar el inconformismo de los ecuatorianos, quienes votaron masivamente por él en 1996. Fue un voto-castigo para la clase dirigente.

Sin embargo, su permanencia en el Palacio de Carondelet duró solo cinco meses y veinticinco días. El pueblo lo derrocó porque, entre otras deficiencias, nunca tuvo la capacidad necesaria para dirigir los destinos de su país. Este no es el caso del ingeniero Rodolfo Hernández, aclaramos; pero el solo deseo de acabar con la corrupción en el país no es suficiente para dirigirlo acertadamente.

Del ingeniero Rodolfo Hernández preocupan algunas declaraciones que aquí transcribimos textualmente.

1. “Yo cojo las hipotecas; esa es la vaca de leche. Imagínese, quince años ese hombrecito pagándome intereses: eso es una delicia”.

2. “Necesitamos es que los empresarios entiendan que el mejor negocio es tener gente pobre con capacidad de consumo todo lo que más se pueda, porque los pobres consumen toda la plata en el mes”.

El ingeniero Hernández ha explicado palabras y expresiones suyas que algunas veces han sido sacadas del contexto original. Tiene razón y eso lo llena de rabia. Sin embargo, estas citas que hemos extraído de sus entrevistas no han sido desmentidas por él. Cabe preguntarse, ¿cuál será el trato que aplicará a la gente pobre si alcanzase al fin la Presidencia?

Pero hay algo que aterra en las palabras del Ingeniero: sin rubor expresa que su personaje favorito es Adolfo Hitler. –Rara convicción de un egresado de la Universidad Nacional de Colombia–. Eso nos lleva a suponer que admiró también a Pinochet, a Videla y demás genocidas que han pisoteado la dignidad de los pueblos latinoamericanos. Colombia no pudo librarse de ese holocausto y aún sentimos los coletazos de tan tremenda monstruosidad.

Todo cambio genera inquietud. Ese estado de ánimo nos preocupa porque nadie sabe cómo será nuestro país después de estas elecciones. Se trata de un salto, pero esperamos que no sea al vacío y que al final acertemos al depositar nuestro voto por el candidato de nuestra preferencia.