Ya es hora de cambiar el chip

La música vallenata siempre ha sido tildada de machista por muchísimas razones, entre otras, porque algunos dicen que el referente musical más próximo de los vallenatos es la música mexicana y ésta ha tenido históricamente esa fama. Ante los demás colombianos, por el solo hecho de haber nacido en la costa Caribe, debe tener su toque de machismo.

La fama de machista que tiene esta música no es infundada, nació interpretada solo por hombres del campo, creció en parrandas donde la presencia de la mujer solo se limitaba a hacer y servir el sancocho y a ser musa de inspiración. Solo hasta a mediados del siglo pasado la mujer se atrevió tímidamente a cantarla y muy posteriormente a componerla y a interpretar el acordeón.

Ya en las épocas doradas del vallenato, los clubes de fans de Diomedes y del Binomio de Oro estaban integrados en su mayoría por mujeres, y donde los artistas se presentaban en vivo, las damas se ubicaban justo al frente de la tarima para admirarlos y aplaudirlos. Desde entonces, el cantante ha coqueteado y ha hecho a buena parte de sus seguidoras parte del show, las saludan, les mandan piropos y demás.

En la medida en que el vallenato se ha modernizado y comercializado, las presentaciones en vivo de sus artistas se han convertido en verdaderos espectáculos, en los cuales no solo se va a escuchar la música, sino a ver un show y algunos cantantes quieren interactuar con los asistentes. Varios de ellos piden a mujeres que suban a la tarima y ellas en medio de la euforia y la alegría acceden, pero se vienen presentando actos que, en vez de engalanar y darle brillo al espectáculo, lo degradan y rayan en la grosería y vulgaridad, además se convierten en acoso y actos sexuales violentos que pisan los linderos del Código Penal Colombiano.

Lo viene haciendo hace rato ‘Poncho’ Zuleta y lo reiteró recientemente con su colega Karen Lizarazo, que fácilmente podría ser su nieta. Lo hizo también recientemente ‘El Mono’ Zabaleta con una de las asistentes a sus presentaciones y ya no estamos en los tiempos en que el público les acolitaba todo.

Esta es la era de las redes sociales, todo hoy en día queda grabado en videos de celulares y ahora lo que un artista hace, no solo tiene la reacción momentánea que por la emotividad y los efectos del alcohol puede ser de celebración, sino que esos actos deben someterse al escrutinio de la sociedad y a un análisis ético, moral y jurídico que se les hace con cabeza fría.

En esta columna lo he dicho en muchas ocasiones, señores artistas, ustedes tienen sobre sus hombros la responsabilidad de ser ejemplo de vida para sus seguidores, no solo en la calidad de sus presentaciones y productos, sino también, en el buen comportamiento social. ¿Quién les dijo que los actos obscenos y de degradación a la mujer les ayudan en su propósito de ser más famosos? Ya es hora de cambiar el chip.

Colofón: Este domingo termina ya el martirio de ver, escuchar y participar en la campaña política más sucia y degradante que yo haya visto en Colombia. Ojalá y pensemos que ya es justo también de cambiar el chip de la violencia indiscriminada y en el todo vale. Es hora del verdadero cambio, reconciliación y la paz entre nosotros. Mi voto sigue siendo ‘secretosky’.