Aniceto ‘Cheto’ Hinojosa, juntero trabajador, dadivoso, servicial, tolerante, honesto y sincero

Aniceto Santiago Hinojosa Lacouture nació el día 30 de enero del año 1897, hijo de Juana Hinojosa Peralta y Federico Hugues Lacouture Acosta, Don Federico Hugues y Juanita procrearon dos hijos: Aniceto y Laura Julia (abuela de Fredy Molina Daza, memorable compositor vallenato). Contó con 37 hermanos de padre y tres de madre.

Aniceto Santiago abrió sus ojos por primera vez en La Junta. Su abuelo materno se llamó José Aniceto y su bisabuelo Juan Aniceto Hinojosa (se va repitiendo el Aniceto), más tarde bautizó un hijo como Aniceto Santiago, y varios nietos se llaman: Luis Aniceto Egurrola Hinojosa (insigne autor del folclor vallenato), Aniceto Santiago, Raúl Aniceto, este nombre debe tener una historia, pues donde está un Hinojosa, de Colombia, de México, de Venezuela, siempre va acompañado del nombre de Aniceto. El apellido Hinojosa proviene de una ciudad de España.
Sus primeros años de infancia los disfrutó en La Junta, La Guajira, junto a su mamá y sus abuelos. Mi tío Aniceto era hijo natural, como decían antes a los hijos que no eran del matrimonio, su madre murió bastante joven, tenía cuatro hijos y los dejó muy jóvenes, los otros dos se llamaron: Luis Camilo (mi abuelo materno) y Tomás Gregorio (abuelo de Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa y Félix Carrillo Hinojosa, eminentes compositores).
Al quedar Aniceto huérfano de madre, su padre se lo trajo a vivir a su casa en San Juan del Cesar, La Guajira, donde vivía con su esposa Zoila Perfecta Daza Parodi quien fue su madrastra. Ella lo quiso y consideró mucho, pero no lo vio como a un hijo, pues en aquella época los hijos naturales no tenían los privilegios de los hijos que nacían del matrimonio, ‘Cheto’ nunca tuvo comentarios negativos para ella, pues lo trató con afecto, él quería estudiar, pero lo cierto era que los hijos naturales no estudiaban, qué pesar, cuando sus hermanos de padre, Andrés y Carlos Aurelio, se ponían su mochila con cuadernos para ir a estudiar, él también lo hacía, pero doña Zoila le decía, no lindo, tú tienes que irme a buscar los cocos (tenía que ir a trabajar). ‘Cheto’ muy obediente se iba para la finca a buscar los cocos y de regreso encontraba a Andrés jugando en el rio; no le gustaba estudiar, prefería irse para el pase de las tres canoas a disfrutar del río Cesar.
Viviendo allí aprendió a trabajar, no heredó, pues tampoco tenía derecho, pero con mucha dedicación y empeño, tiempo después se independizó y trabajando arduamente, construyó una fortuna considerable, tanto así que engendró trece hijos y a todos les dejó herencia, trabajó la ganadería y la agricultura, adquirió más de cuatro fincas en Becerril y La Jagua de Ibirico, Cesar, La Peña, dos de ellas llamada ‘Las Agüitas Azules’ y ‘Las Guabinas’, en San Juan del Cesar.
Su primera hija le nació del vientre de la señora Julia Fuentes. La llamó Mercedes (‘Meche’). Fue la única que no se puso su apellido, la segunda hija se la trajo al mundo Dolores Cuello Celedón (‘La Pipio’) y su nombre es Raquel Hinojosa. Contrajo matrimonio con Isabel María Celedón Daza, quien le regaló siete hijos: María Teresa, Alicia (murió de cinco años), Rodrigo, Juanita, Francisco (El hombre noble de San Juan), Isabel Mercedes y Aniceto Santiago (‘Cheto’) y con Cecilia Ávila, cuatro: Rafael Alfredo, Luis Camilo, Benita Mercedes y Martha Cecilia.
Nos cuenta Vicky Ariza, su nieta que lo adoraba, que su abuelo reunía a sus nietos a contarles historias y cuentos de miedo, recalcaba que se acordaba cuando tenía apenas seis meses de edad y su mamá lo acostaba en un trapito de lunares rojos, y como él aseguraba eso, algunos lo tildaban de embustero. Salía a las 2:00 a.m. en su caballo a atender sus tierras, siembras y ganado.
En una oportunidad una señora de La Junta que se levantaba muy temprano le grita: “Ve, Aniceto, déjame una de paso (una mentira), y él riposta enseguida, “no puedo porque voy de afán que se murió Crucita Mendoza”, y la gente como es de chismosa corrió para casa de la mencionada señora y la encontraron meciéndose plácidamente en un mecedor. Vean ustedes, les dejó una mentira de paso sin querer queriendo.
Además de procrear trece hijos, crió a varios sobrinos, entre ellos a mi tío ‘Miro’ Hinojosa, aquel ejemplar hombre que murió en las lejanas tierras del Valle del Cauca, también al grandioso primo Saúl Hinojosa, a ‘Nando’ Guerra.
El tío ‘Cheto’ era muy hospitalario, doy testimonio de ello, muchos junteros cuando requerían alojamiento en San Juan ahí estaba su casa disponible.
Don Aniceto era sumamente ordenado y era obsesivo con el aseo y la higiene, la inyectora para vacunar su ganado era hervida, y su navaja solo la manipulaba él, seguidor del Almanaque Bristol con el que consultaba el estado del tiempo y las temporadas de lluvia. Conservador laureanista, desde niños les inculcaba el azul a sus hijos y nietos y en ocasiones los llevaba al patio de noche en lo oscuro y les decía: “Quien se vuelva liberal de mis nietos, cuando yo me muera les salgo”.
Nos confiesa Vicky Ariza que “nadie ha logrado superar la imagen que representó Aniceto Hinojosa en mi vida, la magnitud de su recuerdo es inconmensurable, mi abuelo me marcó para toda la vida”; y afirma que el hijo que más se parece a Él es Rodrigo. Por su parte, Franco Hinojosa (El hombre noble de San Juan) afirma: “Mi padre era mi ídolo, yo lo amaba y él a mí”.
Aniceto Santiago Hinojosa Lacouture murió el 14 de diciembre de 1982, el velorio fue grandioso, y a su sepelio vino gente de todas partes de La Guajira, la costa y Colombia en general.
Un merecidísimo homenaje póstumo a mi tío Aniceto, un ser humano inolvidable, justo, serio, garante, también chusco y jocoso, de acuerdo al momento, con una sapiencia infinita.