Válido un Acuerdo Nacional sin perder la identidad ideológica

He redactado en los últimos días varios escritos referentes a la necesidad que tiene nuestro país sobre el perdón justo y la reconciliación; y los he redactado sugiriendo después de los resultados de las elecciones presidenciales, que es imperativo que acabemos con los generadores de violencia política y social, incluso, que es necesario extinguir la polarización y sus efectos disociadores y que pedalee el presidente electo por un buen Acuerdo Nacional.

Hoy escribo y quiero hacer primero unas precisiones y claridades antes de desarrollar todo el contenido de mi columna, porque quiero evitar malas interpretaciones conceptuales o de mi opinión, porque tengo y tendré coherencia siempre en mis actos, mis posiciones y mis expresiones.
Quiero ratificar que soy un demócrata que cree en la responsabilidad política y social de los partidos y movimientos políticos serios y en su institucionalidad; que sé perfectamente que democracia es gobierno que elige el pueblo, y que en este sistema de gobierno es bueno y necesario la existencia de los contrapesos, de las divergencias para debatir y fortalecer los consensos, evitar unanimismos y caudillismos mesiánicos, y salvaguardar la esencia de los partidos.
Entonces, eso y todo lo anterior me da pie para hacer mis observaciones respecto a la posición que han tomado los miembros o bancadas de algunos partidos y movimientos políticos, pero de manera especial me referiré al Partido Conservador Colombiano.
El Partido Conservador colombiano es el referente indiscutible de la derecha colombiana desde hace 173 años y su ideología se ha mantenido incólume y siempre todas las acciones políticas realizadas fueron para modernizarse institucionalmente y reafirmar su ideología. La alianza, casi entrega, que se hizo con el Centro Democrático hace 20 años fue una muestra fehaciente de su ideología de derecha, una reconfirmación de sus principios, así estuviera bajo la égida de las acciones de ese partido.
Entonces, reitero, no estoy en contra del Acuerdo Nacional, pero instituciones como un partido como el Conservador Colombiano no debe mandar ese mensaje de ‘borreguismo’, no debe maquillar o camuflar su preocupación por no tener poder político en el gobierno que se posesionará el 7 de agosto de 2022. Debe asumir con gallardía su pérdida ante los partidos de izquierda y partidos alternativos; debe tener pantalones su bancada y reconocer que, si durante más de un siglo fue partido de gobierno directamente o en coaliciones, ahora no lo es, ni lo debe ser ni siquiera poniéndose un disfraz de independiente; siempre fueron coaliciones con partidos de ideología derechista o centro derecha, únicamente.
Han hecho cosas para arrodillarse ante las dádivas; han tomado la designación del canciller como un llamado; fue sin acompañantes un senador donde el presidente electo con el pretexto de saludarlo “porque era su amigo en el Senado”, pero se comenta que llevó la talla de todos los parlamentarios conservadores para que les hicieran “sus rodilleras a la medida” y no sentir el duro piso cuando les tocara arrodillarse y bajar la cabeza para ocultar su vergüenza por no tener el valor político y civil de decirle al nuevo gobierno: Somos oposición.
Un conservador representante a la Cámara expresó que “el partido debe entender que hay una realidad política”. El asunto es que esa realidad no debe estar por encima de Caro y Ospina, ni de sus principios y valores ideológicos; ese representante lo dice para “aterrizar de barriga en el colchón de las prebendas” que le puede ofrecer el nuevo gobierno. ¡Por Dios, la dignidad no está hecha de pan y miel!
Que quede más claro ahora, no estoy planteando cualquier oposición. Demandan las circunstancias políticas que sea una oposición inteligente, auditora, veedora, con ideas y argumentos distinguidos y capaz de revertir lo que esté mal o no le convenga al país; que “no sea una vaca muerta en el camino” para obstaculizar lo que sea conveniente o necesario para la nación, para el partido y para la democracia; que sea un guardián de la nueva administración para que las cosas se hagan con el talante del Partido Conservador.
No debe estar el Partido Conservador buscando acomodo y tener que obligatoriamente aprobar hasta lo que no le convenga, solo por estar en el gobierno recibiendo ‘mermelada’ (burocracia y contratación). ¿Si no está la oposición, quien va a vigilar?
Es esta la oportunidad de la izquierda colombiana, pero no por eso deben estar solo en la acción de gobierno sin sentir la legal y constitucionalmente válida oposición política; deben estar los contrapesos que pueden ser los ilustres y honorables parlamentarios conservadores y otros, vigilando, estudiando las propuestas del ejecutivo y sus dependencias descentralizadas, analizándolas y corrigiendo o complementándola de acuerdo a los escenarios presentes, y para que el gobierno sienta lo bueno de la contradicción con la razón por delante, y además, el pueblo sepa verazmente por parte de la oposición, cómo va la práctica del poder del gobierno Petro. Ojo, el presidente electo ha dicho que la oposición es necesaria.
Parlamentarios conservadores: la historia y esencia del Partido Conservador y de su ideología no pueden irse detrás de un plato de lentejas. Por favor, muestren casta y orgullo conservador defendiendo su plataforma programática, su filosofía política y el bienestar de los colombianos, pero bien concebido y afín a los principios conservadores.