Iglesia busca que los villanueveros depongan los odios y resentimientos que dejó la política

El año de 1915, el 2 de enero, bajo el liderazgo del presbítero Silvestre Leoncio Daza, se firmó en Villanueva el acta memorable de 1915, para consagrar el día 1 de enero de cada año, para el olvido de toda querella y ese día darse un abrazo del amigo y propender para que reine en el pueblo una paz general.

Y la misma acta consagra que es el deseo de los que la firmaron, que sea cumplida por sus hijos y sus sucesores y es más, que sea expuesta en la santa iglesia católica, autorizando al señor cura párroco, quien quedará obligado a promover la reunión anual después de la misa parroquial.
Y firmaron esta acta memorable, entre otros, además del padre Daza, quien era el cura de la época, Leandro Cabello, quien fuera coronel de la guerra de los Mil Días, Manuel Antonio Dangon González, hijo de Musiú Dangon, padre de Silvestre Dangond Daza y del maestro Rafael Antonio Amaya, entre otros; Beltrán Francisco Dangon González, su hijo Beltrán Francisco Dangond Celedón, quien fuera general de la Guerra de los Mil Días, los también generales Sabas Socarrás Baleta y Antonio Galo Lafaurie Celedón, Gregorio Lacouture, Manuel María Lacouture, Enrique Orozco, Rafael Daza, Filemón López, Tomás Dangon Celedón, Julio Olmedo, Eduardo Dangond Celedón, Ramón Ovalle, entre otros (Los Dangon de la época no terminaban en d).
¿Durante cuántos años se cumplió este juramento? Indagando la historia de Villanueva, fue por espacio de más de 10 años. No sé qué sucedió, pero después de un letargo, el médico Enrique Martínez Martínez volvió a retomar la idea y el 1 de enero de 1952, reunido otra vez la Iglesia Católica, firmaron una nueva acta, manteniendo incólume los propósitos del acta memorable de 1915. Esta vez, bajo la dirección del padre José de Sueca y firmaron, además, entre otros, Manuel María Lacouture, Enrique Orozco Ariza, Laudelino Cabello, Rafael Antonio Amaya, Constantino Baquero Araújo, Silvestre Lacouture Dangond, Jaime Dangond Ovalle, Rafael Lafaurie Acosta, Nicomedes Daza López, Luis Lacouture Gutiérrez, Rodrigo Orozco Gámez, Raúl Lafaurie Acosta, Juan Félix Daza Martínez, José Vicente Lafaurie Acosta, Fernando Cuadrado, Reyes Maestre, Luis García Orcasita.
Y por corto tiempo, se volvió a patentizar el espíritu de los villanueveros, de vivir en paz y en armonía. Hoy, bajo la dirección de nuestro cura párroco, Iván Peláez Manjarrez, que tiene los mismos propósitos del padre Daza y del padre José, se deben volver a renovar las actas memorables de 1915 y de 1952 ¿Por qué? Existen muchas plagas que conspiran contra la tranquilidad y el bienestar del hombre. Pero la peor de ellas, por ser destructora de la sociedad, es la del resentimiento.
El resentimiento opera a modo de ácido corrosivo, pues acaba con la simpatía humanística y el acercamiento, crea cordón sanitario alinderante y mina la fuerza de la unidad familiar y de la unidad social. Estos son sus efectos. Buscando el fundamento del resentimiento, se encuentra que no radica en lo que se diga de uno, o en lo que se haga en contra de uno, no.
Su fundamento oculto es aquel sentimiento que llevamos en nosotros, llamado “importancia personal”. A toda hora y en todos los días, nos sentimos importantes. Y sobre la base de este sentimiento, reaccionamos. En unos, por razón de la educación y de los años, tal sentimiento está casi apagado; pero en otros, siempre está fresco, lozano, potente y activo.
Por ello, que entramos en tiempos de política, ese resentimiento lo traemos a flor de piel y lo inyectamos de manera diabólica hacia los demás, “porque fulano no puede ser más importante que yo o porque sutano no merece tal suerte o tal posición”.
Pareciera que en tiempos de política, todos los odios y los resentimientos que llevamos por dentro salen a relucir y vienen las ofensas personales, las diatribas, las conserjas, las murmuraciones y los ataques por doquier  y todo bajo la aureola de la señora envidia. Ahí están las actas memorables que nos dejaron nuestros mayores y que hoy en día debemos retomarlas, para sacar entre todos a Villanueva adelante por el camino del éxito y de la prosperidad. Los tropezones en que andamos y que Villanueva no avance como debe ser, ha sido por culpa de nuestra actitud, no es más. O le imprimimos el acelerador de nuestras buenas acciones o seguiremos cayendo en el precipicio a que nos quieren llevar.
Pasó la campaña la presidencial, los colombianos y en particular, los villanueveros, votaron masivamente y ganó en franca lid Gustavo Petro. Se inicia la campaña a la alcaldía municipal, pero hagámoslo de manera franca y con los mejores argumentos, no tratando de imponer el criterio del que cree que es merecedor, pero con artimañas y de manera sucia. Todos somos villanueveros y todos somos parte de este pedacito de patria que queremos tanto. Depongamos tantos odios enfermizos, ya la época de la esclavitud quedó en el pasado, ahora existe la igualdad entre los villanueveros. Tomemos el mejor ejemplo de los mayores, que dieron ejemplo de conciliación y de fraternidad por Villanueva.