El perdón a unas madres en abandono

Cuando hoy en el país se habla de perdón social y de reconciliación con la llegada del nuevo presidente Gustavo Petro, es hora de que nosotros los guajiros, y principalmente su dirigencia política, debe pedirle perdón social a esta tierra tan hermosa donde hemos nacido.

Son aproximadamente 57 años de existencia institucional, donde nunca se ha implementado un proyecto en el Departamento que se haya convertido en política pública de Estado, que se haya construido en varias administraciones departamentales.
Es triste decirlo, ni siquiera tenemos un gobierno departamental fuerte, fortalecido, a excepción de este último gobierno. Durante años han predominado más los intereses personales que los colectivos, esa es la desgracia de La Guajira.
Cómo es posible que tengamos sed y tengamos una represa como la del río Ranchería, un ‘elefante blanco’. ¿Nuestro saneamiento básico en qué condiciones está?
Más adelantadas están muchas ciudades perdidas precolombinas de pueblos originarios en nuestro territorio como la del Monte de Oca, que nosotros. Es lamentable que nuestros pacientes tengan que ir por atención médica especializada a otros departamentos y muchos quedan en el camino en busca de urgencia de centros hospitalarios de alta complejidad.
¿En qué condiciones está nuestro mercado interno? Esa es una deuda histórica que tenemos con el desarrollo y el progreso de nuestra tierra, algo que hemos heredado en el tiempo por nuestra miopía y falta de conocimiento e investigación, principalmente de nuestra dirigencia política y gubernamental, nunca hemos logrado institucionalizar un mercado natural ancestral. ¡Ya es hora!.
Cuando un gobierno nacional como el electo se fija en La Guajira, como los buenos hijos se fijan siempre en sus madres. ¡Es el momento! La Guajira, convertida en una zona de integración fronteriza y qué decir de Albania, nuestra madre tierra, en total abandono, tanto nuestros sectores productivos cómo los sociales. No hay construcción de visión de Municipio; no hay fe, la indiferencia, la egolatría del yo, la necesidad y el temor lo enceguecen todo con cualquier iniciativa de avanzada; principalmente de nuestra dirigencia política, solo la revocatoria es un ejemplo, es un derecho colectivo. Es hora de que esas madres abandonadas reciban atención de sus buenos hijos.