La carne, la leche y el huevo

Por: José Manuel Aponte Martínez

“Se murió ‘Pinina’, la mató un carro a alta velocidad por falta de un reducidor, pobre perrita, ojalá el próximo no sea un niño o un adulto”.

En las cartillas Alegría de Leer o Charry o en alguna parte, pero lo leí muchas veces que los alimentos completos eran la carne, la leche y el huevo y por eso nuestros padres nos levantaron a punta de huevo, leche y carne y poca hoja y verduras; los vegetales no eran actores principales en la mesa como ahora, donde reina la ensalada hasta de verdolaga y tunas y tratan de disminuir a los tres alegres compadres: el huevo porque es una fábrica de colesterol y por eso mis tías Josefa y Aura, son el ejemplo clásico se comen la clara cocida en agua y las yemas tiene clientes que van a buscarla para comérselas.
La carne, ahora es mala para todo, los riñones, el colon, el hígado y hasta pal corazón, da dolor de cabeza y un poco de vainas más y ni qué hablar de la leche, hay médicos que la prohíben en la alimentación, yo no la tomo porque me da asco la nata, pero mi mamá, que era única como todas las mamás, nos las embutía batida y dulce. Ahora todo lo que hacíamos antes es malo y por eso cuando estuve en Estados Unidos me llamó la atención que los pediatras le mandaban a comer guineo maduro a los niños con diarrea, cuando yo y todos por aquí estábamos convencidos que guineo maduro era sinónimo de churria, perdonen la expresión pero es la más real y patética.
Pero Dios es sabio y como no había forma que dejáramos de comer carne a veces en las tres balas, huevo todos los días en el desayuno y de vez en cuando como mi inolvidable suegro Hernando Morón, que todo lo resolvía con un par de huevitos fritos o un periquito con arroz en la comida; el café con leche en el desayuno y en la noche era inmancable o leche en cualquier forma, como hace el doctor Marcelo Calderón que abre la nevera y se pega a pico de botella como un ternero y se la bebe de un trancazo o convertida en queso, otro que saltó como un cohete y está carísimo, pero que no falta en la mesa de pacíficos y sandieganos, lo comen en la mañana con tinto, pan o almojábanas, con plátano amarillo serrano en el almuerzo y rayao con arroz de fideos, yuca, malanga, bollo limpio o de mazorca o arepa limpia en la comida.
Eso no falla, pero como dije, Dios es sabio y se inventó la especulación y la exportación y de la noche a la mañana esos tres mosqueteros se volvieron inalcanzables por sus precios: la carne pasó de $4 mil en pie a $10 mil y para nosotros de $15 mil a $30 mil y hasta $50 mil el kilo, los huevos de $6 mil a $14 mil la canasta de 30 y lo mismo con el “líquido perlático”, que también subió pero no tanto y hay escasez. Si señores, la exportación de carne está acabando con la leche y consumo nacional, los ganaderos están de fiesta, un novillo de 400 kilos se lo arrebatan por $4 millones y ya se están llevando ganado de levante, terneros, novillas y lo que se atraviese para el exterior y nos dejan la carne de vaca vieja, pero a precio de novillo gordo. Qué horror, esperamos que el nuevo gobierno límite la exportación de carne y obligue al ganadero a criar animales de doble propósito, leche y carne y no solamente cebú que es rico en carne y pobre en leche.
Respecto a los huevos, su escasez se produjo por las manifestaciones violentas acaecidas hace 2 años que produjo la muerte de millones de pollos y pollas y el encarecimiento de los productos alimenticios, pero eso se ha normalizado y los precios siguen en las nubes, porque aquí, lo que sube, como el Alka Seltzer, no baja ni hay autoridad que lo haga bajar, porque aquí reina es la especulación. Ojalá el nuevo gobierno del doctor Gustavo Petro, del cual los colombianos que por él votaron y los que votamos en contra esperamos tanto, le meta el diente a esta situación para que los tres, no Monitos, sino alimentos completos sean nuevamente protagonistas en nuestra alimentación.