Los zapatos de la ministra

Ya ni sorprende que nos visite un ministro o una ministra, especialmente cuando ya tienen las maletas listas para abandonar sus cargos. De todas maneras, se le agradece el gesto a la ministra de Relaciones Exteriores y vicepresidenta de la República, Marta Lucía Ramírez. Y no llegó con las manos vacías.

Llegó con 3 mil pares de zapatos para repartirlos entre los niños de las comunidades indígenas del extenso territorio de Uribia. Es una forma de pensar. Es una ideología que determina los comportamientos de las personas que ostentan el poder político y económico de cualquier nación, llámese Colombia o con cualquier otro nombre en donde la pobreza sea el común denominador de las familias y un par de zapatos sea más raro que un trébol de cuatro hojas.
Son las concepciones de la democracia. Las visiones de las personas que nacieron ricas y seguirán siendo ricas por los siglos de los siglos. Amén. Las visiones de las personas que nacieron pobres y seguirán siendo pobres por los siglos de los siglos. Amén. ¿Es que no hay una tercería entre estas dos formas de pensar que permita o abra la posibilidad de que la mentalidad de la pobreza desaparezca y se abra camino el emprendimiento para que haya una verdadera movilidad social que muestre nuevos horizontes a los hombres y mujeres de La Guajira?
La movilidad social no nace por generación espontánea. Hay que crearla, motivarla, impulsarla y ayudarla. Golpear con educación la mentalidad de pobreza de la gente. Pero, si hay algo cierto es que la tan anhelada movilidad social no se logrará regalando cosas, ni zapatos, ni carteras, ni carros, ni comida; incluso, ni regalando plata, porque la plata regalada se gasta sin contemplación y las personas quedan tan pobres como antes o peor aún. No está de más recordar el sabio aforismo que reza: “Si regalas un pescado a un hombre, le quitas el hambre por un día; pero, si lo enseñas a pescar, le quitarás el hambre de por vida”.
Y eso sí queremos. Desterrar de por vida el hambre y las necesidades de la faz del territorio guajiro. Y es entonces cuando se nos ocurre preguntar, ¿no es posible financiar el montaje de una fábrica de zapatos en Uribia y que lo producido se comercialice en las islas del Caribe? ¿Es un imposible pensar en el norte guajiro como todo un potencial turístico con hoteles de cinco o más estrellas? ¿Será una visión irrealizable la construcción de arrecifes y que se posibilite la repoblación de peces en el litoral guajiro? ¿Por qué no pensar en la producción de alimentos basados en los productos del mar como las sardinas? Y queremos dejar constancia de que en otra oportunidad hablaremos del potencial agrícola del sur de La Guajira.
La Guajira, con la frente en alto, no pide regalos; pero sí exige trabajo digno