En materia ambiental el gobierno de Iván Duque deja un sabor agridulce

El Gobierno del presidente colombiano, Iván Duque, abanderó un discurso ambiental que lo llevó a asumir ambiciosos compromisos en la arena internacional y a darle prioridad en la agenda nacional, pero los logros cosechados en este campo dejan un sabor agridulce al final de su mandato.

Los cuatro años del Gobierno que termina el próximo domingo estuvieron marcados por el contraste entre el discurso marcadamente ambientalista de Duque y sus ministros y las polémicas por el fracking, las cifras de deforestación o la no ratificación del Acuerdo de Escazú, entre otras.

Sin embargo, y a pesar de haber sido acusados en varias ocasiones de tener un «doble discurso», la actual Administración deja el poder con la sensación de haber hecho los deberes.

«Es muy satisfactorio porque Colombia es un país que hoy tiene liderazgo reconocido internacionalmente en el tema de la sostenibilidad ambiental», aseguró en una entrevista la vicepresidenta y canciller colombiana, Marta Lucía Ramírez, quien hizo énfasis en el trabajo que se ha hecho en el impulso de protocolos.

Entre los compromisos de Colombia, destacó Ramírez, está la reducción en un 51 % de la emisión de gases. «Nos comprometimos en el 2050 a que este país va a ser carbono neutral», algo para lo que el país ha venido haciendo «una transición acelerada en todo lo que es el uso de energías renovables no convencionales».

Otro triunfo del Gobierno de Duque en términos ambientales fue la generación de canales de financiamiento en temas como deforestación y cambio climático.

Y aunque se han reconocido logros de su política ambiental, como una mayor relevancia en el ámbito internacional, los triunfos han sido «parciales» porque «no existe una información clara y transparente sobre el cumplimiento efectivo de los compromisos», cuenta Mauricio Madrigal, profesor universitario e investigador de la Universidad de Los Andes.

Además, han incumplido varias promesas de campaña, como que en Colombia no habría fracking -ya está en marcha un plan piloto- y las políticas no han frenado la violencia que viven los líderes ambientales en el país, uno de los más mortíferos para ser defensor y activista de la naturaleza.