Consuelo Araújo Noguera, madrina del Festival Vallenato

Hoy mi homenaje va para ‘La Cacica’ vallenata, Consuelo Araújo Noguera. Ayer hubiera cumplido 82 años y de seguro con la misma energía y el mismo amor por el Festival Vallenato, si no le hubieran truncado la vida de manera miserable los narcoterroristas de las Farc. ‘Cacica’ por siempre.

A Rodolfo Molina Araújo, su hijo y sus demás hermanos y nietos, va toda mi admiración por la súper mamá que tuvieron y que dio todo por el vallenato y por su Festival que ella ayudó a crear.
Quién no recuerda esa tarde histórica de febrero de 1968, cuando el siempre recordado expresidente Alfonso López Michelsen, gobernador de la época en el recién creado departamento del Cesar, convocó a Consuelo Araújo Noguera y al maestro Rafael Escalona para organizar unas festividades que fueran grandes e hicieran de Valledupar el centro de atención.
Y fue ‘La Cacica’ quien propuso tomar la celebración de “La Fiesta de las Cargas”, como motivo principal. La fiesta se llevaba a cabo del 29 al 30 de abril y encarna ‘La Leyenda Vallenata’, al conmemorar el milagro de la Virgen del Rosario, cuando resucitó a los españoles envenenados por los indios Tupes, en la laguna del Sicarare.
El expresidente López acogió la idea y propuso un concurso de acordeoneros importantes de la región. Con el guisante de las famosas riñas de gallos, se dio el primer festival, en abril de 1968, con la presidencia de Consuelo Araújo Noguera. Ininterrumpidamente por 19 años consecutivos organizó el festival, con excepción del año de 1983, cuando por razones de orden público, se realizó en el mes de junio. Esta época se denominó Fundación Organizadora del Festival y fueron sus presidentes Consuelo, Gustavo Gutiérrez Cabello, Andrés Becerra, Tomás Darío Pavajeau, Pedro García, Alonso Fernández Oñate y Luis Eduardo Montero.
En 1986 se creó la Fundación de la Leyenda Vallenata y desde esa época fue elegida Consuelo Araújo Noguera como presidente y Gustavo Gutiérrez Cabello como vicepresidente. Ya en esa fecha inolvidable, ‘La Polla’ Monsalvo fue testigo de la creación de la Fundación y se convirtió en la sombra de Consuelo, en su bastión, en su mano derecha y de paso en una de sus mejores amigas. Por eso en la desaparición de ‘La Cacica’, en la 35 versión como premio a toda su lucha, se convirtió en la presidenta del Festival, luego, como es de todos conocidos, la presidencia la ejerce el hijo de la inmolada heroína, Rodolfo Molina Araújo, quien ha seguido los pasos de su madre y ha puesto al Festival en la cima del folclor colombiano.
Valledupar y todos los amantes del folclor no olvidan ese lunes negro, primero de octubre, cuando asistimos a las exequias de ‘La Cacica’. Decía en ese momento y en ese tiempo Juan Gossaín, en RCN Radio, que con la muerte de Consuelo, él había perdido el optimismo y la esperanza de este bello país, que todavía no ha encontrado un norte en materia de paz. Y como escribía el periodista y uno de los que más admiraba Consuelo, Juan Rincón Vanegas: “el día que todo Valledupar lloró”. Cómo olvidar ese día, si en la plaza Alfonso López había sido lágrimas y dolor, lo que venía era más triste.
Los acordeones se abrieron y las voces entonaron el himno del corazón vallenato: ‘El amor amor’. Así todavía recuerda el Valle cuando fue sepultada ‘La Cacica’ en el Cementerio Central y le cumplieron los suyos su voluntad: se fue al encuentro con Dios con un vestido de pilonera blanco, corales rojos en la cabeza y en su tumba la leyenda que pidió en vida a Juan Rincón Vanegas: “Aquí yace Consuelo Araújo, de pie, como vivió en vida”. Y Valledupar y Colombia y todos los amantes del folclor nunca podrán olvidar a Consuelo, ‘La Cacica’ del sentimiento y ‘La Cacica’ de la alegría y en cada Festival  se siente su presencia en forma espiritual y como ella vivió en forma parrandera.
Pero ¿Quién era Consuelo Inés Araújo Noguera, la inmortal ‘Cacica’ Vallenata? Consuelo había nacido el 1 de Agosto de 1940 en La Mina, Cesar, y asesinada el 29 de Septiembre de 2001, ocasionada por esos asesinos impíos que ha dado la patria, para desdicha de nuestro infortunio. Fue una aguerrida  política, escritora y gestora cultural colombiana, conocida ampliamente por su impulso a la cultura de la música vallenata y a la creación del Festival de la Leyenda Vallenata. Fue ministra de Cultura durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana Arango. Secuestrada y asesinada por sus captores, la guerrilla de las Farc, mientras dialogaban sobre la paz con el gobierno del presidente Pastrana.
Desde niña, Consuelo tuvo su vocación en la del cultivo del espíritu, una febricitante y exhaustivo trabajo, cuya dignidad los antiguos resultaban llamándole ocio, por no tener la mácula de la retribución pecunaria. Generosidad, nobleza y talento eran las tres características esenciales de esta mujer ejemplar, que se distinguió durante su existencia por una devota admiración y defensora del folclor vallenato al que dedicó toda su vida. Un optimismo creciente en el porvenir del país y de los colombianos, una alegría contagiosa y entusiasta y unos ideales de superación que a todos causaban asombro.
Consuelo, nuestra siempre recordada ‘Cacica’ Vallenata, hacía mucho énfasis en la distinción entre persona y personaje.  Mientras otros se inclinan ante los personajes, decía ella, el costeño solo reconoce valor en las personas. Esto explica la familiaridad que puede trabarse allí entre un intelectual  y un campesino, por ejemplo, sin que se pierda por ello el mutuo respeto. Consuelo Araújo Noguera no solamente predicó esta tesis sino que la practicó, al unirse a una amistad por más de 30 años con su inseparable ‘Polla’ Monsalvo en el trajinar de la creación y Fundación de la Leyenda Vallenata, quien la acompaña en el reino celestial.
En sus Bodas de Oro, sus primeros 50 años de creado de la mano de Consuelo, de Escalona y de López Michelsen, el Festival  y su consejo directivo, en cabeza de su hijo Rodolfo, les hizo un homenaje a estos tres baluartes que tuvieron la idea en un mes de febrero de 1968 de crear este gran festival, el primero en su género y que representa la leyenda de tantos acordeoneros, verseadores, compositores, cajeros y guacharaqueros que conforman la música tradicional vallenata, que la Unesco  ha declarado como: Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.