Una verdadera atención en salud es lo
que necesita La Guajira para vivir sabroso

Por: Erika Romero

Por más de 50 años, convertirse en madre en el departamento de La Guajira, en la etnia wayuú, es resultado una verdadera hazaña de constancia y resiliencia; esta es la conclusión en mi opinión, luego de haber conocido y autorizado compartir en este importante medio por parte dos médicos a quienes admiro mucho y de los familiares, la historia real del heroísmo de una joven madre wayuú, a quien por protección de su identidad llamaré ‘Juana’.

Todo comienza cuando ‘Juana’, una joven wayuú de 18 años, estudiante de octavo grado de secundaria, residente en una comunidad indígena a 30 minutos del corregimiento de Mayapo, quien utilizaba una bicicleta como medio de transporte para poder llegar a su lugar de estudio le toca afrontar una dura situación cuando queda embarazada de un hombre de su misma etnia diez años mayor que ella, comprometido con un hogar constituido con otra mujer el cual se niega a aceptar la paternidad del hijo concebido en el vientre de ‘Juana’, dejándola sin apoyo emocional y económico, lo que la obliga a dejar sus estudios.
‘Juana’, deseosa de continuar con su embarazo y convertirse en madre, inicia el proceso para dar comienzo a su control prenatal. Para esto se traslada desde la comunidad donde vive hasta Mayapo, pero en el puesto de salud no fue atendida porque su afiliación estaba verificada en el municipio de Manaure, por lo que decide regresar a su comunidad y continuar su gestación sin control alguno, ni atención médica durante los nueve meses que dura el estado de gestación, ya que no contaba con recurso para trasladarse a Manaure, donde le habían asignado su atención prenatal.
El día 11 de mayo del 2022 a una semana antes de creer que iba a entrar en labores de parto toma la decisión ir a la comunidad donde residía su abuela que quedaba a una distancia de más o menos una hora en moto, único transporte con el contaba en el momento, para que su abuela la ayudara en el momento del parto, ya que durante muchos años se ha dedicado a ser partera en la comunidad teniendo en cuenta sus usos y costumbres propios de la etnia wayuú. Ese mismo día iniciaría el calvario de ‘Juana’, que desde el momento que llegó a la comunidad de su abuela comenzó a quejarse dolor de cabeza y tenía mucha hinchazón en sus miembros inferiores sin otro síntoma aparente. Al día siguiente, aproximadamente a la 2:00 am el dolor de cabeza que aquejaba a la joven se intensificó hasta el punto de ser incontrolable, pera esta vez se quejaba de dolor abdominal, lo que hizo presumir a su abuela el inicio de labor de parto. Al levantarse del chinchorro donde se encontraba descansando, ‘Juana’ cae súbitamente al piso y empieza a convulsionar, según los familiares que fueron testigos del hecho, quienes manifestaron: “Tenía temblores, la manos tiesas, los dientes apretados y botaba saliva como espuma por la boca”. Posteriormente a este episodio convulsivo no se veía bien, estaba distraída y aún estaba hinchada afirmaron sus familiares.
A las diez de la mañana, trascurridas ya ocho horas del episodio convulsivo; la familiar quien nos permitió narrar los hechos, había hablado con su madre, la partera, y logra convencerla de su traslado a un centro asistencial de salud.
Para su infortunio, las condiciones climáticas no estaban a su favor; sin embargo, en medio de la lluvia la tía y ‘Juana’ deciden salir caminando un tramo aproximadamente de 20 minutos hasta la carretera en medio de la lluvia torrencial y esperar un transporte, el cual demoró en pasar diez minutos. Fue en una moto en la que lograron trasladarse hasta el corregimiento de El Pájaro, jurisdicción de Manaure.
Aproximadamente, a la 11 y 30 de la mañana, ‘Juana’ y su tía se encontraban en el puesto de salud. La joven fue atendida por un médico rural, iniciando manejo de control de cifras tensionales, las cuales estaban demasiado elevadas, un signo de alarma para su estado de gestación.
Con el pasar de las horas el estado de salud de ‘Juana’ se deterioraba aún más, por lo que el médico decidió remitirla a Riohacha, pero no contando con la suerte de poder contar con una ambulancia para el traslado de la joven. Se debía esperar un transporte que venía de Aramesain, un corregimiento perteneciente a Manaure y que logra llegar a la 1:00 de la tarde para emprender su viaje hasta la ciudad capital.
A las tres de la tarde, al fin llegan a un centro asistencial en la ciudad de Riohacha, ingresando como urgencia vital y un fatídico diagnóstico; embarazo de 35 semanas (8 meses y unas semanas), más trastorno hipertensivo del embarazo, má eclampsia (convulsiones en el embarazo), más óbito fetal (muerte fetal de menos de 24 horas) con embarazo no controlado.
Inmediatamente proceden a realizársele una cesárea con óbito fetal, con desprendimiento de su placenta y manejo multidisciplinario en alta dependencia obstétrica (UCI).
Esta dolorosa situación que vivió ‘Juana’ es la realidad que viven muchas mujeres wayuú en las instituciones de salud del departamento de La Guajira. Realmente nos entristece, pero veo necesaria que sea de conocimiento de todos los lectores de este medio esta situación que es el producto de un sinnúmero de acontecimientos sociales que influyen de forma exponencial como lo son: el nivel educativo, social, económico, cultural, geográfico y nutricional.
Según datos del Instituto Nacional de Salud; a la semana 15 del año 2022 en Colombia se llevaba un total de 132 muertes maternas y La Guajira no es ajena a este tipo de eventos en donde se tiene una media de 150, 7% muertes por cada 100.00 partos, lo que nos ubica en el cuarto departamento con más riesgo de morir en estado de embarazo.
La geografía guajira es amplia y hermosa, alberga habitantes en zona rural dispersos y que imposibilita la atención médica oportuna, por no contar con óptimas vías de acceso que permitan una atención de salud de alta calidad, pero esto no exonera a las EPS y a las IPS que realicen captaciones poblacionales, sobre todo a los más vulnerables y en situación de riesgo en salud, como se hacía anteriormente cuando las instituciones se valían de las antiguas promotoras de salud.
De igual forma, las instituciones gubernamentales no están exentas de responsabilidad, y hago referencias a la APH (atención prehospitalaria) y educación la primera responsable de tratar de entablar conexión directa con la población que necesita una atención adecuada de urgencia y un traslado objetivo a instituciones de salud que pueda brindar una atención de alta calidad y disminuir estos índices.
Todos somos responsables socialmente de esta triste realidad que se vive día a día porque somos quienes tenemos la facultad de elegir a nuestros gobernantes de los que hoy en día no tenemos la oportunidad de poder ver reflejado las gestiones para mejorar el sector salud en La Guajira, muchos de ellos no han hecho absolutamente nada y pretende en épocas electorales sacar el pecho los mismo que no aportado nada para mejorar la realidad de los miles de ‘Juana’, que viven en La Guajira.
Nuestro deseo más grande debe ser que no se tenga que contar ni que vivir historias como la de la joven ‘Juana’, que nuestros médicos continúen esforzándose y aportando su conocimiento para que no perdamos la esperanza de que los cambios lleguen y que podamos tener por lo tanto una mejor sociedad. ¡La Guajira necesita mejoramiento en el sector de la salud para vivir sabroso!