Política de estado contra el hambre y la sed guajira

El problema que está viviendo La Guajira, especialmente los municipios que conforman el norte de la península, por la gran sequia, la hambruna de la gran nación wayuú colombiana y la desnutrición alarmante de la niñez indígena, no es un problema coyuntural, es un problema de fondo que necesita acciones profundas por parte del gobierno nacional, implementando políticas de Estado para acabar de una vez por todas con la hambruna y la sed milenaria de los wayuú.

La sequía siempre ha sido el común denominador en esta región del país, sí caen algunos milímetros, pero de manera esporádica, tal como lo ha afirmado el senador guajiro de la Unidad Nacional, Alfredo Deluque Zuleta, varios foros sobre la sequía de La Guajira y la paz de Colombia y lo ha expresado tajantemente, que el problema de la sequía es estructural y no coyuntural, es decir, las soluciones deben ser de fondo y no de manera emergente y por ello ha dejado sentado su posición como defensor de su tierra, “La Guajira debe ser objeto primordial del gobierno nacional en esta crisis”.
Por ello, el Estado debe aplicar mecanismos de fondo, para solucionar de una vez por todas, la situación aberrante y vergonzante del hambre, de la sed y de la mala calidad de vida que les ha tocado soportar a municipios como Uribia, Manaure, Maicao, Albania, Hatonuevo, Barrancas  y una porción importante de Riohacha, entre otros productores de minerales energéticos, pero sus presupuestos fueron menguados con el Acto Legislativo No. 11 del gobierno nacional, razón por la cual, el senador Deluque Zuleta ha dejado siempre fijada su posición en  importantes foros, como por ejemplo, cuando el foro “la reforma a las regalías le quitó la posibilidad a las administraciones locales de continuar con la ejecución de los proyectos”. Que nos dejó menguados cientos de proyectos a lo largo y ancho de nuestro departamento.
Ahora, el problema del agua es milenario en la Alta Guajira. El Gobierno nacional tiene la solución. La Represa del Ranchería, que se encuentra subutilizada desde el año 2010, cuando fue inaugurada en su primera fase y que almacena 198 millones de metros cúbicos que solucionaría y mitigaría la sed de estas comunidades. Con esa capacidad le daría agua a todo el Departamento. Si la de Chingaza, con 220 millones de metros cúbicos, le suministra agua a 6.5 millones de habitantes, ¿por qué la del Ranchería no le daría a toda la población guajira que está por encima del millón cien mil habitantes?
Por ello, en el presupuesto que el Congreso aprobará en el mes de octubre para el año 2023, se debe incluir la partida para construir la segunda fase de la Represa, para que la línea de conducción genere agua a los nueve municipios programados en los estudios de factibilidad y construir los distritos de riesgo del Ranchería y San Juan del Cesar que irrigará 18.536 hectáreas, para que La Guajira sea productiva y competitiva en los mercados de la productividad.
Con estas dos acciones que la bancada mayoritaria que tiene el Pacto Histórico en el congreso, apoyaría de manera decidida con los senadores Alfredo Deluque, Martha Peralta, Carlos Trujillo, Imelda Daza, Ayda Abella, quien está defendiendo a nuestro Departamento y los parlamentarios Jorge Cerchario, Juan Loreto Gómez y Karmen Ramírez, más el apoyo de otros congresistas del país, como del Cesar, Magdalena y Atlántico, se darían soluciones a dos problemas graves y de fondo que padece La Guajira: agua por fin potable para el norte de la península y parte del Sur de La Guajira y poner a producir a la tierra de buena calidad en los municipios de Barrancas, Fonseca, Distracción y San Juan del Cesar, Villanueva y El Molino, con tecnología de punta, para que el departamento entre a competir de manera incluyente en los mercados nacionales e internacionales, a través de alianzas estratégicas con excelentes integradores del orden nacional e internacional.
Ahora, una vez puesto en funcionamiento los acueductos del Norte de la península con aguas de la Represa del Ranchería, así como la entrada en funcionamiento de los distritos de riesgo, superada la sed y la hambruna, ya que habrá comida en abundancia, producida en este nuevo corredor verde de la prosperidad y de la productividad en pleno corazón del Sur de La Guajira, el gobierno nacional debe implementar políticas públicas que vayan en concordancia entre lo programado, lo planificado y lo realizado. ¡Manos a la obra pues!