El desastre de la pandemia en la educación

Si hasta ahora no se ha medido, quizá nunca se haga. Hay que reconocerlo. En Colombia y en forma muy particular, en La Guajira, no medimos nada. No medimos porque no estamos acostumbrados a definir y mientras no definamos no podemos medir.

No se puede porque no tenemos los elementos de juicio, es decir, no tenemos los datos y sin datos no se puede trabajar. Por fuera de los datos, lo que existe es la especulación, las creencias sin fundamento y los llamados chismes que no resisten ninguna investigación ajustada al rigor científico.
De allí la importancia de cómo se viene abriendo paso el periodismo de datos para dejar de lado el “se cree”, “se presume” o el atribuirle declaraciones a “fuentes serias”. Las opiniones son respetables. Ni más faltaba que se viole o se prohíba el derecho a opinar. Todo el mundo tiene derecho a opinar. Sobre lo humano y lo divino. Muchos de los que opinaron que el Covid-19 era un invento del comunismo chino hoy están chupando gladiolos en los Jardines de Paz.
Y se seguirá opinando sobre la bendita epidemia, pero mientras muchos opinaban, otros se entregaban día y noche a la investigación. Definiendo y midiendo, comparando equivocándose para volver a definir y volver a medir. Hasta que dieron con la bendita vacuna que frenó la devastación que se cernía sobre la especie humana. A Dios gracias.
Pero. ¿Qué se midió en La Guajira? Ni en el número de muertos por Covid-19 hay plena seguridad. ¿Habrá idea del retraso que han experimentado los estudiantes guajiros después de casi 2 años y medios largos de asistir a las clases virtuales? ¿Qué consecuencias trajo en el rendimiento académico la virtualidad? ¿Qué es la virtualidad? ¿Cómo enfrentaron la virtualidad los estudiantes de las rancherías de las comunidades wayuú y afrodescendientes? ¿Se acortó la distancia entre escribir manualmente y escribir en una computadora?
Nada de eso se ha definido. Nada de eso se ha medido. Vamos avanzando a golpes de viento tratando de que nuestros niños y jóvenes aprendan todo lo que necesitan para sobrevivir en una sociedad que cada vez más valora el conocimiento. Y adquirir el conocimiento cuesta y eso no es barato. Hay que medir. Medir para sacar conclusiones. Y a partir de las conclusiones tomar decisiones que se acerquen lo más posible a la verdad y ello posibilite salir del atolladero en el que se encuentra La Guajira.
Un problema a superar es que medir es un hecho cultural. Y, lamentablemente, no hace parte del acervo cultural de los guajiros. No medimos nada. Muchas familias ni siquiera saben cuánto se gastan mensualmente en comida y pago de servicios públicos. Y así vamos. Casi ciegos. De bonanza en bonanza. Y pueblo que no mide fácilmente cae en manos de la brujería.