Ya debe profesionalizarse el arte de la presentación de nuestros festivales

Por el arte de ser presentador de nuestros festivales de música tradicional vallenata, muchos se han apasionado, pero pocos han permanecido, o han logrado mantenerse en esa actividad artística con éxito y reconocimiento. 

La denomino artística por ser ejecución de un arte, cómo es presentar e informar al público lo que sucede y lo que va a suceder, de acuerdo con una programación, y los detalles más importantes y relevantes de un festival; y no artística por ser su actor una luminaria talentosa de una vocación, o por el desarrollo creativo de un don que Dios ha dado.

A estas alturas, después de más de 50 años de esta actividad, muchos somos los que comenzamos a verla como una posible profesión con formación  que demanda la construcción de un pensum, de un programa de formación cultural y de modales de comportamiento y de presentación personal;  comportamientos éticos, conductuales y buen uso de normas de urbanidad, así como la cualificación y educación de entonación, vocabulario, vocalización, y muy finamente la caracterización del tono de voz y su reproducción en medios estereofónicos.

Es aquí donde se debe pulsear la participación del Sena, o de institutos técnicos que asuman esa formación o certificación por competencias.

Una mirada a la entrada de muchos que aún están en el medio, y a la salida de otros que intentaron y han quedado en el intento, nos dice que eso tiene muchas razones o causas.

Están quienes han creído que solo el tono de voz es suficiente; están quienes por ser comunicadores sociales y periodistas creen que tienen un plus, y realmente no han calado; hay quienes por ser locuaces y verborreicos debajo de una tarima, creen que pueden hacerlo arriba, y muchos se han estrellado allá mismo, arriba en la tarima; muchos lo han intentado porque les gusta el arte, pero no dan la talla y perecen; incluso, lo han intentado hijos de presentadores que tenemos, y al darse cuenta que eso no es genético ni heredable, también pasan hacer parte de la historia como que quisieron y no pudieron; hay quienes «son impuestos» para darles una oportunidad y solo tienen esa o muy pocas oportunidades más antes de desistir; y hay los más dolorosos, esos que se dan cuenta por sí mismo «que no pegan».

Definitivamente, quiénes hemos en nuestras vidas asistido o participado en la organización, dirección, o disfrute cómo simples espectadores de festivales, sabemos todo lo que se teje debajo de esa responsabilidad de designar antes, contratar hoy, a los presentadores.

Gracias a Dios que, por su perseverancia y esfuerzo personal de ser cada día mejores, tenemos presentadores de exportación, y eso es porque por muy buenas razones artísticas y personales los llevan como presentadores en muchos festivales de Colombia.

Es importante revisar cómo han llegado y como se han mantenido en el medio algunos presentadores. Son empíricos, obviamente, pero se han esmerado de hacer del arte de la presentación una actividad con dignidad y majestad. Se les respeta y quiere por su calidad y altura en sus comportamientos personales y tanto arriba como debajo de un escenario, y porque se convierten en símbolos de los festivales y llega uno a asociarles su voz y hasta su vestimenta, con determinados eventos folclóricos, y, por lo tanto, «son ya como parte de esos festivales».

No puedo dejar de remontar mis recuerdos a los inicios de algunos festivales porque conocí el nacimiento de presentadores de festivales, caso Guillermo Alfonso Mejía y «Pepe» Jiménez. Ambos nacieron y se forjaron como hombres de radio y de la presentación. Con diferentes características en sus tonos de voz y en sus mecánicas y manejo del arte; y en sus competencias y destrezas para dirigir este componente tan sensible de un festival. Ellos nos marcaron como una matriz de cómo debe ser la presentación y el presentador. Y eso, incluso les abrió espacio y los posicionó no solo en la presentación de festivales, sino en la radio y en escenarios con agrupaciones musicales.

Este arte tiene en Luis Alandete, «Lucho Alandete», una escuela viva «de ejemplo y plana» para las actuales y futuras generaciones. Enseñó Lucho también, cómo se debe crear simbiosis entre el público, los directivos de festivales y los presentadores. Él enseñó a disminuir el riesgo de aversión o subversión en una plaza contra el festival. Por eso, de manera figurada como me dijo un amigo: «el presentador que quiera salvar un festival tiene como hacerlo, pero el que se lo quiera tirá, se lo tira».

Y también debo recordar la portentosa y agradable sonoridad, y el elegante estilo de Electo Gil Bustamante. 

Y grato referirme a los decanos de la presentación de festivales como son Isaac León Durán y Jaime Pérez Parodi (ambos con ancestros fonsequeros), quienes hoy hacen parte no del formato del Festival de la Leyenda Vallenata, sino de la historia escrita, oral, visual y auditiva de ese magno evento

Y destacar a José Ignacio Araújo Montero, «Nacho» Araújo. Es de público reconocimiento no solo por los espectadores y asistentes de muchos festivales, sino también por colegas suyos, la encomiable entrega, espíritu de superación y gran comportamiento de «Nacho», lo que lo ha mantenido vigente, acompañando esto su gran tono de voz, su manejo gutural y estilo propio.

Es grande también Aníbal De Luis Polo y se posiciona ya con buenos ribetes dorados, William De La Rosa.

Y así, son muchos más los que nos hacen sentir orgullosos de ellos porque su arte también es carta de presentación positiva de nuestros pueblos en muchas otras partes del país; porque incluso, ya la grandeza de un festival se comienza a medir por quién o quiénes fueron su presentador o presentadores. 

Hasta allá ha llegado la labor de estos gladiadores del micrófono y las tarimas; ellos, sin proponérselo son o pueden ser bálsamo o pacificación en un momento dado, es decir, se convierten en la voz más acogida en una plaza.

Por eso, bendita actividad a la que le deseo un mejor presente y un robusto futuro sí la academia nos da la mano. Y exigiría yo, para la formación de los que quisieran desarrollar este talento, unos requisitos cumplibles, pero bien estrictos.

«Sé que hay talento en la campiña, falta cultivar para recoger buenos frutos».

Quiero llamar la atención por la falta de mujeres en este arte. 

Actualmente y de manera muy eficiente están Karen Orcasitas Anillo, de Villanueva, y Kasandra Cuello de Fonseca. Pienso que es porque no se han propuesto, o no sé atreven más. Debemos estimular y apoyar su incursión y formación. Ojalá más mujeres entren a fortalecer y adornar la ejecución de este arte.

Ojo, los exitosos que están, y pido disculpas por no mencionarlos a todos en mi nota, aún tienen espacio para rato, pero estoy seguro que ellos mismos desean que este arte cada día se renueve, se tecnifique y crezca con solvencia y calidad en todas sus cualidades y exigencias.