Los festivales deben imitar lo bueno

Este año, con la reactivación total de actividades presenciales llegaron de nuevo los festivales vallenatos, y en muchos casos con más fuerza por haber sido suspendidos durante dos años consecutivos. En algunas ciudades y poblaciones los continuaron haciendo de manera virtual; sin embargo, la gente esperaba sentir el calor de los fuelles y ver sudar a los acordeoneros, que no a los acordeonistas, pues estos últimos no sudan, sencillamente porque no tocan vallenato.

Este último tercio del año habrá muchos más festivales que los realizados en el primer semestre. En esta columna no voy a mencionarlos, pero sí en una próxima. Hoy quiero llamar la atención, en especial a tres de los que considero se encuentran en un altísimo nivel y se han ganado estar en el top 5, es precisamente no imitar lo malo que se observa y se critica de los festivales mayores y mejores. Las cosas malas que ya son un secreto a voces.

Ya se realizó uno de ellos, el de mi pueblo, La Loma, Cesar, Festival de Canciones Samuel Martínez, versión 30. Este fin de semana se realiza la versión 44 del Cuna de Acordeones de Villanueva, en homenaje a ‘Rafa’ Manjarrez, y del 13 al 16 de octubre se realizará la versión 36 Rey de Reyes del Festival del Rio Grande de la Magdalena, en Barrancabermeja, Santander.

Los festivales vallenatos que están siendo imitados en las cosas malas deben estar felices, porque como dijo el dramaturgo español Jacinto Benavente: “Bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos”.

Los errores más protuberantes y que afectan este tipo de competencias tienen que ver con la selección y designación del jurado, les doy unos tips:

  1. Quienes integren el jurado no pueden ser personas que ya de antemano tengan mala reputación en otras profesiones y actividades de la vida. En lo posible, no poner políticos, así sean o se las den de músicos, eso de calificar a los participantes pensando en quien le puede poner más votos en las próximas elecciones, no tiene nada de ecuanimidad, ni de imparcialidad u objetividad.
  2. No puede haber un miembro del jurado al que se le otorgue o se crea con más poder que los demás. En la medida de lo posible, estos deben ir separados y que ninguno de ellos tenga acceso a ver, manipular o incidir en el puntaje del otro.
  3. Aspirante a jurado que se vive ofreciendo o insinuando, casi siempre lleva intereses particulares ‘non santos’.
  4. Los miembros del jurado no pueden ser los mismos para todas las categorías o concursos, en lo posible, en cada ronda un jurado diferente y en la final nunca deben ir quienes calificaron ya en anteriores rondas.

Los organizadores de estos eventos deben despojarse del regionalismo natural y de privilegiar a los participantes locales, esto sin duda desmotiva a los que vienen de otras poblaciones o regiones que hacen mucho más gastos y sacrificios.

El lugar de nacimiento del participante debe ser solo un dato y no puede ser factor decisivo de los organizadores o el jurado para favoritismos.

En fin, la imparcialidad, objetividad, ecuanimidad, probidad, ética y la moralidad son principios que no pueden faltar en todo tipo de competencias.

Colofón: El Festival de la Leyenda Vallenata, que sin duda es el referente mayor, tiene cosas muy buenas para imitar: Concursos de pintura infantil, concursos para escoger el afiche, desfiles de piloneras, caravana de jeeps Willis ‘Parranderos’, etc. Pero también, cada pueblo tiene sus particulares costumbres y condiciones para ponerle a cada festival su propio sello y su verdadera impronta.