¿El ombligo del mundo?

De acuerdo a su discurso en la 77 Asamblea de la ONU, el presidente colombiano Gustavo Petro debe pedirle al Partido Comunista Chino que rebaje a su mínima expresión el CO2 que envía a la atmósfera ese país asiático y que representa el 30% a nivel mundial, siendo el que más contamina.

Además, exigirle al régimen chino la legalización de la cocaína, y así saber cuál es la respuesta de Pekín al mandatario nacional, porque definitivamente, en ocasiones se pretende ser el ombligo del mundo; subrayando que los discursos de los jefes de Estado en la ONU, en la mayoría de los casos se convierten en algo alegórico.
Colombia, de acuerdo a la contaminación ambiental del planeta por gases de efecto invernadero, solamente representa el 0.4% dentro de todas las naciones, sin embargo debe adquirir compromisos con la comunidad internacional, dado que en las últimas dos décadas ha perdido 3.200.000 hectáreas de bosques, principalmente por el cultivo de la coca, de manera que el presidente Petro en su discurso en la ONU tendría que haber hecho alusión a esa situación frente al cambio climático y comprometerse a impulsar durante su gobierno una campaña a gran escala de reforestación para recuperar las hectáreas perdidas, demostrando de manera efectiva el compromiso real ante la crisis ambiental; puesto que la retórica sirve para lograr loas de los admiradores, pero si no hay propuestas ciertas en un escenario tan importante, eso se queda solamente en la anécdota.
Hay un tema de palpitante actualidad que pone en peligro la existencia humana, ahora; como son las amenazas con su arsenal atómico que ha hecho en varias oportunidades el presidente ruso Vladímir Putin desde que comenzó la invasión del Kremlin a Ucrania en febrero pasado, algo que no mencionó el presidente de Colombia en su alocución en la ONU, puesto que la defensa de la especie humana únicamente no es a futuro, sino también en el presente, advirtiendo que la guerra en Ucrania no solamente ha producido más de 13 millones de refugiados en Europa, sino que además el peligro de una crisis económica mundial es latente, en donde las hambrunas se podrán convertir en una situación permanente.
En Colombia, frente al cambio climático se tienen criterios selectivos por parte de los grupos marxistas; por ejemplo, se condena con vehemencia a países del norte desarrollados, pero no se conoce el repudio a las acciones genocidas que han realizado desde hace 36 años las guerrillas comunistas, tal vez porque la ideología supersticiosa del marxismo leninismo le da patente de corso para no ser rechazadas como corresponde, en los casos de las voladuras de los oleoductos y la minería ilegal; habida cuenta que por voladuras de oleoductos se han derramado más de 5 millones de barriles de petróleo.
O sea que la narcoguerrilla en Colombia ha sido enemiga del planeta, se ha visto que arruina los ecosistemas y contamina el agua, la flora y la fauna. Esto sin pasar por alto que las enseñanzas marxistas en contra de la humanidad son “una guía para la acción” y su aplicación práctica también la podemos observar con el crimen ecológico que ha producido el accionar de las bandas armadas comunistas.