La nueva reforma tributaria

La nueva reforma tributaria que presentó el gobierno de Gustavo Petro está generando incertidumbre en la creación de nuevas empresas y pánico en el mantenimiento de las existentes, todo debido a la cantidad de impuestos que se anuncian al cual afectaría directamente al consumidor final.

Aparte de eso, la nueva reforma quiere recargar de impuestos a las empresas que son las generadoras de empleo, lo que pone a pensar a los empresarios en abandonar este tipo de actividades y así aumentar el desempleo y disminuir el consumo de los productos gravados.

Desde nuestra óptica, en la medida en que el gobierno proteja tributariamente a la empresa e incentive el empleo, se aumenta el consumo de productos gravados por parte del trabajador y por ende se incrementa el recaudo que requiere la reforma tributaria, pero amen de eso, también observamos cómo muchos trabajadores aplauden el aumento de los impuestos a las empresas donde laboran, no sabiendo que esa alegría se le puede convertir en tristeza.

Llámese cargas fiscales, tributos o carga económica, cualquier empresario en Colombia está obligado a pagar en impuesto, insumos de producción, servicios públicos, nómina y sus respectivas prestaciones sociales, llevándose allí por encima del 95% de cada peso que vende y luego de eso, vienen las extorsiones de los grupos al margen de la ley y de aquellos funcionarios y entidades que también generan presión para desangrarlos. Un trabajador en Colombia recibe tranquilamente su salario, pero muchos no saben que ese patrono tiene que pagar Impuesto de Renta, Impuesto al Valor Agregado (IVA), ICA, Retención en la Fuente, Impuesto al Patrimonio, Gravamen a los Movimientos Financieros y Aportes Parafiscales.

Los colombianos también debemos propender por la salud de las personas a la hora de consumir productos que son dañinos, e allí en donde compartimos que a las bebidas azucaradas y los alimentos ultra procesados deben tener toda clase de impuestos, pero hay que eliminar la carga impositiva a los productos básicos de la canasta familiar o de consumo saludable, mientras que también compartimos el impuesto a los depredadores pasivos del medio ambiente; es allí en donde la reforma tributaria debe ser agresiva con los llamados “impuestos ambientales”.