Los más cercanos a García Márquez antes del Nobel

El cuadragésimo aniversario del Nobel otorgado a Gabriel García Márquez bien merece esta segunda columna periodística. Hablaremos brevemente de algunos de los amigos de nuestro escritor; de los que no se apresuraron a rodearlo al calor del éxito alcanzado en 1982 en Estocolmo, pues venían acompañándolo desde sus primeros años de ejercicio periodístico y literario, conocieron muchos de sus manuscritos, los criticaron y celebraron en un recinto que ahora es centro de cultura en Barranquilla.

Indudablemente, en “La Cueva”, en medio de reuniones bulliciosas que sus integrantes llamaron tertulias, nació lo que se conoce hoy como “Grupo de Barranquilla”. A propósito, para quienes alguna vez pusieron en duda que existiera el mencionado grupo, están las palabras de Heriberto Fiorillo, director de la Fundación La Cueva: “Era tan grupo el grupo, que no hubo necesidad de legitimarlo con un sello y varias firmas. Era, además, un grupo al que, de verdad, no le gustaban los grupos”.

Entre los amigos del Nobel colombiano en “La Cueva”, encontramos a Alfonso Fuenmayor, mencionado en “Cien años de soledad”; también aparece como amigo de Agustín, joven dueño del gallo en “El coronel no tiene quien le escriba”. Paradójicamente, Fuenmayor no fue lo que en rigor se conoce como escritor, término aplicado casi con exclusividad a los novelistas, cuentistas, dramaturgos y ensayistas. El periodismo absorbió su actividad: prefirió dedicarse de tiempo completo a la publicación de artículos en la prensa, aunque de alguna forma se asomó al campo editorial con el volumen titulado “Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla”, publicado en 1978. Era el de más edad en el Grupo. Nació en 1917 y murió en 1994. Fue él quien descubrió que en un sector de Barranquilla existía un sitio llamado originalmente “El Vaivén” y allí acudió durante muchos años con sus amigos para conversar sobre literatura y otros temas culturales.

El “Grupo de Barranquilla” platicaba sobre Faulkner, Cortázar y todas las novedades literarias conocidas por ellos, pero sobre todo, como dice el crítico Nicolás Pernett, se dedicaban “a mamarle gallo interminablemente a la vida”.

 Otro de los amigos de García Márquez en “La Cueva” fue Germán Vargas Cantillo (1929-1991). Tenía fama de ser el colombiano que más rápido leía textos escritos por otros; por eso participó como jurado en innumerables concursos literarios y prologó muchísimas obras. Fue director general del Instituto Nacional de Radio y Televisión y director de la Biblioteca Departamental del Atlántico, además de columnista del diario El Heraldo, de Barranquilla. También fue corresponsal de El Liberal, dirigido por Alberto Lleras Camargo, y periodista de planta del periódico El Nacional. Publicó las conocidas columnas “Un día más” y “Una ventana al mar” en El Heraldo.

     Álvaro Cepeda Samudio nació en Ciénaga, Magdalena, en 1926. Murió en Nueva York en 1972. Se lo considera uno de los grandes promotores de la cultura colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Estudió periodismo en los Estados Unidos, donde adquirió una visión moderna de ese oficio. Introdujo en el país la tendencia llamada “Nuevo periodismo”, que combinaba crónicas noticiosas con visos de literatura; sin duda, Hemingway le había dejado un valioso legado. En la narrativa, sus obras son “Todos estábamos a la espera” (1954), “La casa grande” (1962) y “Los cuentos de Juana” (1972). Cuando Cepeda conoció los borradores de “Cien años de soledad”, le dijo a Gabo, medio en serio y medio en broma: “Me la robaste”, pues encontró numerosas alusiones parecidas a lo que habían compartido en “La cueva” alrededor de la novela del escritor cienaguero: “La casa grande”.

En “La Cueva”, el pintor Alejandro Obregón, con su prosa cautivante apoyada en sus profundos conocimientos, ilustraba a los asistentes: no en vano poseía una biblioteca de más de siete mil libros y era empedernido visitante de la librería de Ramón Vinyes, el sabio catalán de “Cien años de soledad”. Rafael Escalona también pasó por “La Cueva”; parece que su asistencia no era muy frecuente.

Aunque nada tuvieron que ver con el “Grupo de Barranquilla”, fueron amigos muy cercanos a García Márquez el poeta y escritor bogotano Álvaro Mutis, el periodista y escritor Plinio Apuleyo Mendoza y el fotógrafo y periodista Guillermo Angulo, autor de “Gabo más 8”.