Responsabilidad y reorientación en el uso de las regalías

El análisis del presupuesto bienal de regalías presentado al Congreso a través de las comisiones económicas conjuntas por los ministerios de Hacienda y de Minas y Energía para el respectivo debate nos depara sorpresas relevantes, la más notable es el incremento sustancial de regalías a recibir por los distintos entes territoriales.

Entre el bienio 2021-2022 y 2023-2024 se aprecia un crecimiento del 94% de los ingresos previstos. El presupuesto del periodo 2021-2022 fue de $ 15.4 billones, mientras que el presupuesto aforado para el bienio 2023-2024 es de $ 29.9 billones, incluyendo los rendimientos financieros se eleva a $ 31.3 billones. De manera que tanto los alcaldes y gobernadores salientes (diciembre 2023) y los que asumirán en el próximo periodo (enero 2024) dispondrán de un ciclo de ‘vacas gordas’ en cuanto atañe a recursos a percibir por regalías, en el último año los primeros y en el primero los segundos.
Desagregados por origen, los recursos por concepto de regalías aforados para el bienio 2023-2024, $22. 6 billones, el 72% corresponden a hidrocarburos y $7.3 billones, el 23%, son generados por la minería, principalmente por la producción de carbón. El aporte de este mineral dentro de los recursos aforados para el bienio es de $5.7 billones. El resto corresponde como queda dicho a los rendimientos financieros ($1.3 billones), y una cifra ‘intrascendente’ ($33 mil millones) provienen de minerales sin identificación de origen.
Los ingresos por hidrocarburos crecieron con respecto al bienio anterior, en un 84%, mientras que los ingresos por minería crecieron con respecto a ese mismo periodo en un 131%. Esto se restituirá en reveladores montos a las regiones tanto productoras de petróleo como a las carboníferas; en los componentes de Asignaciones Directas, Asignación para Inversión Regional y la Asignación para Inversión Local en los municipios más pobres del país. Al mantenerse por mandato constitucional, la distribución porcentual de las asignaciones, los montos respectivos aumentan en función del incremento proyectado de los ingresos corrientes.
Entre los factores determinantes del crecimiento desmesurado de las regalías figuran: la coyuntura internacional de la guerra entre Rusia y Ucrania que se tradujo en un incremento de la producción y de las exportaciones, de los precios del petróleo y del carbón y la depreciación del peso colombiano, lo cual se calca en una sustancial Tasa Representativa del Mercado. Esos dólares por concepto de la venta de hidrocarburos y minerales, al ser monetizados se truecan en un alto volumen expresado en pesos colombianos, de manera que la coyuntura de devaluación acelerada tiene de largo y de ancho, algunos pierden, pero otros ganan.
Aunque pueda parecer paradójico, ello conduce al reforzamiento de los postulados profesados por el actual gobierno, en los que son determinantes las corrientes y tendencias contemporáneas del desarrollo: “La inversión de regalías permitirá usar los recursos del SGR para transitar en linea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con la adopción de medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos, sin poner el riesgo el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos. Esto implica impulsar las energías limpias, así como una trasformación económica liderada por la incorporación del conocimiento en los procesos productivos tal como recomiendan los estándares internacionales de organizaciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde)”.
De cualquier modo, la caída en la inversión en el sector petrolero con miras a incrementar la producción de forma estructural coincide con los planes estatales de grandes consumidores como Estados Unidos y la Unión Europea, quienes están impulsando su reconversión hacia fuentes más limpias y renovables. Estados Unidos, por ejemplo, realizó durante este año los mayores gastos en materia de clima y energía de su historia, invirtió US 370 mil millones orientados a apoyar las energías renovables y la resiliencia climática mediante la instalación hasta 2030, de 950 millones de paneles solares, 120.000 turbinas eólicas y 2.300 plantas de almacenamiento con baterías a gran escala. Simultáneamente, el conflicto en Ucrania aceleró los planes de descarbonización europeos. La Comisión Europea lanzó en junio de 2022 un plan para aumentar el objetivo de electricidad proveniente de fuentes renovables para 2030, del 55% al 63%. La estrategia busca acelerar la transición hacia una energía limpia y reforzar la independencia energética de Europa frente a proveedores de combustibles fósiles.
Lo anterior, además de desmentir una supuesta irresponsabilidad del Gobierno colombiano en sus planes de avanzar hacia la transición energética, es un llamado de atención a nuestros mandatarios territoriales y regionales ante la inminencia del agotamiento del modelo económico basado en el extractivismo y consecuentemente en las cuantiosas regalías derivadas. Es perentorio corregir, replantear el uso ineficiente, e inoportuno de los ingresos por concepto de regalías; el fin de la ‘bonanza’ está a la vuelta de la esquina. Es impertinente el uso, y los sectores priorizados por la gran mayoría de burgomaestres y gobernadores en lo referente a la inversión de las regalías.
El Gobierno central enfatiza a necesidad de articular e integrar los recursos del SGR y del Presupuesto General de la Nación (PGN), para avanzar hacia una economía productiva cimentada en el respeto a la naturaleza, rebasando la dependencia exclusiva de actividades extractivas. Se pretende gradual y responsablemente, el tránsito hacia una matriz energética diversificada, generando nuevas cadenas productivas, fortaleciendo la formación de circuitos económicos basados en la innovación tecnológica y la aplicación de conocimiento a los procesos productivos.
La complementación de los recursos provenientes del SGR y del PGN serán las fuentes de apalancamiento de la ejecución de proyectos estratégicos de inversión con estándares de eficiencia. Ante el panorama de desaceleración económica previsto a corto plazo, las regalías a través de la inversión pública y sus efectos multiplicadores sobre las economías regionales y locales tienden a servir de paliativo ante la crisis económica que se pronostica mundialmente.
En la articulación y combinación de los recursos del SGR y del PGN es fundamental integrarlos a la política gubernamental en el período 2022-2026, y cuyos pilares previstos en Plan Nacional de Desarrollo, son I) Paz Total. II) Justicia Social y III) Justicia Ambiental. Esos pilares se complementan con aspectos fundamentales como: Ordenamiento Territorial hacia la Paz Total; la Seguridad Humana y la Justicia Social; el Derecho Humano a la Alimentación; la Transición Energética y el Crecimiento Verde con Justicia Ambiental; la Convergencia Social-Regional y la Estabilidad Macroeconómica.
Es evidente que esa ‘aparente’ riqueza fiscal que en el balance y en muchos casos ha generado innumerables impactos negativos y a las que nos hemos acostumbrado, está fundamentada en una fuente que, amén de finita: los recursos naturales no renovables, están expuestos a una alta volatilidad e incertidumbre.
Hoy, más que nunca, en los territorios y en las regiones de La Guajira y el Cesar es urgente optimizar las gestiones administrativas y técnicas para el aprovechamiento adecuado de las regalías. La abundancia de recursos naturales debe llevar a los mandatarios a aplicar la famosa ‘Regla de Hartwick’ que consiste en trasformar ese capital natural constituido por los recursos naturales no renovables en otros tipos de capital: humano, infraestructura; propiciar y promover encadenamientos productivos hacia adelante y hacia atrás en sus territorios. Desarrollar acciones conjuntas de los distintos agentes estatales a través de políticas, instituciones y regulación vigentes para lograr el aprovechamiento eficaz de la actividad extractiva y morigerar sus secuelas.