Para la paz total hay que poner el dedo en muchas llagas

La economía es una guerra totalmente cruenta, una verdad que repito y, la seguiré repitiendo. Hasta mis profesores de economía en su gran mayoría, rutilantes en títulos académicos: unos callaron cobardemente, otros, eran ignorantes ramplones.

Quiero decir, que la economía académica, no era política, o no es política sería salirse de los cánones establecidos en la prosaica escolástica.
La inteligencia académica siempre fue escurridiza, repetitiva de postulados anacrónicos, comprometida tácitamente con el statu quo. Hoy la realidad de los hechos nos pasa la factura, facturas reales. Ayudaron a generalizar mentiras para posicionar la estafa, por ejemplo: “el pueblo todo lo quiere gratis”; si se suben arbitrariamente los precios como ocurre con las tarifas de gas, aseo, agua, electricidad, salud, telefonía, en fin, servicios públicos privatizados, quieren estoicidad popular; nunca se ha enseñado que estas arbitrariedades neoliberales encoclan el germen inflacionario.
Los servicios públicos en Colombia generan hambre, subdesarrollo, incompetencia para la competencia comercial, se piensa más en lo que hay que pagar por servicios que la productividad; por tanto, la promocionada actividad engañosa del emprendedor, busca desviar al individuo de la vinculación laboral. “No busques trabajo, crea tu propia empresa”, el muchacho o muchacha termina por no soportar los servicios.
Para la paz total, se necesita una intervención de los servicios públicos, sin titubeos, controlarlos, someterlos a la administración pública y popular, los servicios públicos, privatizados en su totalidad, se llevan gran parte del salario de la clase obrera y trabajadora, mínimo el 30%, la plusvalía se disemina en un mar no solo especulativo, sino también impositivo, y, ejercen un efecto directo del incremento generalizado de los precios, inflación. Pero las lumbreras del Banco de la República, sabuesos del gran capital, deslumbrantes economistas, no ponen el dedo en la llaga para combatir la inflación, sino mediante la subida de los tipo de interés, que de contera, encarecen los precios en general, iniciando por el incremento del precio del dinero y, destruyen las fuerzas productivas, conduciendo a la recesión.
Ya se está planteando que el incremento del salario mínimo en Colombia, por efectos de la inflación estaría por el 20%, que sería pírrico, pero, por la estructura del régimen de producción capitalista se sobrevendría, inmediatamente, un incremento generalizado de los precios por encima de ese margen. Todo, porque no se toman las medidas necesarias, correctivas: frenar la especulación en primer lugar de todos los servicios.
El comercio tecnológico está desaforado, todas las empresas prestadoras de este servicio asumen una posición vergonzante de dominio absoluto, todos los pobres le deben, cosa que no ocurría con las telefónicas regentadas por el Estado.
El FMI, ahínca sus recomendaciones esencialmente en el fortalecimiento del sector financiero globalizado, que en nada soporta el desarrollo de las fuerzas productivas, la gran inversión internacional no está dirigida a fomentar industria ni manufactura, su codicia está soportada en la inversión en activos financieros, más que todo en renta fija o, papeles de deuda pública, convertidas en cargas impositivas – más impuestos -. Más plusvalía a su haber. Nuestra deuda se ha incrementado, ahora, a más de los 171 mil millones de dólares con la fuerte subida del dólar por encima de los cinco mil pesos, entendiendo que el servicio de esa deuda depara una erogación anual por casi 20.000 millones de dólares, del presupuesto nacional arañamos el 25% para cumplir con las obligaciones de deuda. Saque cuenta cuanto debe. Esta llaga si, que se necesita ponerle el dedo, para alcanzar la paz total.
¿Cómo se piensa restaurar el capitalismo en medio de esta gangrena, o, la idea es salvarlo? La paz total es, solamente, acabar con el conflicto armado? No, los factores de la violencia los incuba el capitalismo, es su naturaleza. Por ejemplo, el capitalismo ha destruido al campo, desplaza a los campesinos a la ciudad a engrosar el amplio espectro de la pobreza absoluta. Afinca en el entramado internacional, globalizado en el más amplio y desprevenido de la palabra, el atraso de nuestros países. Todo, por la ganancia.
Un ejemplo concreto en América Latina: desde que se privatizó el sistema energético, – que es de los que más gana en el mundo y que menos paga impuestos -su aporte, ha sido totalmente ineficaz para el desarrollo industrial, antes de la década de los ochenta, la industria y la manufactura constituían, al menos, el segundo renglón del PIB, hoy, ocupa sitiales deprimentes, con tendencias decrecientes, en el cual ha incidido el sistema energético por sus elevados costos.
Aunque muchos escépticos apuntan a su incredulidad más bien en hechos reales y concretos, el capitalismo con su modelo neoliberal apuntó a desmembrar, menguar al sindicalismo, derrotarlo fue su apuesta, pues, con ello, sacaba a un actor importante en la defensa de los intereses populares, para combinar todo el adefesio ofensivo de su arsenal antipopular, socavaba la estructura del movimiento popular; para jugar solo, y, a su antojo en el establecimiento de los precios en el llamado mercado. Fuerza de trabajo por debajo de su valor, y precios arbitrarios, combinación perversa, pero jugosa para la ganancia capitalista.
Una de las llagas donde hay que poner el dedo, es: al desmonte inmediato de toda la legislación antiobrera y antisindical del régimen fascista del liberalismo. Trabajar por el estatuto del trabajo, ¡ya! Habrá otras llagas que tocar, pero la redacción limita el repertorio.