Crispín Alcibíades Gutiérrez Romero

Hoy homenaje a un compositor Juntero: emprendedor, sincero, confiable, respetuoso, sencillo, honesto, humilde, guerrero, consejero, guardián, ah…. Y como su padre falleció cuando apenas tenía 13 años, aprendió a dar cadejos, e hilar maguey, también vendía mochilas de fique, para ayudar a su Madre a la manutención del hogar, labores que hacía con entusiasmo y mucha alegría: Crispín Alcibíades Gutiérrez Romero.

En el bello pueblo de La Junta, allá donde nació Diomedes, un 30 de septiembre del año 1962, vino al mundo este perseverante e inquieto juglar, al que la gente que lo conoce lo definen como, un buen hijo, buen esposo, buen padre, buen hermano, y sobre todo una gran persona, que le sirve a todo el que lo necesita, su padre lleva por nombre Manuel María Gutiérrez Córdoba y su madre Rosa Bernarda Romero Daza; tiene 10 hermanos: Joselina, Rodolfo, Paulina, Marcia, Juan Manuel (El Charro), Josefina, Consuelo, Manuel Francisco (Raúl), Armida (La Pesca), y Amador (Moño).
De estirpe campesina, su infancia llena de inocencia y travesuras, transcurrió, en su renombrada tierra natal, untada de largas jornadas de baños en los ríos Santo Tomás y San Francisco, el pozo de la olla y las tres canoas, los tenía casi en el patio de su casa, cerquitica, le tocó, llevar y traer las vacas al potrero, ayudaba a su padre a cuidar los gallos, pues una de las mejores crías de estos animales la poseía el señor Manco, como le decían a su papá, los enrases que hacía eran extraordinarios, también volaba cometas, jugaba boliches, pionías, y por supuesto salía a recoger frutas a la falda, carrizal, el montu, al Cerrito atravesao, las caminatas eran largas, pero emocionantes y reconfortantes, pues regresaban con mochilas y sacos llenos de mangos, rebiacanas, candungas, algarrobas, esos eran en pocas palabras, momentos de felicidad total.
Sus estudios de primaria los realizó en la escuela rural de varones de La Junta, y sus inolvidables profesores fueron: Melba Daza de Araujo y Prospero Daza, recuerda que era buen alumno, se aprendió las tablas de multiplicar a temprana edad, por este motivo le tocó darles regla a muchos compañeros desaplicados, como olvidar a: “Martin Moreno” la que saca lo malo y mete lo bueno, una regla que utilizaba el profesor Próspero, con una terapia que denominó el cristo, consistía en ubicar un pupitre al frente del tablero, allí se sentaba un estudiante, le iban preguntando las tablas de multiplicar, y cada vez que no respondía correctamente recibía un reglazo del que le preguntaba, Crispín, como se las aprendió rápido, era verdugo de muchos alumnos holgazanes.
El primero de bachillerato, lo realizó en el colegio San Juan Bautista, del profesor Ariza “Pelongo” en San Juan del Cesar, y lo matricularon para segundo en Valledupar, en el prestigioso Colegio Loperena, pero esa época coincidió con la bonanza marimbera y cuando visitaba a La Junta, cada 15 días, sus amigos de infancia y adolescencia, todos con plática, y con ropa nueva, cosa esta que lo entusiasmó para hacer lo mismo, por esta razón decidió quedarse en el pueblo, decisión está desacertada, pues era un excelente estudiante y seguramente hubiera sido un gran profesional, su mamá nunca estuvo de acuerdo en que abandonara sus estudios.
Manifiesta que le ha tocado duro, y expresa con conocimiento de causa que “a unos les llega, y otros tenemos que buscarla”; a Él, le tocó hacerlo, con orgullo cortaba leña, en sus años mozos, para su casa y para vender al que necesitara, esa fue otra fuente de ingreso, para ayudar a su mamá, cogió algodón, limpiaba cultivos de maíz, yuca, etc., en Valledupar, vendió loterías, rifas, y fue propietario de una de ellas, rifaba oro, luego se dedicó a los lácteos, compraba leche en varias fincas cercanas a Valledupar, y la vendía dentro del perímetro urbano de esta ciudad, llegó a distribuir hasta 30 tinas de leche, generando empleo, a familiares y particulares, pero eso si trabajando con dedicación y disciplina.
Cuando nacieron sus hijos, se dedicó, a buscar el pan con verraquera, pues no quería arriesgar el futuro de ellos, anhelaba asegurarles un techo, y con creces que lo ha logrado, a lo largo de su vida le tocó vivir momentos tristes, de mucha dificultad económica, pero eso si nunca se amilanó, luchó y superó todo eso, su primera casa fue de barro, en una invasión, pero con la convicción que esto sería transitorio, y vendrían tiempos mejores, su motor, fueron sus hijos y su señora.
Su compañera de toda la vida, y con la cual aspira casarse muy pronto, se llama: Otilia Araujo Carvallido, oriunda de Simití Bolívar, todos los días del mundo le da gracias a Dios, por premiarlo con una mujer tan buena, la que se ha comido con Él, las verdes y las maduras, con Ella tiene dos preciosos hijos: Luis Fernando, que es ingeniero electrónico y Luis Ángel, también ingeniero, pero de minas, en otra relación le nació Jose Luis, de los tres se siente orgulloso, y se ha esmerado, por darles, principalmente, los estudios, para hacerlos personas útiles a la sociedad.
Sus inicios como compositor, se dieron cuando apenas contaba con 12 años, veía a Marciano Martínez, a su hermano Juan Manuel, a Diomedes, lo mismo a Martín Maestre, cuando cantaban y eso le gustaba, jamás olvida las parrandas, donde don Luis Manuel Hinojosa Sierra, Poncho Araujo, Santo Martínez, en su terruño, primero inició componiendo versos, los repetía muchas veces, analizándolos, cerciorándose que estaban bien hechos.
La primera canción que compuso se llama “niña grande”, la cantaba y le gustaba a la gente, esto lo entusiasmó, luego hizo un merengue que tituló: “La dueña del mundo”, lo llevó al acetato Alexander Oñate con Mauro Milian, Juan Manuel y Marciano Martínez, grabaron “niña grande”.
En tres oportunidades ha ganado en el Festival Folclórico del Fique, que se celebra en su tierra natal, razón por la cual se siente afortunado, lo apoyaron bastante allá, afirma que los junteros en general lo quieren mucho, la canción con la que ganó la primera vez, se llama: “El baluarte del Folclor”, homenaje a su Padre, también triunfó con: “Más allá de un sentimiento”, inspirada en su adorada madre, la llevó a la pasta sonora, Ivo Díaz, con el acordeón de Colacho Mendoza, luego ganó con “El nobel del folclor”, canción que se la dedicó a Diomedes Díaz Maestre, grabada por Kikey Díaz.
Le han sido grabadas 32 hermosas canciones, pero su consolidación la logró, cuando el gran Diomedes Díaz con el acordeón de Álvaro López le sacaron la bella inspiración titulada “Gaviota”; y proclama uno a veces se margina uno mismo, si hubiera insistido con el Cacique, seguro me hubiera grabado muchas más, pues Diomedes nunca perdió la humildad.
Su cantante vallenato favorito es Diomedes Díaz, ‘El Cacique de La Junta’, el artista más completo que ha conocido, lo vio, tocando guacharaca, componiendo, verseando, y cantando como los Dioses, para mí, Diomedes no tiene igual, su trascendencia es grande e inmortal, termina diciendo.
Crispín se ha presentado en 4 oportunidades al Festival de la Leyenda Vallenata, y varias veces ha estado en la semi final, opina que el festival vallenato, es vitrina, es un medio eficaz para que muchos compositores nuevos se den a conocer, su opinión sobre este evento es altamente positiva, el festival vallenato, es de todos y debemos apoyarlo.