Con una pensión de 100 mil pesos y vendiendo dulces, ‘Tina’ sigue con su grito de combate en las calles de Riohacha

‘Tina’ es de esos personajes del ayer que siguen demostrando que la vida es bella a pesar de sus dificultades. A sus 82 años recorre las calles de Riohacha ofreciendo sus famosos dulces agarrada de ese grito de venta de “dulces de ajonjolí, dulces de ajonjolí”.

Sus clientes de siempre le compran, otros siguen el camino, a veces vende todo lo que carga en la palangana, otras se regresa a casa con 15 o 20 dulces, pero eso no importa porque ella sigue cumpliendo con su ritual de vida.

Ella inició a temprana edad vendiendo dulces. “Cuando tenía 12 años le vendía dulces a mi mamá, era callejera, y ahí seguí”, cuenta ‘Tina’, recostada en una silla en la esquina de la calle 3 con carrera 7 en pleno centro de Riohacha.

Llega temprano con su palangana de 40 dulces de ajonjolí, a veces de maduro o ñame, cuando los productos no están tan caros, es que ahora no es tan fácil, refiere en medio de un diálogo ameno, sin dejar de gritar “dulce de ajonjolí, dulce de ajonjolí”.

Su mamá, María Josefa Martínez, hacía dulces de ajonjolí, bolitas de coco, cuajadera y panderos. Murió casi llegando a los ochenta años, refiere ‘Tina’, quien no tiene clara la fecha, lo que si no olvida es que dejó este mundo terrenal recorriendo las calles de su amada Riohacha vendiendo dulces.

María Josefa engendró tres hijas, Hilda, la mayor, que murió; Betty que se fue para Caracas y nunca más regresó, y ‘Tina’, que quedó sola en Riohacha, criando a sus seis hijos: Dixon, Mónica, Celina, Jesús, Julián y Bertha, producto de su unión con Noel Díaz, de quien se separó.

Manifiesta con orgullo que sus hijos tienen parentesco con los Robles, una reconocida familia de La Guajira, puesto que Bertha Robles y Julián Díaz fueron los papás de su marido Noel Díaz, eso sí, sus papás María Josefa Martínez y Ramón Ruiz Castro también fueron igual de importantes.

Los dulces

A las cuatro y media de la mañana, esta mujer morena, de andar seguro, se levanta para poner la olla de los dulces. “Dejo la miel, el ajonjolí molido, todo preparado, nada más es hacerlo”.

Su lenguaje es sencillo, directo, nada de palabras rebuscadas, no le es difícil compartir su receta porque al final todo está en la mano como ella misma lo dice.

“El ajonjolí se cuela, se limpia bien, se tuesta, se deja enfriar y se muele, eso queda como una masa”, expresa sobre su receta para la preparación de los dulces. Utiliza tres panelas para la miel espesa que prepara aparte en un caldero, que luego vierte al ajonjolí tostado y molido, que amasa y extiende en una tabla hasta que seque para cortar y colocar en la palangana de siempre.

Dice que se lleva su tiempo para la preparación del dulce, desde la limpieza del ajonjolí que gasta aproximadamente dos horas, más hora y media desde el momento que lo coloca al fogón hasta lograr engranar la masa.

“El ajonjolí se tuesta en 20 minutos, si se tuesta mucho queda como amargoso, no se puede dejar quemar. Se cogen las panelas, se echan en el caldero, se pone su poquito de agua y se deja a fuego lento, va hirviendo. Cuando ya está espesa se baja y se tapa”, explicó ‘Tina’.

Un dulce de ajonjolí vale mil pesos, pero ‘Tina’ está preocupada porque todo ha aumentado, pero ella tiene la receta para seguir vendiendo. “Todo se ha puesto caro, pero yo lo hago un poco más pequeño y lo dejo al mismo precio”.

Además del ajonjolí, nuestra invitada también se especializa en dulces de maduro y de ñame.

“El de maduro es una especialidad, se dejan madurar los plátanos, se pelan, se muelen y se ponen en el caldero. Si son 40 plátanos les agrego tres libras de azúcar, lo revuelvo, no me descuido porque se quema. A medida que los revuelvo va cogiendo su color, y les pongo además 4 dedos de esencia de cola y de vainilla”, dijo.

Con voz tranquila, apunta que ese dulce tiene mucha lidia. Hace tiempo que no prepara ñame porque está muy caro. “Ahora que baje el ñame lo hago, igualito, conforme al de maduro, la única diferencia es que el ñame lleva su clavito de olor y su leche, queda especial”.

Los años

Florentina Ruiz Martínez cumplió 82 años. Desde los 12 empezó a vender dulces en la calle ayudando a su mamá. Al tiempo, cuando ya tenía dos hijos logró ubicarse como aseadora en la Gobernación de La Guajira.

“Ahí empecé a trabajar con personas muy buenas, me querían mucho, después pasé a la Casa de la Cultura que dirigía el señor Moisés L. Campo, ahí les decía que me ayudaran para poder criar a mis hijos, porque el papá me dejó sola y se fue”, relató.

‘Tina’ es el ejemplo de una mujer trabajadora. Como ella misma lo reconoce, logró jubilarse con un sueldo muy bajo, por eso su pensión es de solo cien mil pesos.

Ella está peleando un aumento, pero se entristece cada vez que recuerda que ha quedado sola en ese camino.

Al tiempo que trabajaba como aseadora, también vendía sus dulces, una actividad que califica como su defensa en la vida.

«Dios me dio esa pensión, es una bendición porque al menos me ayuda para pagar un servicio, pero vender mis dulces es realmente mi defensa, y seguiré vendiendo hasta que me muera”, exteriorizó ‘Tina’ en medio de carcajadas, gritando “ajonjolí, ajonjolí dulces de ajonjolí”.

Recientemente recibió una estufa patentada de bajo impacto ambiental, creada por los hermanos Noemy y Claver Mejía, donada por la empresa Air-e en el marco de ‘La Guajira al calor del fogón’, evento en el que también participó el Sena de La Guajira y la Fundación Mantekilla.

La estufa se la entregó Víctor De Luque, gerente de Valor Social, hijo de riohacheros, quien reconoce en ‘Tina’ el amor por un oficio que vence el calor, y quien le brindó la posibilidad de mostrarle lo que otros hijos de su tierra también trabajan para hacer la vida más amable.

La expresión de ‘Tina’ fue de sorpresa al recibir la estufa, ella está aprendiendo a usarla porque le es muy difícil dejar su fogón de siempre al que le conoce las mañas.

En tanto, Víctor confía en que esa mujer morena de baja estatura seguirá ofreciendo sus deliciosos dulces, ahora sentada en una de las tantas esquinas de Riohacha porque los años de alguna manera le cobran, pero a ella le sobra corazón para sentirse plena y orgullosa de su oficio.