Un mal Concejo para el vallenato

Un grupo de concejales del Distrito de Riohacha acaban de erigir un monumento en abstracto a la soberbia y la estolidez.

Los mismos “padres del municipio” que, en estos días, henchidos por la prepotencia de saberse mayoría en la corporación, cerraron las puertas al proyecto de acuerdo que propone la creación de la Cátedra Vallenata Francisco El Hombre. Son los mismos que, una semana antes, recibió la rechifla y el repudio de líderes comunitarios ante su tozuda y radical posición de negar toda proposición, por favorable que fuera para el Distrito, que proviniera de sus compañeros concejales de la minoría.
Qué tan poco honorables que son. Detrás de unos privilegios, persiguiendo canonjías y en una actitud desmedida de revanchismo, le están haciendo tanto daño a la ciudad que los eligió y de cuyos impuestos viven holgadamente. Esa misma ciudad que hoy merece saber que: Charles Aguilar, Jorge Mario Ureche, Enrique Curiel, Luis M. Pichón, Sandy Toro, Cristian Bermúdez, Roberto Carvajalino y Roger Bermúdez, hoy están en la picota pública por sus actos, no solo en contra de la ciudad, sino de lo que más representa a La Guajira en la cultura nacional: su música.
La nueva “proeza” de estas “joyas” de la política macondiana, no puede ser más repudiable y vergonzosa. El concejal Luis Antonio Ojeda, desde hace meses viene socializando con actores de la música y la cultura regional, la bien intencionada propuesta de implementar en Riohacha, a manera de pilotaje departamental, la cátedra en vallenato que tiene el nombre de Francisco el hombre, máximo héroe cultural de Riohacha en la historia y relato fundacional de la vallenatía. Particularmente participé con ideas en esa iniciativa, al igual que expertos como Ángel Acosta Medina y Orlando Mejía Serrano, entre otros. Lo que contribuyó a darle sustento legal, conceptual y de impacto al borrador del acuerdo. El mismo fue socializado con el alcalde José Ramiro Bermúdez y tenía su aceptación. Lo que no se contaba era con la prepotencia y sectarismo de los concejales de la mayoría quienes, desde la contumacia del poder, bloquean las buenas iniciativas.
Cuando en el Departamento del Cesar, desde el año anterior se aprobó la Cátedra vallenata y está en etapa de diseño curricular para arrancar en el 2023, nuestros “geniales” concejales se rebajan a enlodarse en el barro de las luchas intestinas por privilegios de mayoría. Algunos de ellos, quizás cuántas veces ha sacado pecho a decir que por Riohacha entró en acordeón, que los valduparenses nos han “robado” la música nuestra. En Valledupar, no se han robado el vallenato, se han apropiado que es otra cosa. Apropiar es acoger, valorar, promover, defender, precisamente lo que no han hecho estos “honorables”.
Es que la Cátedra vallenata no es una veleidad del concejal Ojeda. El Plan Especial de Salvaguarda (PES) de la música tradicional vallenata, es un documento emanado del Ministerio de cultura cuando se declaró esta música como patrimonio inmaterial de la nación en el 2014. El mismo PES fue avalado por la Unesco en el 2015 al declarar al vallenato como patrimonio intangible de la humanidad en riesgo urgente. Se trata de unos escudos de salvaguarda para el vallenato tradicional ante inminentes riesgos. Ese documento obliga a los entes territoriales de La Guajira, Cesar y Magdalena a cofinanciar las acciones que se desprenden. El costo presupuestado de ejecución del PES Vallenato es de 2.700 millones, a los que la capital de La Guajira ha aportado muy poco; así que, este proyecto es la oportunidad que Riohacha pueda decirle a la Unesco, al Ministerio de cultura y al vallenato: “aquí está mi grano de arena”.
La cátedra del vallenato es uno de los componentes de obligada implementación como acción formativa destinada para en básica primaria y secundaria de educación pública y privada, con el fin de crear espacios de reflexión sobre la identidad cultural de nuestra música.
Esto evidencia qué tipo de concejales tenemos, lo “mucho” que está haciendo la mayoría para darle sentido y altura a esa parte que dice que Riohacha es un Distrito Cultural. Repudio y sanción social es lo que merecen por tan “noble gesto” con nuestra música y las futuras generaciones.