César Pompeyo Mendoza Hinojosa

En la ciudad de los Santos Reyes, del Valle del Cacique Upar, radiante población que está situada a orillas del río Guatapuri: Valledupar, Cesar, nace este insigne y preclaro hombre, de estirpe campesina, el cual se caracterizó por irradiar un gran amor por su familia, por su ciudad, su mayor preocupación fue crear una institución educativa, donde se formaran líderes, que a futuro sacaran esta ciudad adelante.

Nació un 4 de septiembre del año 1936, en el hogar conformado por César Juvenal Mendoza Gutiérrez, un hombre educado por sacerdotes Franciscanos, en la histórica población de La Sierrita, corregimiento de San Juan del Cesar, La Guajira; y Antonia Máxima Hinojosa Mendoza.
De este matrimonio nacieron 13 hermanos: Justa, Rosario, Tarsicio, Guido, Rosario, María Antonia, María del Pilar, Sofía, Esther, Martha, Cecilia, Laureano, Jose, Ángel, Vicente, Francisco, Jesús, Antonio, y Carmen Julia Mendoza Hinojosa. Su esposa lleva por nombre Lilia Esther Vargas Villareal, con ella trajo al mundo a 4 hijos, César Augusto, César Pompeyo, Liliana Sofía, y Lily Esther. Su fallecimiento ocurrió el 12 de septiembre del año 2003.
César Pompeyo, nace en el barrio Cañaguate de Valledupar, en la casa de Quinche, luego sus padres compraron el lote cuya casa está en la esquina de la carrera séptima, con el callejón de La Purrututú.
En esa casona antigua pasó sus años de infancia, organizaba los juegos de la época, ya se manifestaba su capacidad de liderazgo, jugó al maíz tostao, a las rondas, se vestía de sacerdote y celebraba misas, bautizaba muñecas, también jugaba a las fincas con huesitos, bautizaba muñecas, una infancia hermosísima.
Sus estudios de primaria los realizó en la escuela parroquial de la época, que más tarde se convirtió en lo que es hoy el Colegio Pablo V. La secundaria la hizo en el Colegio Nacional Loperena, hasta quinto, como se le decía al décimo en la actualidad, perteneció a la banda de guerra del Loperena, y fue también activo deportista, y un líder muy dinámico de su curso.
Le tocó trasladarse a la ciudad de Barranquilla para culminar su bachillerato, pues el Loperena aún no expedía diplomas de Bachiller, todos los que estudiaban allí, debían irse a graduar al Liceo Celedón de Santa Marta, al Colegio Pinillos de Mompox, a Medellín, Bogotá, etc.
César escogió el Colegio Barranquilla para Varones (Codeba) de dicha institución es su diploma de Secundaria, se gradúa en el año 1955. En Barranquilla continuó con su alegría, era bailador, amante de los carnavales, se dejó crecer el copete, que estaba de moda en ese tiempo, un muchacho sano, pero muy contento.
Terminó su secundaria, y percibió que no existían condiciones para irse a la universidad en ese momento, prefirió dedicarse a la organización de la finca, que tenía su padre por la región de azúcar buena, e incluso, pensó que sus inclinaciones por una carrera universitaria podrían ser alrededor de la Agronomía, pues, le metió el pecho a la agricultura, y a la ganadería, colaborándole a su progenitor en estos menesteres.
Pero algo importante, cuando se graduó de bachiller, había quedado preseleccionado para prestar el servicio militar, y al cabo de unos meses lo requirieron, se fue a servirle a la patria, pagó el servicio en Bogotá con honores, fue guardia Presidencial, en el famoso Batallón de Infantería Miguel Antonio Caro.
Cuando culmina su servicio militar, retorna a sus labores agropecuarias, y un día cualquiera, en el camino que conduce a la finca, se encuentra con el profesor Leonidas Acuña, quien era propietario del Colegio El Carmen de Valledupar. Le pregunta, ¿para dónde vas? César le responde: para el monte, a unas tierras que tiene mi padre y le colaboro.
El profe Acuña le comenta: “tu papá fue un gran profesor, y me asalta la idea que también tú podrías serlo, porqué no me apoyas en mi colegio, a lo que Cesar responde, ombe ya tengo mi proyecto de trabajar con mi papá, lo voy a pensar y luego te comento”.
Pasaron varios días y luego de hablar con sus padres y hermanos decide aceptar y laborar con el profesor Acuña en su colegio. Así inicia su carrera triunfadora de docente.
Ya en lides de maestro, decide prepararse mejor, le tomó cariño a la docencia, acude a su vecino del Cañaguate, Aníbal Martínez Zuleta, quien estaba de secretario de Gobierno del departamento del Magdalena, en Santa Marta.
No existían todavía los departamentos del Cesar y La Guajira, le comenta que desea estudiar, el Dr. Aníbal lo direcciona a la Secretaía de Educación, donde le dijeron que había disponible una beca para Tunja, Boyacá, y se la otorgaron para la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja.
Estudia Educación y Filosofía, y define que su vocación es ser pedagogo. Se prepara muy bien y al regresar ya trae en mente la creación de un colegio, que se llamaría Ateneo El Rosario. A sus hermanas les había sugerido que estudiaran en la Normal de Santa Marta, pues el proyecto era de familia.
Su padre fue asesor pedagógico, y su madre administró el internado, pues también prestaron ese servicio, la mayoría de los hermanos participaron en aquel ambicioso proyecto familiar, todos los que se graduaban eran vinculados como docentes en diferentes materias. En 1970 sale la primera promoción de bachilleres del prestigioso colegio Ateneo el Rosario.
Nos cuenta su esposa una anécdota inédita, del profesor ‘Checha’ como le decían por cariño. Lo expulsaron de la Universidad de Tunja, lo acusaban de comunista, pues junto a otros estudiantes reclamaban una serie de ajustes académicos que necesitaba el claustro.
Hubo huelga, paros, y revueltas y participó activamente de estos movimientos estudiantiles, era un elocuente orador. El paro se trasladó a Bogotá y la Universidad Nacional les apoyó y se unió a la parálisis. Se vino a la Universidad Javeriana de Bogotá, y solicitó cupo, pues deseaba culminar su carrera. El movimiento siguió en Tunja y exigían el reintegro para culminar las protestas, le admitieron en la Javeriana.
En Tunja no se explicaban cómo a un estudiante comunista revolucionario, lo había aceptado una Universidad de sacerdotes católicos jesuitas, al final lo reintegraron en Tunja y regresa triunfante, pues todas las justas peticiones, su movimiento estudiantil las había conseguido, mejoró sustancialmente la Universidad de Tunja, gracias a esta organizada revolución que César y varios compañeros más realizaron.