Teatro Aurora, a propósito del mes del patrimonio cultural

Las características paisajísticas de cada ciudad, hitos urbanos y estructura espacial son el sello que marcan diferencias dando identidad cultural, reflejando a la vez la idiosincrasia y trascendencia histórica. Con la adopción del Plan de Ordenamiento Territorial, desde el año 2002 se proyectó la comuna Centro Histórico de Riohacha como zona de especial valor histórico y cultural y se   clasificaron los siguientes inmuebles patrimoniales  a criterio de los consejeros y gremio de arquitectos: casa donde nació Luis A. Robles ‘El Negro’, Inmueble donde funcionaba la cárcel donde estuvo preso ‘Papillón’, La Laguna Salada, Alcaldía Municipal, Aduana Nacional, Catedral Nuestra Señora de los Remedios, Colegio de La Sagrada Familia, La Casa de Emilio Vence, Almacén San José, Casa De Los Fuentes Dan, Colegio de La Divina Pastora, Capilla de La Divina Pastora, Hotel Padilla – Antigua sede del Banco Dugand, Edificio el de Retra, Teatro Aurora, La Casa de los De Luque, Casa de Mimilla (Antonia Gómez Bonivento), Casa de ‘Juancho’ Pinedo, La Casa Azul, La Casona del Mar, Muelle Turístico de Riohacha, Cementerios Indígenas.

La oportunidad de normativizar el patrimonio no es suficiente cuando cada administración impone su propia prioridad individual. Mientras en otras localidades el patrimonio arquitectónico es una  fortaleza en la agenda turística, en Riohacha  termina siendo fatigoso para los funcionarios que se interesen en el tema y frustrante para líderes culturales, gestores turísticos y los propietarios.

El caso del Teatro Aurora es uno de los ejemplos en la mala costumbre institucional de comenzar y no terminar objetivos de proyección social y económica.  En 2007 cuando La Guajira  concretó la compra del Teatro Aurora al señor Marcos Bolaños, se vislumbró el camino para  la restauración de este inmueble patrimonial tangible de la memoria cultural tradicional riohachera y de los pocos que en estos momento tiene garantías de poder trascender en el Centro Histórico de Riohacha, porque la falta de compromiso con la “Política de Patrimonio” como eje del turismo, llevará a la paulatina demolición de las demás edificaciones propiedad de particulares, que sin ayuda del gobierno y poco estimulo, año tras año ven  más deterioro y menos oportunidades de proyección y sostenibilidad  de sus bienes familiares.

La Gobernación de La Guajira adquirió el inmueble en 2007 con recursos del Fondo de Desarrollo de La Guajira (Fondeg), después de varias gestiones de apasionados riohacheros entre ellos los integrantes de la Fundación Teatro Aurora de Riohacha. Años anteriores Ángel Rois con otros concejales tuvo la oportunidad de impulsar gestiones para  la declaratoria del inmueble como “bien de interés público” lo cual permitía la inversión de recursos del Estado en la compra.

Para la aprobación de los recursos, incidía mucho el consentimiento del delegado del Ministerio de Hacienda, Édgar Acuña, quien previamente a la reunión de aprobación de recursos del Fondeg, convocó a Fredy González Zubiría, presidente de la Fundación Teatro Aurora de Riohacha; Reinaldo Melo, director dptal. de Cultura; y María Curiel, secretaria Técnica del Fondeg, porque su duda no era  la destinación del recurso, sino la sostenibilidad, en tal sentido  manifestó “sería lamentable que en diez o más años venga a Riohacha y ese inmueble sea un elefante blanco”, retumban esas palabras en la memoria porque en este tiempo se han agotado muchas  buenas intenciones  sin resultados.  En 80 años de esta edificación muchas personalidades debutaron, eventos especiales y funcionarios de distintos niveles  han destacado su valor cultural, las propuestas arquitectónicas de Jesús Aponte y Alcibíades Zambrano, fueron y vinieron entre la Alcaldía y la Gobernación mostrando diseños de restauración, la Fundación Teatro Aurora logró motivar aliados como el cónsul de Venezuela Luis Hernández Lares, pero al final desmotivados fueron perdiendo dinamismo por la falta de acuerdo entre la Gobernación y la Alcaldía para disponer recursos y administrar el inmueble para eventos culturales.

Por lo menos se requiere una intervención para que sea el sector cultural el que dé vida a las instalaciones mientras se restaura y controlar el usufructo de personas particulares con intereses personales.