El procope de los entrones

Dentro de las diferentes etapas del proceso de desarrollo de las comunidades y en la colonización de las que fueron inhóspitas tierras que hoy conforman la región y el paisaje cafetero de Uruma, hubo un grupo de hombres que hacían derroche del trabajo pero de la comida también.  Su patrón el maestro Carmen, hombre visionario, surtía a sus obreros y buenos comensales con suficiente provisión y prácticas culinarias, con más carne de novillo que de cerdo.  Cuando iniciaron la colonización del Tormento y el Anís, preparando buena cantidad de carne en forma de tasajo o carne arriera, como lo hacían en Santander durante la guerra de los mil días, a la usanza de los antiguos guerreros tártaros.  Después de servida la comida el capataz de la cuadrilla estimulaba a sus comensales diciéndoles: – a los entrones – y haciendo gala de su buen apetito comían hasta más no poder y así también lo hacían con el trabajo.  Porque el crepúsculo matutino marcaba el final de la jornada y Francaise  era el último en salir.

“En cada una de las mesas andinas hay una historia que contar y son partes de nuestra identidad Bolivariana y no se han tenido en cuenta con el debido esmero que merecen.  La cocina pasa por debajo frente al tema cultural siendo muchas veces la manera más directa para encontrarnos con la verdadera vida de nuestros pueblos.  Hablar de un buen sancocho un coctel de camarones, un frichi de una malangada, de un desayuno con arenque o cachirra, es hablar de nuestras transformaciones sociales, de cómo una civilización determinada ha vivido y ha trabajado.  Porque la comida y la literatura son el reflejo de cada época y sus más fieles agentes transmisores”.

Así la historia nos habla de famosos cocineros y comelones.  Bañuelo con su exquisita salsa blanca que se proponía llevarla al tripero universal. El maestro Sardinas cocinero de don Álvaro de luna.  El maestro Jatxin, jefe de cocina Fernando el católico, Ruperto de Nola, cocinero del Rey de Nápoles, afirmaba “yo Ruperto de Nola decreto por la gracia de mis guisado de Castilla, Galicia, Granada, Nápoles, de las indias orientales y occidentales; dispongo que se cómo en todas las mesas de mi reino berenjena  a la cazuela, siendo de mi responsabilidad ajustarse a las pautas emanadas del presente decreto para su elaboración.

Por el buen gusto de la comida Santa Teresa de Ávila decía: – entre pucheros y calderos también anda el Señor, con su poder de multiplicar panes y peces”.  En este orden Sancho el escudero fiel, sería el primero de los comelones del nuevo testamento para acá. Y sacó de su alforja repleta, un pedazo de pan y otro de queso y dándole al mozo dijo: esto que te doy que Dios sabe si me hace falta, porque los escuderos de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre. Picasso fue comelón  le encantaban los pimientos asados y las tortillas.  Sus comidas podían durar horas y vivió para comer las más maravillosas recetas salida de su imaginación.  Hemigway el viejo duro de los mares, la pesca, vinos y guerras. La cocina fue también de las grandes debilidades del escritor la llamó: El concepto de la vida es una fiesta. Entre sus platos favoritos estaba el cocido de conejo o el cochinillo asado puré de cientos de papas arropadas con mantequillas. Cada bocado tenía que ir acompañado por litros de ron o de cerveza. Una de sus recetas auténticas el cocido de conejo, fue extraído de su libro de cocina, tomado de la película por ¿Quién doblan las campanas?

 A Simón Bolívar le gustaban los banquetes más por la compañía que por la comida. Pero repetía con frecuencia: salve pueril Caracas.  Que olvidas tus apuros y tus penas.  Con tal que no te falten tus hayacas”.  Y al general Agustín Iturbide ya en sus últimos días le decía usted no imagina lo que yo daría por comerme un hervido de carne gorda en san mateo invitado por el maestro escalona en el hambre del liceo,  en su paso por Zambrano durante la guerra de independencia, Castrulo Campillo el nene, le brindó un sancocho de costilla y fue tanto el agrado de la vianda que afirmó regresaría a degustarlo una vez al, año.

Los latinoamericanos además del buen gusto por la  gastronomía, en ocasiones somos ingenuos y desapercibimos el verdadero sentido de algunas cosas como supuestamente puede ocurrir en el caso de Florentino Ariza con Fermina Daza: está bien me caso con usted, si me promete que no me hace comer berenjenas.  Con la berenjena de Florentino podría pasar como el caso de la francesa que en memoria de mi p… t… al ver tremenda frutica exclamó: ¡mondiu!

Así de fácil debe ser nuestro apetito por la creatividad y la digestibilidad  de palabras con buena sazón por lo que cuenta a paso de otro, no tiene buen gusto por los demás.   

“En cada una de las mesas andinas hay una historia que contar y son partes de nuestra identidad Bolivariana y no se han tenido en cuenta con el debido esmero que merecen.  La cocina pasa por debajo frente al tema cultural siendo muchas veces la manera más directa para encontrarnos con la verdadera vida de nuestros pueblos.  Hablar de un buen sancocho un coctel de camarones, un frichi de una malangada, de un desayuno con arenque o cachirra, es hablar de nuestras transformaciones sociales, de cómo una civilización determinada ha vivido y ha trabajado.  Porque la comida y la literatura son el reflejo de cada época y sus más fieles agentes transmisores”.

Así la historia nos habla de famosos cocineros y comelones.  Bañuelo con su exquisita salsa blanca que se proponía llevarla al tripero universal. El maestro Sardinas cocinero de don Álvaro de luna.  El maestro Jatxin, jefe de cocina Fernando el católico, Ruperto de Nola, cocinero del Rey de Nápoles, afirmaba “yo Ruperto de Nola decreto por la gracia de mis guisado de Castilla, Galicia, Granada, Nápoles, de las indias orientales y occidentales; dispongo que se cómo en todas las mesas de mi reino berenjena  a la cazuela, siendo de mi responsabilidad ajustarse a las pautas emanadas del presente decreto para su elaboración.

Por el buen gusto de la comida Santa Teresa de Ávila decía: – entre pucheros y calderos también anda el Señor, con su poder de multiplicar panes y peces”.  En este orden Sancho el escudero fiel, sería el primero de los comelones del nuevo testamento para acá. Y sacó de su alforja repleta, un pedazo de pan y otro de queso y dándole al mozo dijo: esto que te doy que Dios sabe si me hace falta, porque los escuderos de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre. Picasso fue comelón  le encantaban los pimientos asados y las tortillas.  Sus comidas podían durar horas y vivió para comer las más maravillosas recetas salida de su imaginación.  Hemigway el viejo duro de los mares, la pesca, vinos y guerras. La cocina fue también de las grandes debilidades del escritor la llamó: El concepto de la vida es una fiesta. Entre sus platos favoritos estaba el cocido de conejo o el cochinillo asado puré de cientos de papas arropadas con mantequillas. Cada bocado tenía que ir acompañado por litros de ron o de cerveza. Una de sus recetas auténticas el cocido de conejo, fue extraído de su libro de cocina, tomado de la película por ¿Quién doblan las campanas?

 A Simón Bolívar le gustaban los banquetes más por la compañía que por la comida. Pero repetía con frecuencia: salve pueril Caracas.  Que olvidas tus apuros y tus penas.  Con tal que no te falten tus hayacas”.  Y al general Agustín Iturbide ya en sus últimos días le decía usted no imagina lo que yo daría por comerme un hervido de carne gorda en san mateo invitado por el maestro escalona en el hambre del liceo,  en su paso por Zambrano durante la guerra de independencia, Castrulo Campillo el nene, le brindó un sancocho de costilla y fue tanto el agrado de la vianda que afirmó regresaría a degustarlo una vez al, año.

Los latinoamericanos además del buen gusto por la  gastronomía, en ocasiones somos ingenuos y desapercibimos el verdadero sentido de algunas cosas como supuestamente puede ocurrir en el caso de Florentino Ariza con Fermina Daza: está bien me caso con usted, si me promete que no me hace comer berenjenas.  Con la berenjena de Florentino podría pasar como el caso de la francesa que en memoria de mi p… t… al ver tremenda frutica exclamó: ¡mondiu!

Así de fácil debe ser nuestro apetito por la creatividad y la digestibilidad  de palabras con buena sazón por lo que cuenta a paso de otro, no tiene buen gusto por los demás.