Qué indiferencia Dios mío

En una de mis columnas anteriores, invitaba a todo mundo a vacunarse y le pedí a mis compañeros columnistas, que no periodistas, esa es otra vaina más compleja y de otro calibre, su solidaridad haciendo lo mismo en sus artículos pero parece que no leen los míos pero yo no creo eso, si me leen pero fueron indiferentes a mi clamor y poco les importó porque o ya pasaron el mal y se blindaron o que son jóvenes llenos de vida a los cuales les pica el bicho y no les pasa nada. En todo caso, por lo que sea, por indiferentes y casi indolentes, por lo que sea repito nuevamente, les suplico que lo hagan, pues insisto, todos tenemos nuestros lectores, muchos o pocos, pero ninguno, ninguno; les ruego, ayúdenme, de pronto, nadie sabe, miren que el mundo da vueltas, no para y de pronto, mejor no digo, pero de pronto…

Yo soy un opositor radical y decidido de la apertura de los entes educativos de manera presencial; no veo razón de ser valedera para hacerlo cuando ya estamos tan cerca de estirar el brazo y recibir la vacuna que nos blindará y no permitirá la ingrata visita del bicho que nos tiene arrodillados, encerrados e impotentes para echarle bala o meterle una puñalada trapera. La única manera de atacarlo, vencerlo y desaparecerlo es vacunándose y eso ya está a la vuelta de la esquina.

Qué necesidad tienen de abrir los colegios, para que un hijo o un nieto, a quienes no les pasa nada, vengan “puyaos” a contagiar a sus padres o más grave, a los abuelos que como Mercy y yo, hemos sorteado la situación por espacio de un año. Eso no tiene sentido y me parece una locura que lo hagan. Quién o quiénes presionan para tomar tan absurda determinación. ¿Los maestros? No creo que a ellos también les duele morirse. ¿Fecode? Menos, requetemenos. ¿Los dueños y directivos de las universidades y colegios? Menos, para qué, están bien y economizando plata. ¿Se me ocurre será el diligente Congreso? Me da risa, a los honorables esa tragedia no los inmuta ni trasnocha. Y entonces ¿quién? ¿Nadie? Y si nadie está interesado para que exponer nuestras vidas y no esperar un ratico más cuando hemos esperado tanto.

Señor presidente Iván Duque, mi presidente, átese los pantalones y diga que no habrás clases presenciales hasta cuando, al menos, los médicos y todas sus dependencias y la población más vulnerable esté vacunada en su totalidad. Lástima que estos periódicos de provincia no lleguen a sus manos, pero tenga la seguridad que voy a hacer todo lo posible para que este artículo sí llegue y de pronto acceda a este clamor y tengamos la satisfacción de oírlo en la televisión decir que la idea de José Aponte es buena y que accede a ella. 

Déjelo al menos para abril y así evitará muchos muertos.