Músicos vallenatos de escuela

Para nadie es un secreto que nuestros músicos vallenatos nacieron de aprendizajes autodidactas o autónomos, en los cuales se dice que, en el caso del acordeón, este instrumento llegó por diversos puertos mercantiles del Caribe colombiano y se regó como pólvora, causándole curiosidad a los campesinos, especialmente a los afrocolombianos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, quienes trabajaban en labores de pastoreo del ganado en grandes hatos del Magdalena y el Bolívar grande.

Cuáles son las causas y el propósito para que nuestra música vallenata se lleve a las aulas, para que nazcan los docentes y los dicentes, no solo del acordeón, sino también del canto vallenato, de la caja, la guacharaca, e incluso, de los demás instrumentos que han ido incorporándose a la trilogía primigenia.

Yo me aventuro en la tesis de que muchos acordeoneros, más aventajados y curiosos que otros, no se conformaron con esa primera apreciación sobre el acordeón, en el sentido de que fuese un instrumento limitado musical y armónicamente, donde esa exploración o búsqueda de tonalidades y armonías los llevó a alejarse de quienes se quedaron anclados en dicha posición, mientras por otra parte existía la incredulidad, la apatía, e incluso, la descalificación sobre los estudiosos. A mi juicio, eso condujo a que estos últimos le dieran origen a las escuelas o academias de vallenato en Colombia.  

Muy pocos de esos acordeoneros se atrevieron a autocalificarse y prepararse para ser docentes, otra buena parte tenía las calidades, pero tal vez no la vocación de enseñar, no los voy a enlistar, ni a enumerar, pero el incomprendido Andrés ‘El Turco’ Gil es el líder de los primeros.

En mi humilde opinión, hay dos razones más para que nacieran las escuelas o academias de vallenato, la primera, como una necesidad de preservar ciertos cánones en la interpretación y defensa de unos aires que se institucionalizaron en este género (paseo, merengue, puya y son), y que siempre han estado amenazados por quienes consideran una arbitrariedad circunscribir el género vallenato a esas cuatro modalidades. La segunda, un reto casi personal de los músicos aventajados por demostrar que tocar acordeón se puede aprender, y que no necesariamente viene en los genes.

Sin duda, quienes se atrevieron a romper el paradigma de que el acordeón es mejor interpretado por los empíricos que por los académicos, van ganando la batalla. Hoy, son decenas y cientos de músicos egresados de esas escuelas que se enfrentan en festivales y concursos a los autodidactas, y muchas veces los derrotan.

La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata se apuntó con las escuelas, siguiendo el camino ‘socolado’ por ‘El Turco’ Gil, y cada año gradúa en promedio 180 músicos en su escuela ‘Rafael Escalona’. En las principales ciudades capitales del país existen escuelas o academias de música vallenata, y eso para mí es enriquecedor, pero respeto a quienes aún siguen creyendo que suenan mejor los que aprenden por puro oído y de manera autónoma.

Colofón: Que bueno lo que le está pasando al vallenato, artistas como ‘El Churo’ Díaz, ‘El Mono’ Zabaleta y otros, se han atrevido a lanzar sus álbumes en esta época convulsionada, el Canal Caracol ya anunció el estreno de la serie ‘El hijo del Cacique’, sobre la vida artística del gran Martín Elías. Creo que estamos en un buen tiempo para nuestra querida música.