La realidad de lo que vivimos

Leyendo al laureado escritor mexicano ya fallecido Carlos Fuentes, unos de los mejores escritores que ha dado Latinoamérica, nos ha servido mucho para entender la crisis que vivimos, para comprender nuestra realidad, mejor dicho, todos los aconteceres que a diario estamos viviendo en Colombia o el país de la doble moral.

Crisis o realidad que debemos apreciar como producto de nuestro propio comportamiento ante fenómenos que, en otras culturas se manejan de manera diferente, sin el morbo latente que hay en cada latinoamericano. Nosotros, los colombianos, hacemos parte de este continente cultural, consecuencia de una mixtura racial que, a pesar de todo, nos identifica.

Por esa razón, somos tremendistas. Nos complace más situarnos en los extremos que en lugares donde la moderación aconseja, y somos más impetuosos que reflexivos, la pasión la llevamos como bandera dentro de nuestro corazón, y por eso actuamos así. Es un modo de ser y de este talante no se salva ni siquiera los letrados o intelectuales.

¡Hay que ver como se pronuncian algunos periodistas del país andino en sus columnas de opinión, de lo que sucede a diario o de los últimos acontecimientos en nuestro país! se han convertido en los nuevos inquisidores fundamentalistas que condenan por anticipado, por encima o por prescindencia de las instancias consagradas en la ley, como cumplimiento de lo que creen ellos que lo están haciendo bien en la ética del periodismo.

Para ellos “el debido proceso” es una entelequia, acaso una creación de juristas jubilados, así devenga del propio nacimiento – y reconocimiento – de las libertades individuales. 

Crisis o realidad, es lo que estamos viviendo. Casos o ejemplos concretos se dan todos los días: Los ataques mal intencionado contra nuestro presidente Iván Duque Márquez, todas sus decisiones son criticadas de manera ácida por sus contradictores de marras, los paros que finalizando el 2019 dejaron huellas de intromisiones con visos de terroristas, y el paro de este año también dejan muertes selectivas de líderes sociales que tienen en ascuas a las autoridades, así como a excombatientes de las Farc que de acuerdo al excomisionado para la Paz, Miguel Ceballos, que los eliminaron fueron las disidencias de las mismas Farc, entre tantos acontecimientos que suceden en el día a día, aunado a las redes sociales que se han vuelto tremendistas en sus comentarios. 

 Ese aval histórico de las civilizaciones democráticas, les importa un pito. Se trata de hacer prevalecer una supuesta verdad moral, inapelable, rotunda, avasalladora, porque asumir esa postura da en estos días mucho prestigio. ¿Acaso no estamos viviendo en el mundo de las apariencias?  

“Es un debate con nosotros mismos”, nos recuerda Carlos Fuentes, en uno de sus libros escrito magistralmente, nos ha tomado tiempo darnos cuenta de que nuestra relación con la misma Colombia es tan conflictiva como la relación con nosotros mismos.

Y tan conflictiva como la relación de Colombia con ella misma: irresuelta, a veces enmascarada, a veces resueltamente intolerante, maniquea, dividida entre el bien y el mal. Un mundo de sol y de sombras, como lo expresaban el laureado escritor: “la medida de nuestro odio es la medida de nuestro amor”.

Hay ejemplos recientes, como el del odio de una y de la otra orilla en contra del expresidente Álvaro Uribe Vélez y el movimiento político Centro Democrático, así como contra Gustavo Petro, quien tiene bien polarizado al país con sus comentarios la mayoría de ellos malsanos y que rayan en lo populista. Es una crisis o realidad que estamos viviendo.  Es que así somos, cuando nos miramos en el espejo ancestral.