Singapur, Los Guasimales, La Macarena y…

Leí al columnista José Antonio Soto Murgas que en Valledupar hay un nuevo barrio de invasión denominado Singapur, le aclaro que no es solamente ese, sino muchos, que son unos verdaderos antros de corrupción y drogadicción, entre ellos: Los Guasimales y los de la margen derecha del río Guatapurí, Zapato en Mano, Pescaíto, La Esperanza, La Macarena y el 9 de Marzo, son tugurios llenos de miseria y de hambre en donde se vive en condiciones paupérrimas e infrahumanas y sus habitantes tienen que robar y atracar para darle la comida a su familia, sin que tengan una mano amiga que los ayude o un gobierno que mire hacia ellos.

En estos días tuve la osadía de entrar a Pescaíto hasta el final y bordeando el río llegar hasta el 9 de Marzo a la cancha El Dengue, que sí conozco muy bien y que está vuelta nada esperando una remodelación aunque sea rellenándola. Confieso que en el trayecto me dio miedo de ver tanta necesidad, pero no había remedio y tenía que seguir porque la vía no permitía retroceso.

Hay un sector llamado La Macarena que dan ganas de llorar de tanta miseria y podredumbre, me asusté más por la mala fama que tiene, pero me arriesgué y salí bien, de milagro me dicen algunos amigos a quienes les conté y así están todos esos barrios levantados en las márgenes del Guatapurí desde hace más de 40 años con el cuento de que el río se los va a llevar y por eso no les hacen nada y ya es hora de que se convenzan de que lo que hay que hacer es evitar que se los lleve, recuperando su cauce, pensando en grande y canalizándolo y construir 2 o 3 puentes para integrarlos con la otra orilla. ¿Por qué no se va a poder? Sí se puede, pero hay que dejar de pensar como gallinas, que no piensan e imitar a las hormigas laboriosas.

Sería bueno que el ministro Malagón, no sé, viniera al valle y se diera una vueltica por esos tugurios para ver si proceden a construirle casas de materiales al menos con sus servicios sanitarios. Eso es posible si se tiene la buena voluntad para tratar de acabar tanta desigualdad, no es justo que unos vivamos con todo y otros absolutamente sin nada ante la mirada indiferente de un Estado indolente; si queremos acabar con la inseguridad, los robos y los atracos, tenemos primero que atacar el hambre y la miseria de esta pobre gente y si no lo hacen, ya estamos viendo los funestos resultados y la bola de nieve crece todos los días y de pronto nos arrasa.

Ojalá que ese pocón de gente prestigiosa que tenemos en las altas esferas gubernamentales iniciaran una gran campaña encabezados por el ya dos veces presidente encargado, el señor ministro del Interior, Daniel Palacios Martínez, pues todavía falta casi un año para entregar el poder y en ese tiempo se pueden hacer muchas cosas si se quiere.