Breve semblanza de Porfirio Barba Jacob

Si hay un poeta colombiano signado por la angustia y la sensualidad, ese es Porfirio Barba Jacob. Su nombre de pila era Miguel Ángel Osorio Benítez. Nació en Santa Rosa de Osos, Antioquia, el 29 de julio de 1883 y falleció en Ciudad de México el 14 de enero de 1942. A los doce años inició su peregrinaje por varias ciudades del país.

En 1907 pasó a América Central y a Estados Unidos. Fundó diarios y revistas literarias en algunos de esos países; sin embargo, fue expulsado de ellos por problemas políticos. Tuvo residencia en Guatemala, Honduras, Costa Rica, Salvador, Cuba, Perú y México. En Barranquilla había tomado como nombre Ricardo Arenales, que luego cambió en Guatemala por el definitivo Porfirio Barba Jacob, seudónimo que conservó hasta su muerte. Firmó muchos de sus poemas con el alias Maín Jiménez.

Algunos años estuvo en el diario El Espectador, de Bogotá. En el periódico mexicano Excélsior, escribió durante varios años una columna titulada ‘Perifonemas’, con una prosa “sin rival en el periodismo de América”, según la opinión de expertos. Sin embargo, consideró su actividad periodística solo como medio de subsistencia.

Barba Jacob militó en todas las corrientes políticas. Fue poeta postmodernista,  aunque rebasó esa tendencia en busca de mayores libertades. Por eso expresaba: “Y nosotros, los míseros poetas, / temblando ante los vértigos del mar, / vemos la inesperada maravilla / y tan solo podemos suspirar”.

La actividad azarosa de Barba Jacob le exigió una lírica que cuestionaba la incertidumbre de la vida y lo obligaba a inquietarse ante las dudas y a formularse grandes preguntas. Así nació ‘Canción de la vida profunda’, donde el poeta pone de presente su frenesí amoroso, su pánico visceral frente a la vida y su compenetración con la naturaleza. Por eso escogió un símbolo eternamente cambiante como es el tiempo; el día, concretamente. De esa manera exteriorizó los propios vaivenes de su alma sumamente voluble: “Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, / como las leves briznas al viento y al azar”. Pero la inestabilidad de Barba Jacob también recorrió los días en que somos ‘tan lúgubres’, ‘tan sórdidos’… “un día en que levamos anclas para jamás volver”.

Pertenecen también a la producción lírica de Porfirio Barba Jacob ‘Parábola del retorno’, ‘Poemas intemporales’, ‘La tristeza del camino’, ‘Canción innominada’, ‘Los desposados de la muerte’, ‘Nueva canción de la vida profunda’, ‘Lamentación de octubre’, ‘Canción de un azul imposible’, ‘Canción de la soledad’, ‘Balada de la loca alegría’, ‘Soberbia’, ‘Acuarimántima’ y, entre otros, ‘Futuro’, poema que contiene los versos “Decid cuando yo muera… (¡y el día esté lejano!): / soberbio y desdeñoso, pródigo y turbulento / en el vital deliquio por siempre insaciado, / era una llama al viento y el viento la apagó”.

La esperanza no estuvo ausente en la poesía de Barba Jacob. En los mismos versos de ‘Canción de la vida profunda’ intercaló gritos de alegría: “Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonría. / La vida es clara, undívaga y abierta como el mar”. “Somos tan fértiles…”, “tan plácidos…”

“Barba Jacob fue abiertamente homosexual. La primera referencia a su sexualidad se encuentra en el libro ‘El hombre que parecía un caballo y otros cuentos’, obra maestra del escritor guatemalteco Rafael Arévalo Martínez, publicada en 1915”.