La participación ciudadana y un buen gobierno

Gobernar es el arte de transformar vidas. Es el arte de representar a los ciudadanos con su aprobación y su consentimiento, porque de otro modo, gobernar por la fuerza sería tiranía. Por eso, es importante la participación ciudadana para que nuestros pueblos tengan un buen gobierno al final de cada mandato. Nadie se las sabe todas, se necesita un binomio perfecto entre mandatario y ciudadanos, entre gobernante y gobernados. Este divorcio puede resultar fatal para lograr el desarrollo social y económico de nuestros territorios. Hoy por hoy, existen muchas estrategias y espacios institucionales y técnicos que permiten la participación ciudadana en los asuntos de gobierno. Pero el ciudadano no puede abusar arbitrariamente de estas herramientas, desplazando el interés general por un interés particular. Tampoco el gobernante puede acudir a los excesos de poder para imponer sus decisiones sino concertarlas con el pueblo que lo elige.

Reiteramos, que hoy se requieren buenos mandatarios que nos gobiernen, pero también buenos ciudadanos que participen y contribuyan con su labor. El gobernante debe abrir trochas ciudadanas en mesas públicas de planeación participativa, para escuchar las ideas e iniciativas de sus gobernados y convertirlas en proyectos o acciones administrativas para ejecutarlas. Por otro lado, el ciudadano debe ser más participativo, integrando las veedurías ciudadanas y convirtiéndose en auditores que fiscalizan la gestión de gobierno, pero con pulcritud y moralidad pública. Recordemos que el gobierno local, es la autoridad que dirige, controla y administra el aparato estatal, a través del alcalde, a quien le corresponde, la autorregulación y control del orden público en su territorio. Pero, el gobierno debe salir de los escritorios y despachar desde los territorios, para saber cómo aprietan los problemas ciudadanos. Hablar, pero también escuchar, hace parte de la democracia participativa.

Pero se requieren ciudadanos bien informados, que consulten periódicamente a través de medios digitales los avances de la gestión de gobierno. Que ingresen a la página web de su Alcaldía y le hagan monitoreo y evaluación a la gestión del mandatario. Que no se dejen desinformar por la prensa hablada ni escrita ni le sirvan de caja de resonancia a sus intereses. A través del derecho de petición y del ingreso al sistema electrónico de contratación pública (Secop), todo ciudadano puede enterarse de los contratos que adjudica su mandatario. Igualmente, el Palacio municipal, es el palacio de gobierno, donde se dirimen los asuntos públicos, donde están los funcionarios a los que les paga el estado, para contribuir con su valor público a resolver los problemas y necesidades de la ciudadanía. Las quejas, reclamos y denuncias ciudadanas, deben interponerse ante las autoridades competentes y no en las estaciones radiales ante los periodistas, ya que eso, hace más largo su trámite. Indudablemente, que ahora se requiere un ciudadano más proactivo y con mayor sentido de pertenencia por su pueblo y por su gente.

Atrás debe quedar ese ciudadano que no se despoja del ropaje de las campañas políticas y se queda en el pasado impulsando divisiones y polarizaciones y poniéndole un palo en la rueda al gobernante de turno. Hoy más que nunca, después de esta pandemia, se requieren ciudadanos con espíritu visionario y progresista y que tengan buena voluntad por el progreso de su pueblo. Ciudadanos con buenas iniciativas y espíritu cívico y altruista, que no todo se lo dejen al alcalde, sino que promuevan e impulsen desde su barrio actividades de desarrollo social. También se requieren mandatarios receptivos y buenos escuchas, que valoren las posiciones contrarias y desde otras perspectivas y que desechen lo malo y acojan lo bueno de sus ciudadanos. Gobernantes que inviertan en cultura ciudadana con pedagogías para lograr que sus ciudadanos tengan mayor conciencia sobre la cultura y el desarrollo.

Ciudadanos que no destruyan el patrimonio público, ni desvalijen los bienes del estado, ni se roben las luminarias, ni los computadores de la escuela, ni la infraestructura local, ni los semovientes de los gremios productivos. Necesitamos mandatarios que conviertan a nuestros municipios en una verdadera agencia de desarrollo local como producto de su desempeño y gerencia pública. Pero también a un ciudadano que valore y reconozca el buen desempeño y los esfuerzos de su gobernante y no solo piense en obras de ladrillo, concreto, tubos y cemento, sino en obras sociales y de impacto estratégico y en la inversión de esfuerzos y recursos en el desarrollo de la sociedad del conocimiento, la salud, las tecnologías, el emprendimiento y el ambiente sostenible.